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‘La Casa del Balcón’, el búnker de ‘Jorge 40’ que fue restaurado por sus víctimas

Sábado, 5 de Noviembre de 2016
5 sentencias colectivas han sido expedidas por los jueces de Restitución de Tierras.

El 19 de julio de 1997, Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, citó a todos los habitantes del sector rural del municipio de Chibolo (Magdalena), para notificarlos de que tenían una semana para salir de sus fincas.

El entonces jefe paramilitar llamó a los campesinos de los corregimientos cercanos a una reunión en el centro comunal del municipio, en un lugar conocido popularmente como la ‘Casa del Balcón’, para advertirlos de que tenían ocho días para irse del sector, porque iba a iniciar una guerra con los Frentes 19 y 37 de las Farc.

Ante la orden de ‘Jorge 40’, los habitantes le pidieron, al menos, quince días para intentar salvar las pocas pertenencias de sus fincas; sin embargo, una semana después la zona rural del municipio de Chibolo era un pueblo fantasma, habitado y gobernado por paramilitares.

A pocos meses de cumplirse 20 años del desplazamiento masivo, las víctimas de Chibolo aún recuerdan las dificultades que tuvieron que enfrentar, al hacer una nueva vida, lejos de sus hogares, en los que crecieron y compartieron con familias y amigos, hasta que el conflicto les golpeó a la puerta.

Domingo Polo y su esposa María Garcera, huyeron de su propiedad ‘La María’ por la presión de los grupos paramilitares; ellos asistieron a la reunión en la que ‘Jorge 40’ les dijo que su municipio se iba a “convertir en una base militar”. ‘La Casa del Balcón’ se convirtió desde ese día en el centro de operaciones del paramilitar.

“Las Autodefensas nos citaron en el ‘balcón’ y nos advirtieron que teníamos que ir todos, porque el que se quedara en la casa lo iban a buscar para hacerlo llegar; nosotros asistimos para no tener que ir amarrados o arrastrados”, relata Domingo, quien recuerda que tras la reunión, el miedo se apoderó de los habitantes del municipio y la única opción que les quedó fue huir.

“Ese fue un golpe duro, uno queda paralizado, sin saber qué hacer. Nos fuimos al pueblo sin nada, yo soy nacido y criado en el monte, para mí ir al pueblo era muy difícil, no había empleo, duramos casi un año sin trabajo, después empecé a vender queso. Pasaron diez años para que pudiéramos volver a nuestra tierra”, agrega.

El comandante del Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia se desmovilizó de manera colectiva el 11 de marzo de 2006 y dos años después fue extraditado a Estados Unidos por narcotráfico. Desde 2007 las más de 200 personas que habían sido desplazadas de Chibolo volvieron paulinamente a la zona rural del municipio, ante la desmovilización del jefe paramilitar.

“Ocuparon nuestra tierra por diez años, en ese tiempo no le hicieron ningún tipo de mantenimiento, sino que la explotaron hasta que la tierra ya no producía nada; cuando volvimos solo había maleza, tuvimos que empezar de nuevo. Además, el rancho lo habían quemado, solo quedaron cenizas, y los palos que servían de base”, cuenta Domingo, quien se desplazó de Chibolo con su esposa y cinco hijos.

El retorno a Chibolo

A mediados de 2007, cuando los pobladores de Chibolo empezaron a volver a sus predios, se encontraron con que a pesar de que las Autodefensas se habían desmovilizado, algunos exintegrantes del Bloque Norte seguían viviendo en sus hogares y se negaban a dejar retornar a los dueños originales de las tierras.

Dayron Guette se desplazó junto con siete de sus hermanos tras la advertencia de los paramilitares, su familia se fue a vivir a Plato (Magdalena), municipio que está a dos horas de distancia (en vehículo) de Chibolo. Allí, tras unos años, su familia se separó y sus hermanos decidieron irse a Cartagena (Bolívar) o a Santa Marta. Dayron prefirió volver a su hogar cuando se enteró de la desmovilización de los paramilitares.

“En 2007 nos dijeron que nos organizáramos para volver a nuestras tierras, pero cuando volvimos nos encontramos con desmovilizados de las AUC en nuestros hogares y comenzó un conflicto que duró un tiempo largo; ya después empezaron a hacer presencia las instituciones y pudimos volver”, cuenta Dayron, quien asegura que una de las consecuencias que le dejó el conflicto fue la “desintegración de su familia”; ahora vive en compañía de sus dos hijos y su esposa, que es una de las profesoras del municipio.

“A pesar de que mis hermanos se fueron a otras partes, decidí volver, porque siempre me gustó el campo y la ganadería (…) Las cosas han mejorado mucho, en la ciudad (Plato) no había empleo, ahora aquí dependo de mí mismo, ya tengo dos hijos y la idea es sacarlos adelante; quiero que sean profesionales”, señala.

