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Fervor y visión comercial se unen en vísperas de la visita del papa

Martes, 5 de Septiembre de 2017
Francisco es el tercer papa que viaja a Colombia después de Pablo VI y Juan Pablo II.

La visita del papa Francisco a Colombia ha revitalizado el fervor por la figura del pontífice en un país que ocupa el séptimo puesto en el mundo y el tercero en América Latina en número de fieles católicos y en el que la devoción popular está presente en muchos ámbitos de la  vida cotidiana.

Las calles de Bogotá, la primera ciudad que visitará el obispo de Roma durante su viaje apostólico a Colombia entre el 6 y el 10 de septiembre, exhiben desde hace semanas gran cantidad de carteles con su figura y el lema de su viaje: “Demos el primer paso”.

La visita de Francisco, que será el tercer papa que viaja a Colombia después de Pablo VI, en 1968, y Juan Pablo II, en 1986, sirve también para comercializar todo tipo de productos y recuerdos como tazas, camisetas, peluches y llaveros.

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A pesar de los años transcurridos desde la última vez que un papa pisó Colombia, el recuerdo de las últimas giras sigue muy vivo en el corazón de los católicos del país, que esperan con ilusión la llegada del primer pontífice nacido en América.

El factor novedad que aporta Francisco se suma al hecho de que Colombia es uno de los bastiones del catolicismo en el continente, tanto es así que, según cifras de la Santa Sede, el país ocupa el séptimo puesto en el mundo con más católicos, con 45,3 millones de bautizados, y el tercer con mayor número de fieles en Latinoamérica.

La visita papal ha puesto en marcha toda la maquinaría mediática, pastoral y hasta comercial de un país en el que los retratos y figuras de santos y vírgenes adornan de forma omnipresente plazas, carreteras, comisarías de Policía y hasta las paredes de los autobuses que unen las ciudades de Colombia.

La Parroquia del Niño Jesús del barrio 20 de julio de Bogotá es uno de los lugares en los que mejor se puede palpar el ambiente de devoción de muchos colombianos, que en las últimas semanas se ha unido al fervor que despierta la figura del papa.

Este templo acoge a decenas de miles de feligreses que cada domingo se agolpan dentro y fuera de sus muros y llenan las cerca de 20 misas que se realizan en la basílica principal y en las plazas y capillas cercanas.

“A este lugar vienen muchas personas a pedir favores y dar gracias desde muchos países. (...) Este es un país muy católico y la visita del papa acrecienta mucho la fe en Jesús, que es a quien representa el papa”, explicó a Efe el responsable de atender los peregrinos en el templo, Eduardo Chala.

Por otra parte, este laico vinculado a la obra de los salesianos señaló que en Colombia muchas tradiciones como rezar el Rosario en casa siguen muy vivas, dándole a la práctica religiosa un sentido muy “familiar”.

María Teresa Acero, una de las devotas que asisten con asiduidad a este lugar de peregrinación, reconoció que la llegada del papa Francisco supone “un agite” y un “revolcón espiritual grandísimo” para los católicos del país.

“Los colombianos somos muy espirituales, hay muchas clases de fe, hay fanatismo, pero en Colombia la fe que se profesa es de corazón. Con la llegada del papa habrá un fortalecimiento espiritual”, concluyó antes de advertir que el país tendrá que esforzarse para garantizar que la visita salga bien.

Además de revitalizar la vida de las parroquias del país, que organizan todo tipo de cursos, actividades y oraciones colectivas centradas en la figura del papa, la presencia del pontífice también ha agudizado el ingenio de los vendedores callejeros, maximizando el tradicional “rebusque” de los colombianos.

“Las personas que trabajamos en la calle pensamos ideas para vender y sustentar así nuestras familias. Es por eso que hice estas camisetas de la selección colombiana y les estampé la imagen del papa”, explicó a Efe Alonso Rendoño mientras voceaba a los transeúntes las bondades de su mercancía.

Este vendedor callejero aprovechó que en las vísperas de la visita papal se celebrará un partido entre Brasil y Colombia para unir ambas pasiones en unas camisetas que vende por unos ocho dólares y 13 dólares, si el devoto -futbolístico, papal o ambos- se lleva un par. EFE.

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EFE