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‘Águilas Negras’, grupo criminal que no existe, pero intimida

Domingo, 29 de Septiembre de 2019
Han puesto circular amenazas contra líderes sociales y candidatos del Centro Democrático y de la U.

A Miguel Ramírez, periodista indígena del blog informativo NotiWayúu y miembro del observatorio Fuerza de mujeres Wayúu, la amenaza de las Águilas Negras le llegó el 28 de abril a través de Facebook con una acusación que resultaba paradójica: hacia parte de un listado de defensores de derechos humanos que husmeaba en lo que no debía y eso lo convertía a él y al resto de los señalados en "guerrilleros". 

La lista la completaban cinco personas más, cuatro mujeres y otro hombre. En el lapso de un año han sido tres las amenazas mediante panfletos que las Águilas Negras le han enviado a la Fuerza de mujeres Wayúu; en todos solo el nombre de Miguel se ha repetido. 

"Nosotros como organización realizamos un trabajo desde hace 16 años en temas de derechos humanos, de defensa del territorio y hemos adelantado una serie de procesos para visibilizar el impacto de la mega minería y las multinacionales presentes en el territorio", conjeturó Miguel, a manera de explicación de las posibles causas de las intimidaciones. 

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"El trabajo es la razón principal por la cual somos objetivo de este tipo de amenazas", recalcó. No es la primera vez que el colectivo social siente el rigor de este tipo de advertencias. En el pasado avisos de muerte llegaron en mensajes de texto o se los manifestaron de manera directa, lo que obligó a varios de sus integrantes a desplazarse o salir del país. 

"No deja de despertar incertidumbre, pero no nos intimidan", reflexionó el periodista indígena, para quien el mejor "mecanismo de protección" es el respaldo que les han manifestado 300 autoridades indígenas de La Guajira por el trabajo que realizan, un espaldarazo que él siente que es superior a los vehículos blindados y los escoltas que les asignó desde el 2018 la Unidad Nacional de Protección. 

Las tres amenazas del último año fueron todas firmadas por las Águilas Negras, que para las autoridades locales "no existen", según le han dicho a Miguel y a sus demás compañeros en varios consejos de seguridad a los que han asistido en La Guajira. Ni qué hablar de capturas o sindicados. 

Aunque la mayoría de las amenazas se enfilan contra defensores de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales y hasta periodistas, en los últimos días aparecieron mensajes intimidatorios contra políticos regionales de partidos de centro derecha. 

En un panfleto que circuló el pasado 20 de septiembre en el departamento de Córdoba las Águilas Negras declaraban "objetivo militar" a ocho personas, entre ellas al candidato a la Gobernación por el Centro Democrático, Carlos Gómez Espitia; y contra el aspirante por el Partido de La U a la Alcaldía de Lorica, Luis José Álvarez Vega. 

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El pasquín circuló unos días después de otra amenaza también escrita contra Gómez Espitia, esta vez firmada por disidentes de las Farc. En un video difundido en su cuenta de Twitter, el aspirante dijo que las intimidaciones no lo detenían y que en su eventual gobierno combatiría "toda forma de violencia sin importar el discurso que tenga". 

El aspirante Álvarez Vega señaló en un comunicado que la intención del amedrentamiento era bajarle el "ritmo" alcanzado por su campaña y lamentó que "algunos contradictores" quieran llevar el "debate político" de las "ideas" al "territorio" de la "confrontación y los insultos". 

Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), también comparte la tesis de las autoridades de que las Águilas Negras no existen como organización bajo el mando de una cúpula, ni tienen campamentos, ni nadie los ha visto patrullar desde el 2011, cuando se perdió el rastro verificable del grupo. 

"Son como un fantasma", describió Ávila, cuya Fundación realizó en 2018 una investigación que dejó al descubierto que se trata de una fachada detrás de la cual se esconden "grupos criminales que utilizan ese nombre, miembros del Estado que le sacan provecho al panfleto o gente que manda a amenazar o a asesinar y que para desviar las investigaciones utilizan esa marca". 

Antonio Sanguino, senador de la Alianza Verde, sostiene en un artículo titulado "El enigma de las Águilas Negras", disponible en su página de Internet, que se trata de una "franquicia" que se remonta a 2006 cuando apareció en el departamento del Magdalena el primer panfleto atribuido al exparamilitar Miguel Adán Rojas Mendoza "Negro Rojas", arrestado en Ibagué y preso en la cárcel Modelo de Barranquilla. 

Lo que Sanguino recoge en su texto coincide con lo que investigadores, académicos, organismos de seguridad y medios de prensa han dicho sobre el origen de ese grupo: existió como organización armada tras desligarse de los acuerdos de desarme entre los paramilitares y el gobierno de Álvaro Uribe. 

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Esos disidentes se esparcieron por varias regiones y Águilas hubo de diferentes colores (rojas, doradas, negras). Con el tiempo, esas estructuras desaparecieron y sus integrantes fueron reclutados por otras bandas criminales, pero el nombre de Águilas Negras quedó flotando con su aire tenebroso y desde entonces opera como un mecanismo de intimidación contra defensores de derechos humanos, líderes sociales, periodistas y todo aquel que se manifieste crítico contra ciertos intereses económicos o políticos. 

