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¡Chao a las Farc!

Miércoles, 5 de Julio de 2017
A partir de este momento no hay más excusas, a los exguerrilleros solo les queda recurrir a la fuerza de los argumentos.

“La política es la continuación de la guerra por otros medios” Michael Foucault.

Un hecho político e histórico es irrefutable, ante el mundo entero la guerrilla más antigua y fuerte de América Latina ha dejado de existir como grupo armado, así algunos sectores de derecha radical se nieguen a reconocerlo. El miedo a las Farc y el conflicto han determinado la agenda política colombiana desde hace un par de décadas, definiendo en gran medida cual iba ser la persona que llegaría a la Casa de Nariño con un discurso de guerra o de paz, según la coyuntura.

No es secreto que el proceso de paz actual ha tenido varios problemas, como algunas disidencias de las Farc que seguirán delinquiendo en forma de farcrim, bacrim, otras guerrillas o como delincuencia común. A hoy, el grueso de sus combatientes ya entregaron las armas y se están desmovilizando, un acontecimiento sorprendente, que hace algunos años hubiera sido impensado en este país.  

A partir de este momento no hay más excusas, a los exguerrilleros solo les queda recurrir a la fuerza de los argumentos, nunca más a las balas, porque si eso pasa, tendrán que ser juzgados con todo el peso de la ley. Que salgan las Farc y hagan política sin armas, al fin y al cabo eso es lo lógico después de una negociación, ahora les toca convencer al pueblo de sus ideales sin ningún tipo de violencia, como es lo normal en la mayoría de democracias serías existentes en el mundo.

Ahora bien, hay que ser realistas, es poco promisorio su futuro electoral, no sólo por el pasado terrorista, es también por el ejemplo del gobierno vecino (afín a esta guerrilla), llevando a Venezuela a una de sus peores crisis, con un proyecto político de izquierda radical (Revolución Bolivariana) que tiene a este país al borde de una guerra civil, con una economía en crisis, gran escases de alimentos y medicinas, y una represión armada contra el propio pueblo que se levanta exigiendo soluciones democráticas a la terrible situación. 

¡Bienvenidos a la democracia señores de las Farc!, pero eso si, hay que advertirles a ustedes y a los radicales de ambos bandos que las prioridades en el país deben ser otras, el discurso de “guerra – paz” debe pasar a un segundo plano, mientras que asuntos como la corrupción deberían ser fundamentales en la agenda política nacional, donde son pocos los políticos que pueden salir y hablar del tema con total autoridad ética y moral.   

Sólo atacando la corrupción enquistada en el Estado colombiano, se puede pensar en mejorar realmente las condiciones socio-económicas del país. La materialización de los puntos del acuerdo de paz en su mayoría contienen las reformas estructurales pendientes en el sector rural, en la participación en política, en la lucha contra el narcotráfico y en la reparación integral a las víctimas, que son deudas históricas del Estado con la mayoría de colombianos.

Aunque es causa de alegría saber que en el país estamos cambiando las balas por las palabras, personalmente le declaro la guerra a los extremos políticos, una guerra de argumentos, con batallas de ideas y donde las víctimas solamente sean las mentiras y los fanatismos. A la izquierda simpatizante del Chavismo no le creo, el “socialismo” del siglo XXI resultó replicando de una forma peor, las prácticas que tanto criticaba, y a la derecha pura y dura colombiana tampoco, cuando han gobernado el costo en vidas humanas y en recursos económicos ha sido altísimo sin lograr cumplir los objetivos prometidos en sus programas de gobierno.

Necesitamos una propuesta política centrada, que luche con firmeza contra los grupos ilegales que quedan, pero que a su vez garantice las reformas estructurales incluidas en la implementación de los acuerdos, logrando de una vez por todas avanzar en tantos asuntos pendientes, que por estar enfrascados y distraídos en una guerra sin sentido, han sido relegados, mientras los mas pobres ponían los muertos y la mayoría de la clase política tradicional se robaba el país sin pudor alguno.

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