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Cuarto día del papa en Colombia, marcado por la solemnidad

Sábado, 9 de Septiembre de 2017
Santificó Biblias, escapularios, efigies sacras, botones con su imagen y otros objetos que los seminaristas le presentaron.

Las caras adustas de los miles de fieles que esperaron al papa Francisco desde antes de que cayera el alba en la Nunciatura Apostólica, en Bogotá, lo decían todo. Lo aguardaron por más de cinco horas sin importarles el frío capitalino o la pertinaz llovizna de la madrugada, mucho menos el hambre.

Solo querían sentirlo, al menos verlo aunque fuera un instante. Pero esta vez fue diferente. La transmisión de televisión mostró que dentro de la sede diplomática hubo movimiento desde muy temprano, al parecer Su Santidad repartió bendiciones a los pocos privilegiados que estaban en su interior.

Esto, sumado al clima poco agradable, hizo que la caravana saliera muy rápido y quienes esperaron el saludo del Sumo Pontífice quedaran frustrados. ¿Valió la pena tanta espera?

El Sonic Hatchback negro de placas SCV 1 salió raudo, “como una moto”, diría un famoso narrador de ciclismo que, por cierto, también es argentino como Jorge Mario Bergoglio. El carro papal tomó la Avenida Eldorado, curiosamente, por el carril de TransMilenio por donde a esa hora, unos minutos después de las 8:00 de la mañana, se veían varios articulados recogiendo pasajeros. Es que había mucho afán.

Ya en el aeropuerto militar Catam a Su Santidad lo esperaban la tripulación y varios oficiales a quienes saludó, uno a uno, de mano, como a viejos amigos. Y antes de abordar ‘El Vuelo de la Esperanza’ sacó un momento para jugar con un bebé en brazos de su mamá: le quitó y le puso el chupo varias veces. ¡Qué ternura! Un par de selfies y rumbo a Rionegro.

Retraso

Al aeropuerto José María Córdoba de Rionegro donde miles de fieles esperaron al Vicario de Cristo, el vuelo de Avianca llegó con más de 20 minutos de retraso. Y para rematar, el antecesor del Obispo de Roma, San Pedro, no colaboró mucho: había llovido toda la noche.

Se confirmó, entonces, que el desplazamiento hacia el aeropuerto Olaya Herrera para la tercera misa campal en Colombia ya no sería en helicóptero sino por tierra. Esto hizo que el recorrido que haría Su Santidad en el papamóvil para saludar a sus devotos en la terminal aérea de Rionegro, se redujera de 40 a 15 minutos. Otra frustración para los fieles que lo vieron pasar “como una moto”.

Eran ya las 10:32 de la mañana cuando la caravana papal llegó al Olaya Herrera. Un afectuoso recibimiento del arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, un saludo respetuoso del alcalde Federico Gutiérrez y un interminable apretón de manos del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, quien le entregó al papa Francisco un documento. ¿Sería un balance de su gestión?

‘Fico’, como le dicen al alcalde Gutiérrez, no solo le entregó a Su Santidad ‘Las Llaves de la Ciudad’ sino que lo adornó con un sombrero aguadeño, un carriel y un poncho paisa, que el jerarca católico no dudó en lucir para la foto de la posteridad.

Mientras, el Jefe de Seguridad del Vaticano, el policía italiano Doménico Giani, el mismo que ha dicho que en su trabajo “no se pueden cometer errores”, no cesaba de hablar por celular dando instrucciones y recibir regalos para el Obispo de Roma.

Sublime recibimiento

Francisco se subió al papamóvil, hizo el recorrido previsto aunque no tan rápido como los anteriores. Se le veía feliz, y no es para menos: un millón 300 mil personas no dejaban de gritar su nombre, ondear pañuelos blancos y disparar sus celulares. El ambiente se colmó de solemnidad cuando la Red de Escuelas de Música de Medellín interpretó para el papa ‘Cerca de tu altar, Señor’, la magistral obra de la hermana María de la Encarnación. Hubo muchas lágrimas.

Su Santidad bajó del vehículo que le construyó Chevrolet, con escalinatas eléctricas incluidas. Un séquito de seminaristas, todos jesuitas como él, le rindieron tributo en una extensa calle de honor. El papa se sentía como en su casa. Un abrazo efusivo y un diálogo paternal con uno de ellos así lo evidenciaron.

El representante de Cristo en la tierra santificó Biblias, escapularios, efigies sacras, botones con su imagen y otros objetos que los seminaristas le presentaron. Inolvidable para todos.

En un ambiente vestido de blanco puro y con el fondo colorido de las silletas antioqueñas y una alfombra de flores paisas, Su Santidad fue adornado con los ornamentos litúrgicos, recibió el Báculo y tomó el incienso para dar inicio a la liturgia. Un beso sagrado a la Santa Biblia.

Con hablar pausado y lleno de misticismo, Su Santidad se disculpó por el retraso: “Queridos hermanos, quiero agradecerles por su paciencia, su perseverancia y su coraje. Hubo un atraso significativo”. La feligresía estalló de júbilo.

En la homilía, el papa Francisco reiteró que la Iglesia de Cristo “debe ser de puertas abiertas” y pidió mayor compromiso con el Discipulado. Al final monseñor Tobón le agradeció su presencia en la ‘Capital de la montaña’, le entregó una imagen de la Virgen de la Candelaria, Patrona de Medellín, y le pidió su bendición para Antioquia y Colombia.

La solemnidad fue aún más estremecedora después de la bendición final: más de un millón 300 mil almas corearon en una sola voz ‘Francisco, Francisco’ Francisco’. El Coro de Niños de Medellín que en ese momento interpretaba el canto ‘Ten Piedad’ y los músicos de la Red de Escuelas silenciaron su voz y sus instrumentos para la más sublime de las despedidas: un aplauso que aún retumba en el extenso Valle del Aburrá.

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Colprensa
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