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Aspectos de la reforma política

Martes, 20 de Septiembre de 2022
Dos aspectos de reforma política que inicia su trámite

La semana pasada el gobierno nacional presentó la reforma política y quiero referirme a dos aspectos del acto legislativo que inicia su trámite, cuyo objetivo es evidente:  

1. Reducción en la edad para ser congresista. Son muchos los argumentos que tradicionalmente se han esgrimido para justificar la existencia de dos Cámaras legislativas, nacidas en Inglaterra conforme a la distinción de clases sociales, que es el criterio aristocrático, para otorgarle a la nobleza una representación diferente a la del común de las gentes. Entonces nació la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes. En Colombia, aunque el origen o conformación de las dos Cámaras es democrático, se habla de Cámara alta - Senado - y Cámara baja - la de Representantes -. El hecho de que su génesis sea democrática debilita la Cámara alta. Sin embargo, es válido pensar que la única distinción que debería existir es que en el Senado debería prevalecer la mayor edad, entendiendo que serían legisladores con experiencia, serenidad y contrapeso de las precipitaciones e ímpetus de los de menor edad, los de la Cámara de Representantes. 

Nadie niega que hay jóvenes que a temprana edad son poseedores de una madurez de criterio envidiable, pero no es la norma general. De manera que disminuir la edad a 18 años para pertenecer a la Cámara de Representantes, y a 25 para el Senado, es un despropósito. Si bien es cierto que el constituyente de 1968, entre la negociación para que se aprobara la reforma de Carlos Lleras Restrepo, prácticamente obligó al gobierno a igualar funciones de ambas Cámaras y el periodo de representantes y senadores a cuatro años, no es menos cierto que hoy, con la Carta de 1991, por ejemplo, se le dio a la Cámara baja una responsabilidad grande para que no se sintieran achicopalados: iniciar el estudio de proyectos de envergadura, como las reformas tributarias.  Aun así, debe existir la distinción cronológica y funcional para iniciar el curso.  

2. Limitar la reelección. Limitar la reelección a dos periodos es otro error garrafal. Hay casos de congresistas que la gente percibe que faltan en el hemiciclo parlamentario, por ejemplo, los congresistas Víctor Renán Barco, Roberto Gerlein Echeverría y Gilberto Vieira White, liberal, conservador y comunista, respectivamente, que estuvieron en el Congreso desde temprana edad hasta que fallecieron. Renán Barco aportaba su sapiencia económica y tenía la virtud de colaborar con el gobierno y evitar los abusos de las reformas tributarias con el pueblo; Gerlein Echeverría aportaba su bonhomía, la gracia de su oratoria y la seriedad de sus argumentos en la discusión de proyectos de todo orden, y a Gilberto Vieira se le recuerda por sus convicciones políticas arraigadas, pero con una gran decencia, era todo un señor. Acaso no podría decirse lo mismo de Jorge Enrique Robledo y Carlos Gaviria Díaz, por la izquierda, y de un Alberto Santofimio Botero, liberal - independientemente de que haya sido encausado por presuntas indelicadezas -. Son congresistas, como muchos otros, que ejercieron hasta que el soberano lo dispuso, se enfermaron, aspiraron a otros destinos o la parca llegó a buscarlos. Todos ellos pertenecieron a los tres partidos tradicionales con protagonismo en el siglo XX.  

De manera que limitar el ejercicio parlamentario a dos periodos no es sano para la democracia, si se busca fortalecerla. Si lo que se busca es “mayor espacio de participación de los jóvenes en el Congreso de la República”, debería buscarse otra fórmula, porque esta que proponen los progresistas es nociva. Esperemos que no pase de ser una propuesta graciosa del nuevo gobierno. 

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