Karina Judex Balaguera | 16 de junio de 2012  Las grietas poco a poco se apoderan del colegio Perpetuo Socorro en la vereda El Llano. En algunas partes ya están expuestas las vigas. (Foto Schneyder Mendoza/ La Opinión)
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En un monumento a la equivocación quedó convertida la cuarteada edificación del colegio Perpetuo Socorro en el municipio de Herrán, en cuya construcción se invirtieron cerca de $2.000 millones, que se perdieron al irse por entre las grietas que se abrieron en el terreno donde se tenía planeado ir trasladando el municipio.
Lo que está ocurriendo hace más evidente el miedo de que la localidad desaparezca del mapa, como le pasó a Gramalote, por una falla geológica. Herrán tiene 152 años; legalmente cumplió 101 según la Ordenanza 012 del 23 de marzo del 1911, y lleva 50 años destruyéndose poco a poco.
¿Cuál podría ser el error en el caso del Colegio Perpetuo Socorro que se empezó a construir en 2005, durante la administración de Miguel Morelli Navia, y fue inaugurado en marzo de 2010, durante el mandato de William Villamizar Laguado?
Para llevar a cabo la construcción de este proyecto, el primero en el reasentamiento, la Alcaldía de Herrán, en convenio con la Gobernación de Norte de Santander, la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental (Corponor), y la comunidad formularon el Modelo Urbano con el que contaría el municipio en su nueva casa de la vereda El Llano.
El Grupo CIFA (Centro de Investigación de la facultad de Arquitectura y Diseño) de la Universidad de los Andes, se encargó del diseño de los planos del colegio, y el nuevo modelo urbanístico que tendría el municipio de Herrán. Todo esto contemplando las recomendaciones y los resultados del Estudio Geológico y Geotectónico desarrollado en el área del reasentamiento por Ingetec S.A. en el 2002 y los determinantes ambientales establecidos por Corponor.
Cada entidad se encargó, desde su competencia, de la elaboración de los estudios, que al parecer fueron muy superficiales porque a la edificación se la está ‘tragando la tierra’ y está desocupada por el riesgo que representa.
Según el análisis técnico, la zona de El Llano ha sido intervenida por el hombre y su cobertura vegetal ha sido modificada a través del tiempo, pasando de ser bosque nativo a zona de pastizales para labores pecuarias.
Al hablar de pastizales, se sabe que por el cambio tan brusco se ha convertido en área muy vulnerable y que se erosiona con facilidad.
“Debido al cambio de la cobertura, el drenaje natural se ha afectado, presentándose un incremento en la cantidad de escorrentía superficial debido a la variación de la retención de agua en el suelo. No obstante, según el Esquema de Ordenamiento Territorial, esta área debe implementar usos agroforestales tendientes a prevenir y controlar los problemas de deterioro del recurso suelo mientras se desarrolla el proyecto”, citó el informe, cosa que nunca se hizo.
Para el actual rector del colegio, Juan Francisco Rojas Manrique, las cosas no se hicieron bien. Él lleva alrededor de 3 años ejerciendo como rector, pero 22 años viviendo en el municipio y conoce la historia de la edificación.
“Algunos estudios arrojaron que no era idóneo. Por ser una tierra tan húmeda. No le hicieron sistema de drenaje ni de filtración, ninguna obra de mitigación. A la estructura le hicieron falta canales de aguas lluvias y el agua existente no la encauzaron. A esto se le suma la mala calidad de los materiales con que se construyó la obra”, aseguró Manrique.
De la alegría a la tristeza
Las escaleras, principales vías de acceso a los salones del Perpetuo Socorro, cada día se deterioran más. (Foto Miguel Palacios/La Opinión)
Freidy Ríos Quintero, un joven de 16 años, recuerda que en los casi dos años que pudo disfrutar de esta construcción, aprender resultó algo muy emocionante.
Él acostumbraba a levantarse a las 5:00 de la mañana, ponerse sus zapatos negros y su uniforme, desayunar bien y luego dirigirse al parque donde se reunía con sus compañeros a esperar el bus que los trasladaba diariamente hacia su colegio a 15 minutos del casco urbano actual.
“Estudiar allí era muy agradable. Los salones eran amplios, estábamos en contacto con la naturaleza, teníamos laboratorios y hacíamos experimentos, mezclas y eso, aprender era más fácil”, añoró el joven que ha nacido y crecido en estas tierras.
Lo mismo asegura Mery Elicenia Pérez Montañez, docente en el área de español y ética, quien tiene más de 20 años enseñando.
“Su estructura en forma de apartamentos, un paisaje espectacular, unas zonas verdes muy relajantes, las aulas grandes. Tenía todos sus espacios pedagógicos; biblioteca, sala de arte, cooperativa, un salón para cada grado. Pero la falla geológica influyó mucho para que nos viniéramos porque era una zona de mucho riesgo para los alumnos”, aseguró.
Ella coincide, con varias personas, en que los estudios geotécnicos que se le hicieron al terreno no fueron suficientes y que esta pérdida pudo prevenirse.
Jaime Horacio Aldana Zapata, coordinador del colegio, un hombre que lleva la experiencia en sus hombros con 35 años al servicio de la educación, aún no entiende el porqué se hacen obras por salir del paso.
Contó que a pesar que era un sitio muy propicio para llevar a cabo un buen trabajo, no representaba ninguna seguridad para sus estudiantes y que la naturaleza les avisó antes de que sucediera una tragedia.