Al igual que Dayron, Domingo y su esposa María se encontraron con exintegrantes de las AUC que se negaban a salir de sus tierras. Ellos creen que a pesar de la desmovilización de ‘Jorge 40’, él les había pedido a sus hombres continuar con el control de la zona.

“Cuando retornamos nos encontramos con desmovilizados de las Autodefensas que no querían irse. Tuvimos el apoyo de la Fuerza Pública y de la Defensoría del Pueblo; sin embargo, cuando volvimos seguían quemando algunos ranchos”, señala Domingo.

A mediados de 2007 también retornó a la zona Gabriel Hernández, quien se había ido de Chibolo en compañía de sus siete hijos. Su familia llegó hasta Plato, donde Gabriel tuvo que vender yuca en un triciclo. Tras volver a su tierra, dice que a pesar de las dificultades, ahora vive cómodamente: “Vivimos de nuestra finca, y de nuestro trabajo”.

“Decidimos volver porque se empezó a decir que los paramilitares se habían desmovilizado y que las tierras estaban solas, por eso decidimos regresar; desde que llegamos hemos vivido más tranquilos”, cuenta Gabriel, quien ahora vive con su esposa y uno de sus siete hijos, en su finca llamada La Esperanza.

El nombre del predio de Gabriel se debe a que cuando se tuvieron que ir de la finca “nunca perdí la esperanza de volver”. Ahora viven en buenas condiciones, dejando atrás diez años como desplazado. “Nos podemos sostener de lo que producimos aquí, no somos ricos, pero tenemos lo que necesitamos”.

Tras el retorno de las víctimas en 2007 los jueces de Restitución de Tierras han expedido cinco sentencias colectivas a favor de los pobladores de Chibolo, que benefician a 39 familias, es decir, a más de 200 personas. Además, la Unidad de Restitución de Tierras ha acompañado a las víctimas, para que su vida vuelva a la normalidad, dotando a las familias con Proyectos Productivos y paneles solares, dado que la energía eléctrica aún no llega a la población.

‘La casa del balcón’

La conocida por todos los habitantes de Chibolo como la ‘Casa del Balcón’, fue utilizada por ‘Jorge 40’como su centro de operaciones militares. Según cuentan las víctimas, el exjefe paramilitar llegaba con su helicóptero al predio, y aterrizaba en una plazoleta que está detrás de la casa.

“El señor ‘Jorge 40’ se situó en esta casa debido a que era una zona estratégica, veíamos su helicóptero llegar hasta acá y los caballos en los que se movilizaban las tropas”, recuerda Domingo Polo.

Según cuentan los habitantes de Chibolo, en esa casa se cometieron homicidios selectivos y torturas. Nadie diferente a los integrantes de las AUC se acercaba; entre 1997 y 2007 la casa fue de ellos.

‘La Casa del Balcón’, antes de la llegada de ‘Jorge 40’, era usada por los habitantes como lugar de reuniones; tras la partida del paramilitar, el lugar fue usado como refugio para las familias que empezaron a retornar pero se encontraron con sus predios habitados por exintegrantes de las AUC.

A pesar de la historia de la casa, los habitantes decidieron restaurarla, como una medida de “resignificación”. Ahora es un centro de integración, donde se realizan capacitaciones para los campesinos.

Igualmente, el lugar es usado para las reuniones de la comunidad. En una de ellas decidieron crear una cooperativa llamada Colapaz, que servirá como un centro de acopio de productos lácteos y agrícolas, que se produzcan en la región para su posterior comercialización.

“‘Jorge 40’ se situó en esta zona por ser un lugar estratégico en el centro del Magdalena; aquí tenía conexiones con casi toda la Costa Caribe. Decidimos restaurar esta casa como un acto simbólico y representativo para toda la región, además para que no se perdiera la imagen, porque esta casa tiene más de cien años de historia”, explicó Ronaldo Fuete, representante de una de las veredas de Chibolo.

Las instalaciones de Colapaz serán creadas al lado de ‘La Casa del Balcón’, y beneficiarán a víctimas del conflicto, intentando vender sus productos a un mejor precio.

“La cooperativa busca generar ingresos para la comunidad y que la leche y el queso que se producen en el municipio se vendan a mejor precio; esperamos poder hacer en el futuro más lácteos, como yogur y arequipe, pero para eso necesitamos luz y agua potable, que aún no tenemos”, indicó Domingo.

Los pobladores de Chibolo y sus alrededores nombraron a Dayron Guette como representante de la cooperativa. Él dice que espera que los productos lácteos se puedan vender a un mejor precio, para que los campesinos tengan mejores ganancias con la actividad ganadera, principal actividad económica de la región.

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Colprensa
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