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Hipócritas en el Catatumbo
Norte de Santander necesita de un presidente en la capital que no venga al Catatumbo solamente por una foto.
Miércoles, 16 de Mayo de 2018

Para Duque, Petro, Fajardo y Vargas Lleras la región cucuteña es un chicharrón en el que es mejor no profundizar mucho. Como en otros lugares del país, Norte de Santander es un departamento lleno de pobreza. Para ellos, no vale la pena desgastarse en conseguir votos de opinión en un lugar donde la gente hambrienta vota con el “estómago”. 

Con la reciente crisis de seguridad, muchos políticos vinieron a tomarse la foto en la RIC, República Independiente del Catatumbo. Pero hay que ver quiénes serán los valientes que se van a enfrentar a los mafiosos de esta región.

Desde Bogotá, existe permisividad con las mafias políticas y económicas de Norte de Santander, que vuelve simplemente hipócrita su discurso. 

El abandono del Estado en la frontera cucuteña es un gigante que la política colombiana no ha podido enfrentar. Por eso, a pesar de que Cúcuta es la sexta ciudad más poblada de Colombia (sin tener cálculos exactos de los venezolanos que se quedaron con la ola migratoria), la mayoría de candidatos presidenciales cuando vienen evitan hablar de los culpables de la corrupción a nivel regional. 

Lo alarmante es que Gustavo Petro si haya sido capaz de venir a enfrentar a un patrón como el condenado excalde Ramiro Suárez. El resto de candidatos evaden a los principales responsables de la forma inoperante en que funciona la política y economía en la frontera. Vienen a culpar a Santos, a Uribe o a Maduro, cuando lo que nos serviría es que les dieran la espalda a los patrones políticos y sus aliados mafiosos en la región. Recuerden que la izquierda venezolana llegó al poder cuando alguien se atrevió a señalar a los culpables de la miseria en Venezuela. 

Si la derecha colombiana se sigue haciendo la de la vista gorda con las mafias regionales que compran votos, la pobreza seguirá creciendo, y poco a poco le irán despejando el camino a algún Petro. Quien siendo un mal administrador, lo único que ha demostrado es ser bueno señalando corruptos. 

Cúcuta tiene el desempleo más alto del país, un 70% de informalidad, altos índices de violencia y un departamento con la tercera área más cultivada de coca en Colombia. En condiciones así, es apenas lógico que el narcotráfico y la política trabajen de la mano. Hay mucho dinero caliente alrededor que necesita ser legalizado y tener aliados en el poder. Estamos sumergidos en un círculo vicioso que no debería sorprendernos. No obstante, lo que sí es preocupante es que en el debate político nacional los cucuteños sean tratados como ciudadanos de segunda clase. Por ejemplo, los únicos escándalos mediáticos de corrupción que se venden a nivel nacional son los de Bogotá como en el carrusel de la contratación, o los de la costa Caribe como el caso de Electricaribe. Cúcuta nunca es primera página en los casos de corrupción. 

El círculo vicioso entre la mafia y la política nortesantandereana es una historia de hace décadas. Los patrones electorales de la región, con influencia en Bogotá, saben que desde que cumplan su parte de ponerle votos a quien tenga el poder en la casa de Nariño, con eso basta. 

Ya sabemos que los nortesantandereanos somos culpables de nuestra propia miseria, siendo tan permisivos con la ilegalidad en que vivimos. Pero, si es cierto que el presidente gobierna para todos, los candidatos presidenciales deberían salir del exagerado centralismo que siempre los ha caracterizado para dar una muestra de valentía en las regiones. Deberían rechazar con vehemencia y nombres propios a los políticos y financiadores mafiosos que soportan el enfermizo statu quo de la frontera. 

Tanto la izquierda como la derecha están untadas de la ilegalidad con la que funciona la frontera venezolana. Fortalecer la presencia del Estado en Norte de Santander necesita de un presidente en la capital que no venga al Catatumbo solamente por una foto, sino que venga decidido a castigar a los mafiosos de corbata que tienen el poder.

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