Al oído del Beato

Jueves, 29 de Abril de 2021
Desde mañana serás el Beato José Gregorio Hernández, a un paso de ser San José Gregorio Hernández.

Hola, Hermano:

Perdóname la confiancita, pero crecí escuchando que los venezolanos son nuestros hermanos. Yo, de pequeño, no lo entendía muy bien porque soy hijo único y no sabía por qué tenía hermanos por allá en otro país. Mi mamá, muy a su manera, me explicaba que todos éramos hijos de Bolívar.  Yo quedaba más enredado: ¿por qué si era hijo, yo no era Bolívar sino  Gómez? ¿Y si los de allá tenían tanta plata, como decían, por qué nosotros éramos tan pobres?

Poco a poco fui entendiendo que las cosas no hay que tomarlas al pie de la letra. Éramos hermanos, pero de lejitos. Es algo parecido al término “amigos”, que uno sabe que sí, pero que no, por aquello de “amigo el ratón del queso”.                                   

Aún así, los venezolanos siguieron y siguen metidos en mi corazón, y tengo allá grandes amigos: escritores, unos; académicos de la Historia, otros; amigas de lejanas épocas, compañeros, en fin.

Por eso, te digo Hermano, además, somos de los mismos en la cuestión religiosa, y, aquí entre nos, te cuento que soy hincha tuyo desde hace años, y cuando me veo en problemas graves de salud, cuando veo que la huesuda se me está acercando demasiado, te llamo. Yo sé, y tú lo sabes, José Gregorio, que me has dado la mano. Pero eso sí. Nada de brujerías, ni de ritos espiritistas, ni de santerías, que tanto daño le han hecho a tu carrera hacia los altares.

Con todo esto lo que quiero decirte es que estoy que bailo en una pata, por tu beatificación que se cumplirá mañana. Y no es que yo quiera ganar indulgencias con avemarías ajenas, pero te cuento que cada vez que he podido hablar con Francisco, te he pegado un empujoncito  porque no era justo que te mantuvieran vetado durante tanto tiempo para entrar a formar parte de los santos de la iglesia.

Te digo, pues, que estamos felices de tu beatificación porque quiere decir que dentro de poco estarás en los altares, o sea que tenemos un vocero por lo alto, cerca de las altas esferas donde se toman las grandes decisiones sobre el mundo.

Ya era hora, hermano. Tu vida, entregada al servicio de los demás, en especial, de la pobrería de Caracas y de otras ciudades. Se sabe que ejerciste la medicina en el estado Táchira, de modo que estuviste a un paso de haber llegado hasta Cúcuta. Si lo hubieras hecho, seguro que te habías quedado a vivir en esta ciudad que le tiende la mano al forastero, como se la ha tendido a los venezolanos que en estos tiempos difíciles llegaron, llegan y siguen llegando.

Ya era hora por la cantidad de milagros que has hecho y  sigues haciendo, y que la gente cuenta por montones. Yo mismo he sido testigo de curaciones asombrosas en las que te has involucrado por petición de los enfermos. Y como nunca dices que no, la gente se cura, y tú tan tranquilo, con tu bata blanca de médico y tu sombrero negro y tu estetoscopio y tu maletín que llevaban los médicos de tu generación cuando iban a visitar a los pacientes.

Por fin la jerarquía católica se convenció de que eras un santo de verdad y que no tenías por qué vivir escondido en el cuarto de atrás. Desde mañana serás el Beato José Gregorio Hernández, a un paso de ser San José Gregorio Hernández.

Como te dije, tus devotos estamos que armamos rumba, y seguiremos regalando estampitas tuyas y pidiéndote favores y tú nos seguirás ayudando. ¿Cierto que sí, Hermano?

gusgomarhotmail.com