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Por: Manuel G. Camargo
Sábado, 16 Marzo 2019 - 1:00am

El petromadurismo y la JEP

Hemos visto a Petro absolutamente desencajado por la presión sobre la dictadura de Maduro; trina, trina y trina de la rabia.

Hemos visto a Petro absolutamente desencajado por la presión sobre la dictadura de Maduro; trina, trina y trina de la rabia. Llama a la calle, a que el “pueblo” defienda el principio de autodeterminación, que en el caso de Maduro se traduce en permitir que paramilitares de izquierda, llamados allá combos, y aquí milicias urbanas, tan queridas en las universidades, acaben a punto de plomo y moto con ciudadanos indefensos. Es la libre autodeterminación del dictador a chupar los recursos de su pueblo, con apoyo de las armas, hasta cuando él quiera. Y el petromadurismo, y sus socios que se autodefinen de centro, o verdes, o roji-verdes, siguen el mismo discurso, y claro, lo que defienden es el derecho a hacer lo que ellos quisieran hacer con Colombia. Defienden su libre autodeterminación de acabar la poca democracia colombiana de hoy.  Y las farc aquí, y las farc allá en Venezuela, tienen unidad de criterio y tienen claro de qué lado están: del de Venezuela. 

Y es que en Colombia estamos viendo que lo que se monta con miras a la defensa del socialismo se hace intocable, tiene autodeterminación. No es sino ver a la JEP o al padre De Roux o al Procurador en su cruzada por justificar la criminalidad guerrillera, con el apoyo de “ilustres” magistrados en otras cortes, constitucionalistas de ingrata recordación como gobernadores, que han hecho del caso Santrich un asunto de honra revolucionaria, violando tratados internacionales, y convirtiendo a la JEP en supercorte constitucional en asuntos que tengan que ver con la guerrilla. Y ésta hace jurisprudencia propia y actúan, como fue su objetivo al crearla, como un tribunal supranacional, que no reconoce la juridicidad colombiana, sino la que emanó de las exigencias guerrilleras. Porque las farc jamás reconocieron la legitimidad del estado colombiano, idea que les avaló el Nobel tahúr. Y la JEP ha hecho su trabajo con dedicación excesiva y gastos correspondientes. Pero en aras de la democracia, se pedía al presidente Duque que aprobara, sin cambiarle una coma, la ley de funcionamiento de ese esperpento salido de las montañas colombianas con acompañamiento español, de la egolatría de Juan Manuel Santos, de la costosa burocracia multilateral y de la doble moral europea. Y el procurador, salido de la anticonstitucional séptima papeleta, se rasga las vestiduras porque se va a perder la institucionalidad, que él con Santos y los magistrados enmermelados convirtieron en juego de bobos, irrespetando la voluntad popular, que la jurisprudencia mamerta volvió aprobación.

El principio de autodeterminación que hoy defienden Petro, Claudia López, Jorge Robledo, Fecode, Ivan Cepeda, y las farc, al fin todos en el mismo lado, es la defensa futura de una posible administración de ellos, donde las garantías democráticas se eliminan, siendo suplantadas por el “poder popular” que ellos encarnan. Y ahí podemos meter a Felipe López, los Santos de Juan Manuel, los Samper todos, y varios más de la aristocracia bogotana, acostumbrados por familia a ver la juridicidad colombiana como una pantomima que aplica a los de ruana, y como los jóvenes nórdicos buscando aventuras extremas que los saquen del aburrimiento que sienten de este país, para ellos una finca propia. 

El presidente Duque ha dado muestras de entender la importancia del problema Venezuela para Colombia, y hasta ahora parece entender la importancia de cortar los avances del socialismo del siglo XXI en Colombia, que venían empaquetaditos en el acuerdo Santos-farc. No se puede ser radical con Venezuela y “neutral” con la JEP, más aún cuando ésta como aquella dan síntomas incontrovertibles de su estrategia. Colombia debe entender hoy que esto ya no es un juego para que los aplauda la izquierda europea en busca de un Nobel, o para que se le de oficio a la burocracia multinacional, sino el futuro de la nación que se creó como una democracia liberal de libre mercado, y no un estado social-ista que va derecho al chavismo más recalcitrante. Y se debe tratar a Cuba como la cepa germinal de esta situación y actuar en consecuencia. Atacar a Venezuela sin atacar a Cuba, es como atacar al eln y no a las nuevas farc.

En Venezuela nos jugamos todo, pero no es un juego, porque Colombia ha avanzado en las garras del socialismo del siglo XXI, gracias a un “proceso de paz” realizado por un megalómano, que hay que reversar porque si no se nos autodetermina. 

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