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Tentáculos del complot mafioso en Cenabastos

21 de julio de 2012

ImageLas enfáticas denuncias de comerciantes legales e informales y los contundentes operativos de las autoridades judiciales han dejado al descubierto, en los últimos dos años, el minucioso movimiento de las bandas criminales en la central de abastos de Cúcuta (Cenabastos).

La delincuencia organizada y, porque no la común, encuentran en este centro de acopio una mina de oro que pone andar una muy bien configurada comisión de ilícitos: “asesinatos, extorsiones, hurtos, desaparición forzada y desplazamiento forzado”, según reportó Wilfredo Cañizares, director de la fundación Progresar.

En la explotación de dicha mina convergen principalmente -en palabras de los mismos comerciantes- los “Rastrojos, Urabeños y ahora el Bloque Fronteras y Autodefensas de Norte de Santander (ANS)”.

Cenabastos está ubicado a al menos 400 metros de la avenida Libertadores. En el condominio se erigen 1.900 locales comerciales. En 1.000 de ellos, se ofertan productos de la canasta familiar: frutas, verduras, legumbres, granos, cereales, producto para el aseo y hasta envases plásticos y de icopor.

Los restantes puntos de venta permanecen vacíos. “Aunque no es extraño que ahí se camuflen quienes cobran las ‘vacunas’. Hemos oído que los extorsionistas se reúnen en algunas bodegas para contar el dinero cobrado”, indicó un mayorista pidiendo reiteradamente reserva de su nombre.

“Aquí es mejor no preguntar mucho. Tampoco se puede hablar del tema. Las paredes tienen oídos. Uno jamás sabe realmente con quién está hablando”, dijo el testigo en voz baja.

Recorriendo la extensa vía principal que atraviesa Cenabastos, el vendedor explicó que los integrantes de las diferentes bandas criminales ubican estratégicamente a su personal, incluso, hacen presencia desde las primeras horas de la mañana.

Desde la medianoche  comienza el desfile de camiones cargados con verduras. Ese movimiento se mantiene, para compradores y vendedores, casi hasta las 4 de la tarde.

En ese lapso, los tentáculos de los delincuentes se extienden a los comerciantes, muchos de los cuales se dejan seducir por la ilicitud y terminan vinculándose al cobro de insólitas extorsiones.

“El fenómeno de la extorsión se generalizó en Cúcuta y su área metropolitana. Antes era una actividad delincuencial selectiva. Llegaba a grupos adinerados”, precisó Wilfredo Cañizares.

Ahora, explicó, es masiva. “Los cobros llegan  a diferentes sectores económicos y sociales: panaderos, droguerías y a la gran mayoría de vendedores formales e informales”.

El auge de este delito ha logrado congregar insólitamente -en la recolección de millonarias sumas de dinero- a  vigilantes, personal encargado de hacer control al recorrido de busetas y a quienes ayudan a movilizar manualmente la mercancía adquirida por compradores de Cenabastos.

De esta situación, se han percatado uniformados del Gaula de la Policía Nacional, quienes, según un vocero de la misma institución, ya les están siguiendo el rastro a los delincuente y sus colaboradores, al punto que se les tiene identificados y ubicados.

“El año pasado capturaron a seis hombres señalados de integrar una banda de extorsionistas de los Rastrojos. Entre ellos había un brasero y un comerciante”, recordó un vendedor mientras despacha verduras en uno de los galpones de la central. (Ver recuadro).

Son las 4 de la mañana. A esa hora los galpones mayoristas se convierten en una especie de hormiguero en el que se congregan tenderos, vendedores de las diferentes plazas de mercado y personas que informalmente llenan carros con verdura para recorrer los barrios de Cúcuta.

“En cuanto me deja la carga de papa”, pregunta el administrador de un supermercado. La respuesta no le cuadra con el bolsillo y pide rebaja. “Si me rebaja si quiera $10.000 la llevo de una”.

La negociación finalmente se cuadra. Entonces, llega un hombre corriendo. Su ropa está sucia. Una mancha negra descuelga de su hombro hacia la parte delantera y trasera de su franela amarilla.

