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La bibliocasa de la profe Maritza

Jennifer K. Rincón Peña | 06 de junio de 2012

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ImageLa encontré por casualidad. De lejos es igual a las demás humildes viviendas que abundan en el barrio Juana Rangel de Cuellar. Su estructura en tablas y techo de zinc está ladeada, como si fuera sacudida por los fuertes vientos que barren a Cúcuta.

Los niños al frente a la casa, con sus cuadernos abiertos y una gran cantidad de libros sobre un par de mesas de madera, llamaron mi atención.

Algunos pequeños estaban sentados en sillas plásticas, otros usaban las piedras como improvisados asientos, pero todos estaban concentrados en sus actividades. A un extremo estaba una mujer con varios libros sobre las piernas.

Un letrero multicolor sobre la puerta del rancho resolvió mis dudas de que allí funciona algo muy importante para la comunidad, la ‘Bibliocasa Enseñando a Compartir’, como se lee  en el aviso.

En unas estanterías metálicas se encuentran acomodados 950 libros  clasificados por materias y por temas. Los de matemáticas en un lado, los de ciencias en otro, las obras literarias en el siguiente compartimiento, las enciclopedias en la parte más alta, para evitar que se dañen, y los cuentos en la parte más baja, para que los más pequeños los puedan tener a la mano.

Desde el cuento de Pinocho hasta la obra El Origen de La Familia, la Propiedad Privada y el Estado, del alemán  Friedrich Engels, están acomodados en los anaqueles.

El humilde hogar de los libros  no supera los cinco metros cuadrados y cumplió el primer año de fundación y funcionamiento. Un piso de barro agrietado da la bienvenida a la lectura y la cultura.

La profe Maritza


Jonathan llegó a las 8:30 de la mañana a la bibliocasa con un cuaderno debajo del brazo y un lápiz. Esta vez tenía que dibujar el sistema digestivo. Como en la casa no tiene dónde investigar sus trabajos escolares, el estudiante de tercer grado acudió allí.

El pequeño de nueve años tomó una silla plástica y se sentó cerca a una pequeña mesa de madera, descargó su cuaderno y le explicó a la profe Maritza los motivos de su consulta.

La mujer, de 47 años, lo escuchó y  al saber perfectamente donde se encuentran todos los títulos, tomó el indicado para el niño que hizo la consulta. No necesitó ojearlo para saber que el pequeño  podría encontrar la solución a su tarea en esas páginas.

Ella se conoce la bibliografía que maneja como la palma de su mano. Y no es para menos. Maritza Ernestina Angulo ha dedicado los últimos cinco años de su vida a asesorar a niños y jóvenes en las labores escolares.

Le dedica tres horas al día a ayudar a los estudiantes de Juana Rangel de Cuellar, en la ciudadela Juan Atalaya, a preparar los trabajos que les dejan en la escuela y el colegio, y a reforzar los conocimientos en las áreas básicas.

Las matemáticas y la lectura son el fuerte de la profe. Enseñar las cuatro operaciones básicas: suma, resta, multiplicación y división, se ha convertido en su mayor pasatiempo, así como fomentar el hábito lector de los más pequeños, mediante cuentos infantiles.

Maritza Ernestina fue la promotora de la iniciativa junto a su esposo  Freddy Maldonado, hace cinco años, cuando a la casa llegaban los compañeros de clase de sus hijos.

“Como varios familiares me regalaban libros yo tenía una biblioteca propia, por esa razón empezaron a llegar algunos vecinos a hacer los trabajos escolares a mi casa. Yo sacaba unas horas de mi tiempo para ayudarlos”, recordó la bibliotecóloga y maestra.

La profe, como la llaman sus discípulos, empezó asesorando a cuatro niños. Hoy,  60 estudiantes acuden a este centro del saber en el barrio que lleva el nombre de quién donó los terrenos para Cúcuta.

Para la cucuteña,  estar cumpliendo la labor de formadora y docente, no es por azar. Confesó que desde el instante en que empezó a recibir a los vecinos en su casa, sabía que la pasión por enseñar la llevaba en la sangre.

Aunque solo estudio hasta décimo grado, siempre ha llevado la vocación por la docencia, carrera que quisiera cursar, pero la falta de disponibilidad de tiempo se lo ha impedido.

El Coronel no tiene quien le escriba, del Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, es su obra preferida.

Y nació la bibliocasa

neve.jpgEn el humilde salón reposan 950 libros que sirven de consulta a los niños y jóvenes de este sector. La iniciativa de la bibliocasa inició de la mano de Maritza Ernestina Angulo y su esposo Freddy Maldonado. (Foto Reicarmyr Cañizares/ La Opinión)


Hace un año, cuando aumentó el número de estudiantes que iba tras sus asesorías, haciendo imposible seguir este trabajo en su vivienda, una hermana suya le propuso montar la bibliocasa en un pequeño rancho de su propiedad.

