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Entre Santos y Maduro
Los venezolanos salen de un infierno para llegar otro, en donde la opción más tentadora es volverse mendigos.
Viernes, 22 de Septiembre de 2017

Si hay algo peor a ser gobernado por un mal líder, es ser gobernado por dos.

El cucuteño tiene la mala suerte de vivir en medio de dos líderes de estados corruptos, Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro. Los cucuteños han tenido que vivir la combinación de la miseria de ambos países. Y cuando pensábamos que la situación de nuestra frontera no podría ser peor, nos llega una avalancha migratoria para empeorarla. 

Antes de la actual crisis migratoria, Cúcuta no era un paraíso para muchos. 30 de cada 100 personas vivían con menos de $8300 pesos al día, y 10 de cada 100, vivían con menos de $3700 pesos al día. Imagínese comer y vestir con esa cantidad de dinero. También, imagine que si el Área Metropolitana de Cúcuta tenía cerca de 850 mil habitantes el año pasado, ¿cómo tendremos que vivir ahora, con la llegada de 200 mil venezolanos con hambre que pasaron la frontera para 2017? ¡La situación es un caos dentro del caos! 

La única industria que proyecta un crecimiento acelerado en la ciudad es la industria del entretenimiento en los semáforos. Los venezolanos salen de un infierno para llegar otro, en donde la opción más tentadora es volverse mendigos. No vale la pena profundizar en nuestros deprimentes indicadores. Hemos repetido mil veces que somos una ciudad potencia en pobreza, desempleo, violencia e informalidad.    

Nos acostumbramos a ser unos perdedores. Y por eso, estamos pagando los platos rotos de los gobiernos corruptos de Santos y Maduro. Sin embargo, aunque exista mucho pesimismo, si es posible levantarnos, y recuperar la dignidad de Cúcuta en décadas atrás.

En la última visita que hizo el precandidato presidencial Sergio Fajardo a Cúcuta, tuve la oportunidad de preguntarle sobre qué soluciones veía a la permanente crisis de nuestra ciudad. A lo que él respondió: “yo no sé, ustedes son los que me tienen que decir”. En lo tosco de su respuesta entendí, que del gobierno nacional nunca nos van a mandar un salvavidas, y que sólo una revolución regional con fundamento sería la respuesta.

Esta revolución regional se construirá con dos firmes pasos. El primero, se necesita que un grupo pequeño de ciudadanos con conocimiento profundo de la situación económica, política y cultural de Cúcuta estén decididos a cambiar positivamente el statu quo. Obviamente, este grupo de ciudadanos debe tener principios éticos y morales muy firmes. 

Una vez se tiene la semilla de la revolución, el segundo paso será contagiar con esta nueva propuesta al resto de miles de personas en la región. Este es el paso más difícil, pues se necesita de innovación y valentía para lograr que la mayoría de cucuteños voten por una opción renovadora. La innovación nos permitirá manejar el lenguaje adecuado para que pobres, ricos y clase media logren identificarse como un único grupo que quiere salir adelante. Y la valentía nos servirá para enfrentar a los políticos corruptos que seguramente se valdrán de trampas y juego sucio para acallar esta nueva amenaza.  

Las propuestas que vengan de este nuevo grupo de ciudadanos deben tener en cuenta que somos un híbrido entre dos países. Es un reto monumental ser creativos para encontrar políticas incluyentes a un pueblo gobernado por dos naciones. Necesitamos propuestas que conviertan a ambos gobiernos fronterizos en una simbiosis.

Querido lector, si usted realmente tiene el deseo de ver y vivir un cambio, no tema apoyar a los grupos pequeños de ciudadanos soñadores. Todas las grandes revoluciones del mundo empezaron con un puñado de personas que se atrevieron a enfrentar a un gigante. Su apoyo será necesario para soportar los golpes del enemigo y levantarse del suelo. No sé si usted está de acuerdo, pero es preferible morir como un valiente, a vivir la vergüenza de un cobarde.

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