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Colombia ¿país inviable?

Sábado, 13 de Noviembre de 2021
Y eso también se concreta en dichos populares como “puesta la ley, puesta la trampa”. O hay que “buscarle la comba al palo”, reflejo del gobierno colonial que se regía por la máxima “se obedece pero no se cumple”.

Después de 200 años de haber declarado nuestra independencia de la metrópoli española, mantenemos ese prurito que parece irrefrenable de que cuando alguien hace una propuesta, inmediatamente otro hará una contrapropuesta en abierta oposición a la primera. Esto ocurre desde lo más baladí y podríamos decir que a nivel familiar hasta llegar a las más altas esferas del Gobierno, incluyendo al presidente y a los que fungen como representantes del pueblo, pero solo se aproximan a él para pedir su  voto al Senado o la Cámara de Representantes.

Una muestra de ésta inveterada cultura ciudadana la presenta el proceso de revocatoria, que, no bien se posesionaron alcaldes en diferentes ciudades del país, los grupos afectados por el cambio inmediatamente hubieran recurrido al mecanismo de las revocatorias, como está ocurriendo en nuestra querida Cúcuta y que para bien del futuro de la capital nortesantandereana, no puede prosperar.

Decía Jorge Maldonado Villamizar en este mismo diario que no lo hemos superado, sino que por el contrario, continuamos viviendo con otros protagonistas las mismas diferencias por el sistema de gobierno que originaron una pelea a muerte entre protagonistas de una nación que recién proclama su emancipación de España,  pero que en ese momento ni siquiera la había consolidado.

El ejemplo de la convención de Ocaña que se convoca ilegalmente, ya que ella misma había previsto su continuidad por diez años, termina sin éxito por orden de Bolívar de que los constituyentes partidarios suyos, simplemente no lleguen a Ocaña y de esa manera no se pueda obtener el quórum necesario para el cambio. Que eso haya causado la disolución de la Gran Colombia no es cierto, ya que con o sin esa Constitución, los caudillos regionales venezolanos, Páez en Venezuela y Flórez en el Ecuador se hubieran separado de Colombia para no someterse a un congreso de las provincias que hubiera tenido su sede en Bogotá.

Y eso también se concreta en dichos populares como “puesta la ley, puesta la trampa”. O hay que “buscarle la comba al palo”, reflejo del gobierno colonial que se regía por la máxima “se obedece pero no se cumple”, como ha ocurrido y parece que sigue ocurriendo en nuestro país, donde se ha olvidado el principio fundamental del derecho internacional que es “pacta sunt servanda”  para hacer amigos o enemigos y desconocer los tratados internacionales y la misma Constitución en nuestro trajín interior.

Lo mismo ocurre en la mayor parte de nuestras instituciones, supuestamente democráticas, en las que, si una persona o grupo de personas propone algo para el mejoramiento de esa asociación, inmediatamente aparece otro grupo que le llevará la contraria proponiendo su propia manera de ver las cosas de manera excluyente del primero que la propuso.

Pero más preocupante aún son las contrapropuestas a las que tienen como fin salvaguardar la humanidad, como en el caso de la necesidad de vacunación proclamada por las Naciones Unidas e inmediatamente contrapuesta por una campaña orquestada fundamentalmente por la ignorancia que trata de impedir que la gente se vacune y se pueda llegar a la inmunidad de rebaño que es la única posibilidad que tenemos de sobrevivir como especie a esta pandemia.
O el problema que amenaza con producir la sexta extinción de las especies que se podría dar antes de comenzar la siguiente década o para el 2050 como lo prevé el foro de Glasgow si no rebajamos la producción de gases de efecto invernadero.

Me pregunto si no será posible que cambiemos esa cultura por una que permita trabajar unidos por un mismo propósito. ¿Será que solo con esa visión dicotómica de todo el acontecer, desde la familia hasta el mundo entero, también dividido en  forma tripolar, las conversaciones y los acuerdos no podrían superar eso que parecería ser parte de la naturaleza humana alimentada por los egos desmedidos de los directivos desde la  organización barrial  hasta las Naciones Unidas? o ¿será pensar con el deseo?
 

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