¿Cómo pagar la deuda pública?

Lunes, 22 de Febrero de 2021
Lo grave no es que crezca la deuda; es que crezca tanto, con decrecimiento de la producción, rebaja en el ingreso por habitante, subida de la pobreza y aumento de la población, con alto desempleo.

El mundo está endeudado. Varios países desarrollados cuentan con créditos públicos que superan el 100% del PIB; es decir, deben todo lo que producen y más; el ingreso per cápita de los europeos y norteamericanos, está comprometido con deudas de sus estados, sin contar las privadas. Así, los espacios para el ahorro y la inversión son pocos y por ende, se afectan crecimiento futuro y viabilidad del pago de las acreencias. 

En Colombia, el endeudamiento público ha llegado al aterrador 65% del PIB: de cada diez pesos que producimos, casi siete están comprometidos con deuda pública; de los US 5300 de ingreso por habitante, a donde cayó el PIB año pasado por la pandemia, US 3550 es lo que cada uno debe a nombre del estado en pesos y dólares. Es el doble de hace 8 años, se aceleró en 2019 y, dramáticamente, en 2020. 

Lo grave no es que crezca la deuda; es que crezca tanto, con decrecimiento de la producción, rebaja en el ingreso por habitante, subida de la pobreza y aumento de la población, con alto desempleo. Nos prestan afuera, porque aún tenemos grado de inversión y un récord impecable de pagos; y adentro porque el estado es el mejor cliente de los bancos. Al menos por el momento. 

La pregunta es cómo vamos a retomar la senda de un crecimiento que mejore la relación deuda-producto y deuda-ingreso. Con aguacates, cafés especiales, flores, manufacturas livianas, turismo y aceite de palma solamente, no lo vamos a lograr; en el mediano plazo creceríamos al modesto y tradicional 3%, con un pico del 4% este año, y así nuestra capacidad de ahorrar como personas, empresas y estado estaría muy limitada. 

La única solución es hallar activos adicionales que refuercen el camino exportador que tan difícilmente hemos trazado en estos años. Me refiero a nuestros recursos naturales no renovables. El petróleo, el gas, el oro, el hierro, el mismo carbón, el fósforo, las tierras raras, la plata, las piedras preciosas y demás, fungen como el medio más seguro para evitar un colapso de nuestro sendero hacia la prosperidad y el desarrollo, seriamente entrabado por el año 2020 y su virus. 

El mundo desarrollado, si no hay más novedades de salud pública, volverá al consumo alto de energía y de materias primas en 2021 y siguientes; el horizonte de largo plazo es afortunadamente el de las energías renovables, en las cuales también tenemos potencial; pero en el mediano y corto plazo petróleo, carbón y gas tendrán precios crecientes y rentables para el ahorro del estado y para la exploración de nuevas fuentes. ¿Que el carbón nos lo van a dejar de comprar desde mañana? ¡Paja! Tomará por lo menos dos generaciones reemplazarlo en las térmicas del mundo por energía del viento y de la luz solar, entre otras cosas porque el nivel de la caída en los precios de las energías limpias, no es suficiente para amortiguar el del ingreso de la mayoría de los habitantes del planeta. ¿Que los carros y las motos van a ser eléctricos? Sí, ¡pero no todos y no mañana! Seguiremos echándoles gasolina, gas, etanol y diesel durante décadas mientras se recuperan los ingresos, para que la mayoría pueda pasarse a eléctricos o de hidrógeno. Cosa parecida sucederá con los metales y demás productos mineros: su demanda, para manufacturar bienes de alta tecnología, seguirá creciendo inexorablemente. 

Colombia tiene estos activos; son para usarlos en el mejor momento y éste ha llegado; el momento para pagar la deuda y crecer; para desarrollarnos a base en nuestras propias riquezas naturales, agregadas al gran esfuerzo nacional que ha significado ser un país de ingresos medios, miembro de la OCDE. El gran empujón de desarrollo de este siglo lo dio el uso de nuestra naturaleza generosa; repitámoslo, mitigando más los riesgos ambientales. La humanidad ha usado sus recursos cuando los ha necesitado y, con responsabilidad, es nuestro día de aprovecharlos o colapsar.