“La edificación empezó a grietarse, las paredes empezaron a separarse de las vigas de amarre, de las columnas, el suelo mostró aberturas, los andenes tenían grietas bastante significativas, levantamientos. Se vio el deterioro natural de la construcción, siendo tan nueva. Seguramente fallaron al no hacerle las obras de mitigación”.
Estos docentes afirman que el terreno donde fue construido el municipio, es bastante húmedo, tiene varias fuentes hídricas tanto subterráneas como superficiales y al parecer esto aceleró también el deterioro de la construcción.
“Casi $2.000 millones se están perdiendo en la vereda El Llano, entre estudios, construcciones y demás. Era una estructura muy linda, bien diseñada, pero mal construida. Es un terreno que tiene demasiada agua y en cualquier momento pudo haber un remoción de masa grande”, afirmó el coordinador del colegio Perpetuo Socorro.
En este sector de El Llano según se menciona en el ‘Macroproyecto para el reasentamiento de parte del casco urbano y la conservación de las zonas estables del actual casco urbano del municipio de Herrán’, el terreno cuenta con dos quebradas: El Molino y La Empresa, y alrededor de 7 microcuencas. Además de es una zona rica en humedales.
Entonces si conocían de antemano los antecedentes del terreno, ¿por qué era un sitio propicio para trasladar a 900 personas que se veían afectadas y a cerca de 320 estudiantes de todas las edades?
Una vez fue construida la edificación donde funcionaría el colegio Perpetuo Socorro, desde preescolar hasta once grado, estudiantes y docentes no pudieron aprovecharla, pues no se había contemplado dentro del proyecto el cerramiento, y la obra quedó sola durante cuatro años.
Fue en el 2009 que finalmente los estudiantes pudieron trasladarse al nuevo plantel educativo. Para ese entonces la alcaldía habilitó un bus que en varios viajes se encargaba de trasladar a los alumnos.
Todo parecía un sueño cumplido, por fin la educación en Herrán tomaba otro rumbo, pero la falla y la inestabilidad del terreno cobraron el error humano.
La zona donde se iba a reasentar el municipio era un humedal, es más la zona donde actualmente está construido el colegio no era la estipulada inicialmente.
Edgar Jesús Díaz, gobernador actual de Norte de Santander, lamenta que cosas como estas sucedan en el departamento.
Asegura que se confiaron en los estudios presentados, sin tener en cuenta los antecedentes de la falla geológica y esto llevó a que se hiciera una inversión que hoy se está perdiendo.
“Estas son las consecuencias cuando las cosas no se hacen con calma, cuando no se hacen con los estudios técnicos apropiados, cuando se hacen por salir del paso. Por eso nosotros le hemos dicho a los amigos de Gramalote que esto es un buen ejemplo. No es hacer las cosas por hacer hay que hacerlas cuando se garantice que los recursos que se van a invertir no se van a perder, y no pase lo del caso del colegio en Herrán”, recalcó.
Falta espacio
El Polideportivo, ubicado en el casco urbano de Herrán, está totalmente destruido. La vegetación crece en medio de sus grietas. (Foto Miguel Palacios/La Opinión)
Ahora, todos los estudiantes y docentes, se vieron obligados a volver a su antigua sede ubicada cerca al parque principal. Allí comparten su espacio con la alcaldía y la casa de la Cultura, pues las edificaciones donde laboraban se vieron amenazadas en el 2010, provocando el desalojo.
El ambiente que se vive es de hacinamiento, así lo relata Yelitza Caicedo, estudiante de décimo grado: “yo pienso que ha sido bastante brusco el cambio porque el anterior colegio era bastante grande y cómodo, mientras que acá no tenemos ni biblioteca, la sala de profesores la compartimos con la de cómputo, no tenemos el auditorio y no tenemos el laboratorio. Nos hacen falta muchas cosas que son primordiales para el aprendizaje”.
Los docentes se vieron obligados a partir la jornada laboral en dos para poder atender a los estudiantes de primaria y secundaria.
A esta sede le falta un reacondicionamiento del aula de laboratorios, ampliar salones porque actualmente hay alrededor de 58 estudiantes por aula y no hay por donde se muevan.
En Herrán “sobran las ganas de trabajar pero falta espacio”, dijo uno de los docentes mientras señalaba el polideportivo que también fue destruido por la falla geológica.
Terreno inestable
Herrán es un municipio pequeño, rodeado por un cinturón de montañas. El viento sopla a su favor y el terreno inestable se ha convertido en una experiencia tortuosa.
Sus terrenos se ven afectados por la falla geológica proveniente de Mérida en Venezuela, que atraviesa San Cristóbal, el municipio Rafael Urdaneta o Delicias, la cabecera municipal de Herrán y culmina en el municipio Vetas en Santander.
Además se encuentra localizado en la zona de convergencia de las placas tectónicas del caribe.
Los principales sistemas de fallas están representados por el sistema de fallas Santa María – Bucaramanga, por el sistema de fallas del Borde Llanero o falla Frontal de la Cordillera Oriental, la zona de falla de Oca y la falla de Boconó, lo que con el pasar de los años ha averiado varias construcciones del casco urbano.
Entre esas el nuevo colegio, una obra construida en la vereda El Llano, donde se tenía pensado refundar el nuevo Herrán, y que hoy se encuentra desolada.
En esta zona rural se ve la presencia de dos fallas más; la falla de La Empresa y la falla de El Cojito, que afectan la parte baja del sector del reasentamiento, entre ellas el cauce de las quebradas Media Libra y La Empresa.
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