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Amigos secretos y regalos

Martes, 20 de Septiembre de 2022
Esa es la moda. Dar regalos.

La vida se rige por leyes. Una de ellas establece que  en toda familia llega un momento en que los hijos se marchan, forman sus propios hogares y los papás, ya viejos, se van quedando solos. 

En mi casa ya solos mi mujer y yo,  nos pegamos a veces unas aburridas las machas. De cuando en cuando aparece algún hijo, con nietos que son la alegría y el bullicio de la casa, pero luego se marchan y de nuevo queda la soledad, la nostalgia, el abandono.  Después del noticiero de las 7 de la noche, quedamos desparchados. A esa hora yo ya he lavado los platos y mi mujer ya ha puesto en agua los garbanzos del día siguiente y ya ha limpiado la estufa. (En eso de lavar los platos, mi consejo a los caballeros  es usar siempre delantal. Se consiguen de plástico muy bonitos, estampados y baratos. Sin delantal, uno se moja la camisa y la bragueta, y se presta para malas conjeturas).

A veces  jugamos dos o tres partidas de parqués, antes de pasar a rezar el rosario. Quisimos en alguna época jalarle al ajedrez, pero entre jugada y jugada nos pegábamos nuestras cabeceadas y se nos olvidaba hacer el enroque a tiempo. Al rosario diario nunca le fallamos. A mí me quedó la costumbre desde la infancia, cuando vivíamos en la casa de los nonos, y allí, después de los cuentos de miedo, venía el rosario con letanías y salmo 91.  
Sin embargo, ahora nos sobra tiempo. La semana pasada, como ya se acercaba el día del Amor y la Amistad, a mi mujer se le ocurrió  una idea que parecía genial: jugar entre los dos al amigo secreto, como hacen en las oficinas, para regalarse entre sí chitos y chocolatinas, sin que se sepa quién fue la amiga o el amigo generoso.

Esa es la moda. Dar regalos. En navidad, en los cumpleaños, en las celebraciones, en Amor y Amistad. El cariño se mide con regalos. No importa que sea pequeño. Un anillo de oro con diamantes, por ejemplo, es algo pequeñito. Además, se dice que para recibir hay que dar. Por eso se entronizó la costumbre de dar. ¿Quién fue el primero en dar algo como regalo? Los investigadores no lo han dicho. Tal vez, Eva.

Pues bien. Echamos a una de mis gorras los dos papelitos con nuestros nombres y la esperanza de que cada quien sacara al otro. Pero sucedió lo contrario. Y entonces se me formó el problema. No sé mi esposa cómo tomaría su compromiso de regalarse algo ella misma, pero en mi caso fue un problema.

Jamás pensé que regalarme algo a mí mismo se iría a convertir en un dolor de cabeza. ¿Qué regalarme? ¿Ropa? No me gusta regalar ropa porque toca con tallas, medidas, metros y cartabones. Mi esposa es la que se encarga de mis calzoncillos, como ella sabe que a mí me gustan: que ni aprieten, ni hagan cosquillas, ni produzcan alergias. ¿Un libro? Mi casa está llena de libros y ya no hay estante para tanto impreso. ¿Música? Con mi guitarra tengo, y todas las tardes toco y canto lo que quiero. ¿Joyas? No uso. ¿Billetera? Ahora que el dinero es virtual, las billeteras pasaron de moda.

No encontré nada para regalarme y entonces me entró la pensadera: ¿Será que no merezco regalarme algo yo mismo? Dicen que la suerte da a cada quien lo que se merece. Algo así como que a Colombia le tocó Petro porque se lo merece. ¿Será cierto? ¡Ay, Dios mío!
 

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