La Opinión
Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Columnistas
¡Mijo, nos vamos para Venezuela…!
Ese era nuestro futuro, de no haber sido por el encuentro fortuito con su exalumno. 
Viernes, 9 de Octubre de 2020

Todavía guardo recuerdos frescos de aquel día de enero de 1968. No como si fuera ayer por supuesto, pues el paso del tiempo hace que se distorsionen las imágenes y lleguemos a creer que es cierto lo que tal vez solo queremos que sea cierto. La cosa es que había pasado mi última Navidad en Bucaramanga, mi mamá, Doña Zoraida de Medina se encontraba muy alegre, pues a mi padre, el Dr. Antonio Medina, le habían ofrecido un trabajo como profesor universitario en una ciudad de la costa venezolana llamada Puerto La Cruz.

Aun cuando no sabíamos dónde quedaba ese lugar no era mucho lo que importaba, pues a mis 6 años recién cumplidos, tenía que ir donde me llevaran. Mi papá tenía varios años impartiendo clases en la Facultad de Ingeniería de la UIS, y por cosas del destino uno de sus alumnos, quien le guardaba bastante cariño, había conseguido trabajo por allá bien lejos.  Nunca me quisieron contar la historia completa de por qué mi padre se quedó sin trabajo de un momento a otro, aun cuando ya tenía todo arreglado para que nos fuéramos a la Universidad Nacional de Bogotá donde le habían ofrecido una plaza para continuar con la docencia.

Ese era nuestro futuro, de no haber sido por el encuentro fortuito con su exalumno. Dr. Medina – le comentó – que bueno que lo encuentro, estoy buscando profesores para una Universidad nueva en el oriente de Venezuela y Ud. sería la persona más indicada. Al parecer aquella oferta de último momento no le hizo mucha gracia a mi padre, menos, siendo un hombre de esa época, con patrones rígidos de conducta y donde todo debía estar planificado. Sin embargo, su alumno comenzó a hablarle de ese país lleno de oportunidades, mire Dr. Medina, allá no hay carreteras destapadas sino grandes autopistas, los carros son último modelo, la gasolina es regalada, las industrias y los servicios son modernos, y seguro va a ganar más de lo que le pagarán en la Nacional. Déjeme hacer unas llamadas porque lo necesitamos urgente.

A los pocos días ya tenía una oferta de contrato por un año, entonces, después de hablarlo con mi madre, tomaron una decisión trascendental y al igual que muchos colombianos a través de la historia, dejó la familia atrás y se fue a buscar fortuna.

El tiempo pasó y su regreso vino acompañado de otra noticia inesperada, - Mija, están contentos conmigo y me han ofrecido un trabajo fijo, la Universidad de Oriente nos van a sacar los papeles ¿qué hacemos? – mi mamá se contentó mucho, según me cuenta eso era como que hoy en día le digan a uno que puede trabajar en Estados Unidos con papeles y sueldo completo, sin preocuparse de nada. Mi padre quien venía de un origen humilde, y debió estudiar con mucho esfuerzo y la ayuda de algunas becas, se sentía agradecido con Dios, en sus relatos hablaba de un país maravilloso, muy adelantado a la Colombia de los años 60, esa era Venezuela, donde al parecer muchos colombianos querían conseguir trabajo.

En diciembre de 1967 el Niño Dios me trajo una careta de plástico de Batman que se ajustaba con un caucho y una capa que se amarraba en el cuello con una pita, pisamos unas martinicas y prendimos unas luces de bengala, todo bajo un halo de alegría por el futuro pero acompañado de nostalgia por lo que dejábamos.  El dos de enero del 68 ya estaba todo preparado, la Universidad le pagaba a mi papá los tiquetes de avión de toda la familia, pero desde San Antonio, recuerdo a mi mamá esperando el carro de Motilones para viajar a Cúcuta, cuando por fin tocaron el pito en la calle me gritó con mucha ilusión aquellas palabras que nunca voy a olvidar, - Óscar apúrele - al mismo tiempo que tomaba mi disfraz de Batman - Mijo, nos vamos para Venezuela… 

Temas del Día