Suda excesivamente. Se limpia con una desgastada lanilla roja. Como puede logra poner en pie uno de los dos bultos negociados. Alguien le da una mano y en 10 segundos se le ve corriendo nuevamente con la carga hacia un carro que lo espera afuera.

En ese intercambio de mercancías y dinero entran en juego asesinos, extorsionistas y demás criminales, quienes extraen su tajada económica de los comerciantes de Cenabastos.

¡Llegaron los extorsionistas!


Las alarmas se mantienen prendidas en Cenabastos. Dos hombres jóvenes recorrieron la semana pasada el sitio reiterando que los Rastrojos siguen presentes.

“Vamos a repartir volantes con información de la organización”, les dijeron a vendedores minoristas, quienes vuelven a ser amenazados pasados tan solo 10 días de la captura de 35 presuntos integrantes de la banda criminal Autodefensas de Norte de Santander.

Entre los recién capturados, según la Policía Nacional, había coordinadores de cobros extorsivos en la central de abastos. Por lo tanto, no descartan las autoridades que algunos delincuentes aprovechen el golpe a las ANS para intentar tomar, otra vez, el control territorial y extorsivo.

“Es probable que cualquier desconocido trate de beneficiarse con la situación. Se valen del nombre de una bacrim para atemorizar, pero la verdad es que no tiene una estructura delincuencial”, indicó un integrante del Gaula, quien además lamentó que las personas se atemoricen y no se atrevan a denunciar.

Los jóvenes, recordó un vendedor, pasaron ese día a las 5:30 de la mañana. “Estaba muy ocupado y ni siquiera me percaté de cómo estaban vestidos. Sé que eran dos muchachos”.

La información aportada por testigos coincide con el modus operandi que utilizan los delincuentes para arrancar con las ‘vacunas’.

Las investigaciones dan cuenta que siempre una pareja de personas visita a los comerciantes identificándose con el nombre de una organización delincuencial.

Para dar contundencia a sus intenciones ilícitas aseguran que fueron enviados por un comandante, a quien supuestamente muy pocos conocen y otros tan solo han escuchado mencionar.

“Van a la fija. Previamente ubican a las personas que sin problemas pagan las extorsiones. Saben que sin mostrar un arma van a pagar. Se atribuyen asesinatos y atentados para sembrar temor”, expresó el integrante del Gaula.

Con el primer comerciante ‘vacunado’ se corre la voz. La noticia va acompañada de una contundente amenaza: el que no pague debe atenerse a las consecuencias.

Al tomar confianza. Los extorsionistas comienzan a frecuentar diariamente a los comerciantes y concretan una maquinaria criminal que en algunas ocasiones ha logrado congregar al menos 12 personas.

“Nos señalan quién va a ser el cobrador o los cobradores. Ellos pasan por el puesto todos los días. En otras ocasiones se le tiene que entregar el dinero a uno de nuestros compañeros, un vigilante o a un control de busetas”, relataron testigos.

Los cobradores, dijo, van acompañados de otras personas, quienes se encargan de avisar cuando aparecen las autoridades judiciales.

“Si viene la policía se abren rápidamente”, explicó otro testigo. “Pero vuelven más tarde”. La cuota nunca se deja de cobrar. El dinero a pagar varía teniendo en cuenta la capacidad del propietario del negocio.

Cuando una persona no quiere dejarse ‘vacunar’, le envían a alguien para que lo amenace. Es, generalmente, el sicario de la organización, quien ejerce presión precisando detalles personales de su víctima.

“Sabemos que tiene tres hijos. Tienen… de edad. Estudian…. en el colegio….”, dice el encargado de ejecutar las labores militares de la bacrim.

Este modus operandi, según el Gaula, lo han cumplido al pie de la letra la banda de extorsionistas de los rastrojos (de seis personas) capturada en Cenabastos el año y la aprehendida de los Urabeños en lo corrido de 2012 (conformada por cinco personas).

Las cifras del grupo antisecuestros de la Policía indican, además, que en 2011 cayeron 10  personas extorsionando por su cuenta y este año ya han sido capturadas 15 más.

“La institución ha tenido un 97% de efectividad en la ejecución de operaciones contra los extorsionistas. La denuncia de los comerciantes siempre son importantes para detener el accionar de los delincuentes”, explicó un vocero del Gaula.