Para Ávila, la actual puesta en escena de las Águilas Negras, como fachada, es la muestra de la manera como las "organizaciones criminales" del país aprendieron que "es mejor no matar a matar mucho" y prefieren "amenazar antes que matar y cuando asesinan lo hacen con gran sevicia para intentar matar poco pero que todos sientan pánico; a eso se le llama homicidios ejemplarizantes". 

"Una vez le pregunté a un narco: bueno ustedes por qué hacen eso y me respondió: es que ahora no podemos matar gente, ya no matamos 40, matamos uno pero lo partimos y se lo entregamos por pedacitos a sus familiares y eso causa el mismo efecto que matar a 40 personas", relató Ávila. 

Pero si las Águilas Negras no existen y se reducen a un nombre intimidatorio de dónde salen los panfletos que se diseminan por el país como un tenebroso y efectivo rumor. No hay una única respuesta, solo se sabe que circulan sus escritos amenazantes a manera de comunicados que riegan o deslizan bajo las puertas de sus víctimas; mediante mensajes de texto o aparecen en redes sociales de perfiles falsos que desparecen en horas. 

Lo que sí es común son las características de esos mensajes compuestos por un cabezote en el que suelen estar dos fusiles cruzados, cuya lectura simbólica denota fuerza y guerra. Sobre las armas es habitual que se pose un águila en movimiento. Algunas veces esos libelos incluyen cruces negras en la parte inferior de los mensajes, mientras el cuerpo del texto siempre es soez e intimidante. Ese es el común denominador de los panfletos. 

"Es un texto elaborado que tiene los elementos básicos de una estructura propagandística que por supuesto responde a los principios básicos descritos por George Orwell en el libro 1984", analizó Vladimir Sánchez, profesor e investigador de la Escuela de Publicidad de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. 

La lectura semiótica del académico contradice la descripción hecha en un informe del "Centro Integrado de Información de Inteligencia contra el Crimen Organizado (CI3-CO)", contenida en un artículo del diario El Espectador de septiembre del año pasado, que tras analizar 282 panfletos de las Águilas Negras concluyó que hay "una ausencia ideológica en comparación con organizaciones criminalmente estructuradas". 

¿Si hay ausencia ideológica por qué algunas de sus amenazas se dirigen principalmente a sectores críticos de la sociedad y a defensores de derechos humanos? 

Frente a varios panfletos de las Águilas Negras, aparecidos en momentos y lugares distintos del país y diseminados sobre su escritorio, Sánchez sostuvo que en su estructura estos documentos plantean en su contenido la existencia de un "enemigo único que pueden ser guerrilleros, brujos, prostitutas, jíbaros, drogadictos" cuya presencia sugiere "consecuencias nefastas a la sociedad" y resulta urgente eliminarlos. 

Con ese panorama distópico, los textos plantean como solución a "un héroe salvífico, un Gran Hermano" dispuesto a "ayudar al pueblo" como lo haría una "agente del bien" para "depurar la sociedad y para que podamos vivir en paz sin prostitutas, sin ladrones, sin jíbaros y por supuestos sin guerrilleros terroristas". 

En cuanto a los elementos narrativos comunes en la mayoría de los panfletos son repetidos los problemas de sintaxis, ortografía y gramática, que buscan darle cierto carácter de pobreza intelectual al contenido con la aparente intención de esconder el verdadero rostro de sus autores, cuyas posiciones ideológicas son evidentes. 

También se suma el uso constante de groserías, en particular una que suele estar en todos estos mensajes y de uso común que no se repetirá en este texto para no servir de transmisión al odio que irradia, que busca negar el atributo de persona a los señalados o listados en esos documentos, para arrebatarles su condición de seres humanos y por ese camino legitimar un uso de la violencia desprovisto de sentimientos de culpa y carga moral. 

"Es la palabra -como diría Fernando Vallejo en la novela La virgen de los sicarios- cargada con el veneno que nos escupe la serpiente, lo que implica una agresión y una degradación del otro; es un proceso de negación del otro", describió Sánchez. 

La otra palabra reiterativa en esos mensajes es "patria" que puesta allí no es ni Estado, ni Nación, ni territorio sino una expresión que acude a una construcción idealizada de un lugar utópico que se anida en el corazón de quienes lo habitan; es de nuevo ese espacio imaginado hecho a la medida del héroe salvador. 

Nada de esto sería posible e impactaría con la fuerza que lo hace, explicó Sánchez, si desde nuestros orígenes no fuéramos un "país legalista, leguleyo y gramatical" que cae rendido ante el hechizo del que sabe usar la palabra para conmover, convencer o intimidar, según el efecto que se quiera causar. 

"Tenemos una seducción por la palabra y creo que allí hay un asunto con lo que somos y con la manera como nos hemos construido como individuos en la nación", racionalizó el académico. 

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Colprensa
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