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Ángulo, editor

Sábado, 9 de Octubre de 2021
Si volviera a nacer sería jardinero. Pero el oficio que más le gusta es el de editor.

A sus 93 años y un nieto, Martín, de 3 años, publicó sus memorias con el título “Gabo +8”. En la obra narra su estrecha relación con el Nobel y con sus mejores amigos (los de ANGULO, aclaro; aunque uno se pone a contarlos y se le acaban los dedos de los pies y de las manos).  

En sus memorias se consigna buena parte de la historia cultural del país desde su óptica de exquisito y sonriente escritor. Cuando escribe no se permite ningún lapsus contra el idioma que maneja con precisión de reloj suizo, de esos que se atrasan un segundo cada tres mil años.  

Desde 1948, le dicen Maestro (la mayúscula nunca le quedó grande). Lo pusieron así sus colegas de grupo Manuel Mejía Vallejo, Alberto Aguirre, Carlos Castro Saavedra y otros.   

Nacido en Anorí, Antioquia, ha sido fotógrafo de primera línea. Le tomó las mejores fotos a su paisano el filósofo envigadeño Fernando González (dicho por el propio Brujo de Otraparte). Las últimas fotos se las tomó en su casa de México a su amigo el Nobel García Márquez, cuando estaba por cuenta del señor Alzheimer.   

También ha sido cinematografista, diplomático, periodista, cronista, orquideólogo, gocetas, traductor, conversador insigne y editor insomne.  

Todo lo ha hecho bien, incluidos sus dos vástagos.   Por eso provoca envidia. Dios no es imparcial. (Y eso que es ateo en protesta porque el de arriba inventó el alzhéimer que en plena pandemia se llevó también a su “princesa estrusca”, Vanna, su prima donna italiana).  

Las Farc lo secuestraron y casi se quedan con él porque les enseñaba a vivir, cocinar, cultivar; les encimaba clases magistrales de idiomas. Nos debe libro sobre el secuestro, pero dice que no lo escribirá.  

Tiene la seria sospecha de que el rescate de dos millones de dólares que exigían sus secuestradores – nada de captores- lo pagó García Márquez.   En cautiverio descubrió una nueva orquídea, la cereza en la copa de su hoja de vida.  

Fue encargado por el presidente Belisario Betancur de escoger a los doce mejores amigos de García Márquez para que lo acompañaran a recibir el Nobel de Literatura a Estocolmo. Como la caridad entra por casa, encabezó la lista con él 

Es de los que corrige con tanta sabiduría que casi le pide perdón al gazapeado por haberlo pillado in fraganti.   

De don García recibió esta cartilla: “Ser buen escritor consiste en escribir una línea y obligar al lector a leer la siguiente”.    

Si volviera a nacer sería jardinero. Pero el oficio que más le gusta es el de editor. Y espero no estar calumniándolo vilmente… 

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