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Brasil y el nacional-populismo

Jueves, 9 de Septiembre de 2021
La política se preña de resentimientos. Y los dirigentes hoy recurren a esas miserias para lograr el poder, que se utilizan como parte de su patrimonio. Es el Nacional Populismo de estos días tan peligroso como los nacionalismos del siglo pasado.

Como cambian las cosas ahora en estos últimos años. Políticamente los últimos lustros del siglo XX los vivimos con un telón de fondo de fuerza de la izquierda a la derecha. Fuerza que quisiera más libertad y más igualdad y menos exclusión.

El progresismo buscaba apoyo en las fuerzas laborales, estudiantiles y centros de pensamiento, partidos socialdemócratas hacia una  mejor  redistribución del ingreso económico.

Llego la contrafuerza con la derecha propensión, que logró en casi todo el planeta la reducción del tamaño del Estado y la promoción intensa del sector privado. El replanteamiento hoy está lleno de emociones y es increíble. Las pasiones orientan los vectores de la política. Hay dos vectores: el éxito y los resentimientos,

La izquierda como que abandonó su lucha hacia una igualdad económica y torció hacia la agitación constante por intereses de grupos marginados: los inmigrantes, los negros, los hispanos, la comunidad LGBT y algunos religiosos, a veces de intereses absolutamente contrapuestos,

La derecha asume un nacionalismo de variados tintes, muchos fanatizados e intransigentes y los que no, un marrullerismo ideológico corrupto. Aunque, la corrupción permea hasta el moralismo de izquierda y entonces se torna más peligroso porque involucra masas. Esos nacionalismos tienen camisa populista en ambas rutas de izquierda o de derecha. De ahí el peligro que estamos viviendo. Peligroso porque utiliza todos los sentimientos y los resentimientos: de raza, de origen étnico y de religión, la menor incidencia es la ideológica.

Hoy prevalece el interés personal en todas las dimensiones, entramos al más egoísta de los mundos, cuando surge en la memoria de las masas las privaciones de niñez y adolescencia. Sí,  la política se preña de resentimientos. Y los dirigentes hoy, recurren a esas miserias para lograr el poder, que se utilizan como parte de su patrimonio. Es el Nacional Populismo de estos días, tan peligrosos como los nacionalismos del siglo pasado.

Esas demandas de las masas al decir de Fukuyama demandan reconocimiento público, reclaman la dignidad del grupo, la dignidad del ser humano, es el pretexto de las nuevas agitaciones por el poder para un uso personal. Es el caso de Bolsonaro en el Brasil.