Tampoco se nos ha caído hasta el momento, agregó, ningún proceso judicial que se le sigue a los capturados. “La mayoría ya han recibidos fuertes condenas”.

Vacunaban a cebolleros


Los testimonios de al menos 14 vendedores de cebolla permitieron capturar, enjuiciar y dictar sentencia condenatoria contra una banda de extorsionistas que operaba entre 2010 y 2011 en la Central de Abastos de Cúcuta (Cenabastos).

Según sus señalamientos, varios hombres recorrían el centro de acopio, les cobraban jugosas sumas de dinero, designaban proveedores de cebolla larga y cabezona, y fijaban la cantidad de bultos que se debían comercializar por día.

“Si la orden no se cumplía no podíamos trabajar. Nos suspendían por ocho días. También amenazaban con matarnos y atentar contra nuestras familias”, aseguró un testigo, quien pidió reserva de su nombre.

La contundente información suministrada por los vendedores mayoristas a las autoridades judiciales llevó a la Fiscalía a emitir órdenes de captura -en febrero de 2011- contra Jean Carlos Ortiz (alias Caballo), Edward Fernández Galván (alias El Negro), Carlos Alberto Morantes Ortiz (alias El Loco), Libardo Becerra Díaz y Robinson Fuentes Serrano.

En la sentencia condenatoria contra los cinco cucuteños -apelada a finales de febrero pasado por sus abogados- se puede leer que las supuestas extorsiones se efectuaban bajo la figura de una cooperativa.

“Un hombre conocido como Alex nos citó a una reunión para anunciarnos la creación de una cooperativa. El objetivo era organizarnos mejor y lograr mayores beneficios en nuestras condiciones de trabajo”, explicó otro testigo.

La propuesta, que inicialmente llamó la atención, pasados unos días se convirtió en su dolor de cabeza: “porque llegaron las amenazas.

Nos impusieron cumplir con un esquema de labores que nos perjudicaba”. Los vendedores fueron obligados a “pagar $1.000 por bulto de cebolla vendido”. Debían adquirir la hortaliza a proveedores designados por la banda de extorsionistas y no podían comercializar más de la cantidad estipulada.

Integrantes del Gaula precisaron que además de las cooperativas de trabajadores, las bandas criminales se apoyan en bonos o rifas y empresas de vigilancia, con las que camuflan sus actividades ilícitas.

“Cobran y luego se reúnen en sitios específicos, donde supuestamente opera una empresa fachada. No atendían al público.  En la oficina solo se contaba el dinero que iba a las arcas de las organización delincuencial”, dijo el uniformado de la Policía.

La banda de extorsionistas, aseveró, nació en Cenabastos tras la llegada de un hombre desde el Eje Cafetero. El desconocido contactó a mitad de 2010 sus primeras fichas, con las que logró echar a andar las ‘vacunas’.

Un bracero del lugar fue la persona que inicialmente se alió en el ilícito. Este, habría convencido a un comerciante para que corriera la voz y empezaron los cobros. Diariamente, según las autoridades judiciales, recogían entre 30 o $40 millones.

La presión de los delincuentes congregó el rechazo e inconformismo del gremio de los ‘cebolleros’, quienes entregaron a la Policía la descripción física de los extorsionistas y cada una de sus actividades de cobro.

“Dieron a conocer el alias de cada una de las personas” y los identificaron ante un juez especializado de Cúcuta durante las audiencias del juicio.

En las diligencias judiciales se conoció las labores que cumplían cada uno de los hoy condenados y se explicó que todos se dedicaban al comercio, algunos a la venta de cebolla en la central de abastos.

Para el director de Progresar, Wilfredo Cañizares, el nivel de impunidad de la extorsiones aún es alto y la comisión de este ilícito tiende a crecer.

“Se han golpeado a las estructuras criminales, pero la experiencia nos enseñan que tienen una gran capacidad de reacomodamiento. Han desarrollado una impresionante capacidad de adecuarse y seguir trabajando. Cada vez con mayor nivel de descaro”, explicó Cañizares, con lo que dejó entrever la urgente necesidad de que se denuncie a los delincuentes y se les continúe poniendo mano dura.
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