Escuchar este artículo

La labia: una herramienta sutil de los estafadores

Sábado, 21 de Octubre de 2017
Muchos hampones son sutiles, e inducen a sus víctimas al engaño, hasta hacerlas caer en una trampa que les sale bien cara.

Tres nuevas modalidades de estafa y engaños fueron detectadas por las autoridades, quienes lanzaron un llamado de alerta a la ciudadanía para evitar caer en manos de organizaciones o personas dedicadas a este accionar delictivo.

En el primero de los casos y como en una trama novelesca, seis años tardó la víctima en darse cuenta de que quien se ganó su confianza como un hombre de bien, era un estafador al servicio de una banda organizada para timar hasta el más avezado abogado litigante.

Carlos Mejía Gómez, profesional del derecho dedicado a negocios inmobiliarios en Cali, mostraba un apartamento en venta cuando conoció a Willie Marín Marín, quien le impactó por sus buenas maneras y amabilidad. 

La  víctima le presentó a su familia y con mucha labia, logró convencer a Carlos Mejía de que “él (estafador) era la persona de confianza que necesitaba para ayudarle a manejar sus negocios”.

El abogado lo nombró administrador de un establecimiento comercial, en el barrio Junín. Y fue cuando Willie, con su poder de seducción con la palabra, le pintó un negocio muy rentable de repuestos y accesorios para motocicletas, que a Mejía Gómez le pareció creíble y rentable.

Marín decía estar actuando en nombre de un español, Francisco González Santos, de Málaga, España, que según él, era un magnate internacional de repuestos y accesorios para motos y decía que ya tenía varios de esos artículos en tránsito hacia Colombia, por vía marítima.

Convencido de esa artimaña, el abogado le desembolsó diversos cheques que sumaban más de $300 millones, pero que Marín pidió girar a nombre de su madre, su hermana y de su hermano para comprar los repuestos y ponerlos supuestamente entre pequeños comerciantes de estos artículos.

“Él (Willie) endosaba esos cheques, los cobraba y se embolsillaba la plata en vez de invertir en lo que decía, él dispuso abusivamente de esos recursos”, dice la víctima que denunció el hecho ante la Fiscalía.

“Supuestamente Willie había vivido un tiempo en España como subalterno del español (González). Según se ha podido investigar, Marín decía ser empresario, pero lo que hacía en España era vender perros calientes en la calle”, cuenta el abogado. 

Apartamentos

Era tal el poder de convicción de Marín, que cuando Carlos Mejía estaba vendiendo dos apartamentos en El Limonar, cada uno a $80 millones, este se ofreció a comprarlos. 

Como el abogado creía ‘ciegamente’ en su administrador, le firmó las escrituras porque supuestamente los $160 millones que valían, entrarían a una cuenta general después. Pero, obviamente, nunca llegaron.

Y como si fuera poco, Mejía Gómez le ofreció también un penthouse por $240 millones que adquirió el español González y su esposa María Rocío Jara Ámbito a través de un apoderado, quien sería parte de la misma banda, que pidió firmar las escrituras sin tener el dinero en la mano. El pago del penthouse se  haría en repuestos.

Ese mismo día firmaron un contrato de compraventa donde el vendedor declaraba recibido el pago.

“Supuestamente me pagaban con esos repuestos enviados por el malagueño por barco, pero tal barco no existía”, admite Mejía Gómez. 

Solo estaba en la prolífica imaginación y capacidad de enredar de Willie y en la buena fe de Mejía Gómez, quien por cinco meses esperó la supuesta carga que venía en altamar. “No llegó ni un tornillo”, acota el afectado.

Un sacerdote en medio

Sumado a lo anterior, el abogado le había pedido a Willie que comprara una casa, propiedad de un sacerdote, para ampliar un negocio.

El profesional del derecho le desembolsó $130 millones a Willie para la adquisición de ese inmueble, pero cuando creyó que la escritura saldría a su nombre, el estafador la había vendido ocho días antes a un tercero. 

Y para cerrar la estafa, el malagueño González Santos llamó al abogado a decirle que si no entregaba la mitad del negocio a Willie, ellos le hacían quitar todas sus propiedades, configurando el delito de extorsión.

Por ahora, todos los integrantes de esta banda están desaparecidos, aunque ante la demanda interpuesta en la Fiscalía avanzan las correspondientes investigaciones y solicitudes de órdenes de captura.

Algunas formas de engaño

El epiléptico 

Otra modalidad detectada de engaño es cuando un hombre aborda en espacios públicos a personas diciéndoles que es epiléptico y que requiere urgente la medicina para que no le den convulsiones, que lleva varios días sin tomarlas porque es muy costosa.

Lo audaz e inesperado es que enseguida a este hombre  le da un ataque y se tira al piso y echa espuma por la boca. 

La gente se conmueve, recoge dinero y le da para las medicinas.

Pero, quienes han sido víctimas de su show, lo han visto al día siguiente haciendo la misma solicitud en otros sitios a otras personas.

La anciana

La otra trama es de una anciana que cojea con un bastón y entra al banco con una mochila de monedas y “le pide a la cajera que le cuente el dinero”, señalan los investigadores de la Policía. 

Hasta el momento todo pareciera estar en orden, pero cuando la cajera le dice que hay $45.000, la mujer empieza con su actuación.

La anciana comienza a lamentarse que no le alcanza para sus terapias de la pierna y que no tiene más dinero. 

Así que pide la colaboración de los clientes que en ese momento están dentro de la entidad bancaria. Dicha  modalidad la repite a diario.

Con información de Colprensa

Image
La opinión
La Opinión