La mujer y el esposo no lo pensaron dos veces para aceptar la propuesta. Al día siguiente empezaron a trastear la riqueza literaria para la nueva sede.

Cuando Maritza Angulo inició en forma la bibliocasa, no había sitio para acomodar las obras. Por esta razón tuvo que utilizar una cama sin colchón para ordenarlos. Unas tablas de madera sirvieron de separadores para organizarlos por materias.

Una curiosidad que salta a la vista es la nevera inservible que se utilizar para guardar y preservar los ejemplares. Este electrodoméstico que sirvió para la conservación de los alimentos,  se volvió un ‘nevelibro’.

El año pasado, el expersonero de Cúcuta, Juan Carlos Bautista, se encontraba recorriendo el barrio, y llegó hasta el lugar por solicitud de Maribel López, la presidenta de la junta de acción comunal.

Al llegar a la bibliocasa y ver la labor social que la mujer adelanta en Juana Rangel, Bautista se comprometió a gestionar la donación de material bibliográfico.

Bautista se sorprendió de saber que mientras Maritza asesoraba a los pequeños en las tareas, su esposo, un humilde albañil, les daba clase de inglés por la tarde. Vivir durante 11 años en Estados Unidos le permitió a Freddy Maldonado dominar ese idioma.

A los pocos días,  el expersonero llegó con 250 libros donados por la biblioteca pública Julio Pérez Ferrero y tres estantes metálicos para ordenarlos.

A final de 2011, la exalcaldesa María Eugenia Riascos Rodríguez  se enteró del proyecto y le entregó 850 ejemplares de diferentes materias y 10 muebles para acomodarlos.

“Cuando la exalcaldesa se enteró de nuestra existencia me dijo que si la hubiera buscado antes ella nos hubiera ayudado a construir en material un salón para la biblioteca, pero que ya era demasiado tarde porque estaba finalizando su mandato”, recordó  esta gestora de la lectura.

Las necesidades son muchas


Cada vez que llueve, la ‘profe’ sabe que el volumen de libros disminuirá o desaparecerá, como si se tratara de alguno de los cuentos de hadas o duendes. Las condiciones del terreno y los huecos que hay entre el techo y las paredes de tabla facilitan que el agua se filtre inundando el lugar dedicado a la enseñanza.

En la temporada de lluvias pasada se perdieron cerca de 150 libros. Tres armarios se desbarataron y las obras y textos  fueron a parar al agua.

Ante esta situación y la falta de una estructura más segura que evite este tipo de inconvenientes, los menores le empezaron a proponer soluciones.

“Profe, y si entre todos reunimos 1.000 pesos para arreglar las goteras y construir un salón de cemento”, le decían los pequeños entusiasmados.

“Aunque en muchas ocasiones ellos dejan de venir porque no tienen plata para desayunar, ellos sueñan con colaborar y mejorar las condiciones físicas de la bibliocasa”, resaltó Maritza Ernestina quien pretende gestionar la apertura de un comedor infantil en este barrio de la Comuna 8, para el beneficio de sus pupilos.

Además de la construcción del salón para la biblioteca, el lugar de consulta también necesita mobiliario. Tres mesas de madera y 18 sillas prestadas, no son suficientes para atender a los niños y jóvenes de este sector.

Como en los textos que señalan un presente y futuro interconectado por computadoras y redes de información, en aquél santuario a la lectura se sueña con una sala de informática con Internet para navegar y entrar a ese mundo que por su condición económica no pueden acceder.

“Los niños desean que tengamos computadores aquí para aprender con mayor facilidad. Ellos son muy curiosos por las nuevas tecnologías”, resaltó la bibliotecaria.

La jornada de trabajo de Maritza Ernestina Angulo se extendió por una hora más mientras uno de sus nuevos alumnos terminaba de dibujar a lápiz el sistema digestivo.

Es de tal magnitud el compromiso  que asumió, que antepone el interés general al particular y solo se va para la casa a cumplir con sus labores domésticas,  cuando el último de sus pupilos sale con los cuadernos al día.

Jonathan, de 9 años,  terminó y se fue a ponerse el uniforme para irse al colegio. Angulo cerró la biblioteca para preparar el almuerzo. Y yo me fui para el periódico con una historia que pareciera salida de una fábula.
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quirilluca |2012-06-11 21:56:33
Señora Maritza,la felicito y de veras me ha emocionado, veremos que podemos hacer. Jennifer, ese es el periodismo que tanto se echa de menos, felicitaciones para Ud. tambien. Saludos a ambas desde Chile.
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