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Cambio de modelo

Viernes, 5 de Junio de 2015
Políticos populistas se aprovechan de las esperanzas de los sectores desfavorecidos para prometer cosas inviables.

El gobierno ha expresado en reiteradas ocasiones que el modelo económico no está en discusión en las conversaciones que se adelantan en la Habana.

En la edición de 17 de mayo de la revista Semana, entrevistan a cuatro líderes representativos del sector privado, con respecto al proceso de paz. Antonio Celia Martínez-Aparicio, presidente de Promigás, es contundente en su respuesta sobre el tema: “…Entre otras cosas porque otro modelo no hay. Contra el capitalismo se han inventado toda clase de sistemas alternos, pero no han funcionado.

Lo que hay es que perfeccionarlo y hacerlo más justo y participativo, en el capitalismo hay que tratar de cerrar las desigualdades a través de inversión social”  Tiene razón, el modelo está lejos de ser perfecto pero es el que está más cerca de garantizar tres cosas fundamentales para cualquier sociedad: propiedad privada, libertad y mercados.

Estos elementos son claves para generar  riqueza y poder contar con inversiones que eleven los niveles de vida de toda la población.

Pero siempre existe la tentación del socialismo. Los políticos populistas se aprovechan de las esperanzas de los sectores más desfavorecidos para prometer cosas inviables .El caso de nuestro vecino, Venezuela, es muy diciente del fracaso del modelo socialista.

Sería interesante discutir esas modificaciones  que  requiere el capitalismo en nuestro país, porque esta discusión  se está dando en el mundo. Se habla de un nuevo capitalismo, de capitalismo inclusivo  o algunos dicen que no se trata de crear nada nuevo sino de trazar límites, el capitalismo no puede invadirlo todo.

La sociedad necesita un punto de apoyo no capitalista en la sociedad, la cultura, la educación, la salud y el Estado.

Las intervenciones estatales han sido y son imprescindibles para la supervivencia del capitalismo y se acude a la protección estatal cuando se está en problemas graves, como cuando ocurrió el  colapso financiero del 2008.

No es fácil encontrar un punto medio entre desregulación y exceso de regulación, faltan sistemas políticos de toma de decisiones  y de actuación suficientemente fuertes en los cambios supranacionales necesarios para poner límites a la actuación global del capitalismo financiero y las multinacionales.

Si no se va a cambiar el modelo es conveniente saber cuál es el capitalismo que le conviene a Colombia. En qué partes el Estado debe trazar unas fronteras que nos digan dónde los mercados no hacen bien su trabajo y requieren apoyo institucional.

Viene el problema de no crear un Estado enorme para controlar las nuevas actividades económicas, pero es el mismo mercado el que debe pagar sus controles.

El ejemplo en Colombia del cartel  de los pañales, de los cuadernos, del cemento, del arroz y otros muestran que no son fantasías que los mercados se manipulan de formas perversas.

Estas compañías  tienen grandes presupuestos para la defensa contra un Estado débil y es difícil vencerlas por sus equipos poderosos de abogados. Por lo tanto las multas deben ser suficientemente duras para que las empresas sientan el castigo.

Para concluir, Jürgen Kocka remata su libro Historia del capitalismo con este párrafo: “En cierto modo, cada época y cada civilización tienen el capitalismo que se merecen. En nuestros días, no se aprecian alternativas superiores frente al capitalismo. Pero sí que son concebibles (y, en parte ya se observan) variantes y alternativas muy diversas dentro  del capitalismo. Lo que está en juego es su evolución. La reforma del capitalismo  es una tarea permanente. Y en ella, el papel de la crítica al sistema es fundamental”.