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¡Absuelto!

Lunes, 21 de Diciembre de 2015
Tenía razón Gilberto Alzate Avendaño cuando dijo que “es más fácil ser historiador que profeta”.

El pasado miércoles 16 de diciembre la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia resolvió el recurso de casación interpuesto por la defensa técnica del coronel (r) Alfonso Plazas Vega, acusado de desaparición forzada en la retoma del Palacio de Justicia, en Bogotá, los días 6 y 7 de noviembre de 1985.

El coronel Plazas Vega es yerno del general socorrano Miguel Vega Uribe (f), quien fungía como ministro de Defensa en la fecha citada y durante la administración del presidente Belisario Betancur Cuartas (1982-1986), y su esposa, Tania Vega, actualmente es senadora de la República por el Centro Democrático, bandera política que orienta Álvaro Uribe Vélez,  también senador y expresidente de la Republica.

Muchas personas se preguntan hoy, ¿por qué se persigue judicial y cruelmente a los militares y no a los subversivos que se tomaron el Palacio de Justicia, quienes  están disfrutando las mieles del poder? 

Sencillamente porque, como se dijo en un noticiero de televisión, los del M-19 fueron amnistiados y los militares, por honor, no quisieron sumarse a dicha garantía. 

Qué iban a pensar los militares que años más tarde desde las mismas instituciones que defendieron, reforzadas con el arribo del Socialismo del siglo XXI, las personas refractarias a aceptar la vigencia de las instituciones vigentes se tomarían destinos clave en los tribunales para imponer su ideología y acción. 

Tenía razón Gilberto Alzate Avendaño cuando dijo que “es más fácil ser historiador que profeta”.

El hecho de ser estudiante de derecho por los días de la toma del Palacio de Justicia, tener entonces como libro de cabecera el Derecho penal general, de Alfonso Reyes Echandía -Presidente en ese momento de la Corte Suprema de Justicia-, y tener cautivo en el Palacio a un magistrado amigo y convencionista, el doctor Reynaldo Arciniegas Baedecker, expresidente del Consejo de Estado, quien logró salvar su vida porque salió a traer un mensaje y no se le permitió el regreso, aunque su calvario en libertad ha sido peor que dentro del Palacio, reviste para mí importancia inusual, y las nuevas generaciones de colombianos, menores de veinticinco años, no se imaginan el infierno que sus compatriotas vivimos en la década de los años ochenta, del siglo XX, por este hecho y otros que erizan la piel.

Dos frases simbolizan la toma del Palacio de Justicia: “Que cese el fuego”, del presidente de la corporación, Dr. Alfonso Reyes Echandía; y, “Mantener la democracia, maestro”, del coronel Alfonso Plazas Vega, que, aunque no era el oficial de más alto rango en la operación, sí es hoy el más conocido, y por esa frase que pronunció en la Plaza de Bolívar sus adversarios lo persiguieron cruelmente durante nueve años.

La Corte absuelve a Plazas Vega aplicando la figura In dubio pro reo, y fue informado inmediatamente del resultado de la votación favorable por el señor presidente de la Sala Penal, doctor José Luis Barceló Camacho, mi antiguo profesor de Derecho penal especial, quien es egresado de la facultad de derecho de la Universidad Militar “Nueva Granada” y entonces era magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia. ¡Se hizo justicia!