¿Cómo será mejor?

Jueves, 7 de Enero de 2021
En estos tiempos hay quienes se ríen de los que no se ríen. Los que piensan que el cuento del virus es puro cuento.

Desde que el mundo es mundo la humanidad se ha dividido en dos grandes grupos: Buenos y malos,  bonitos y feos, grandes y chicos, brutos y menos brutos, hombres y mujeres. En todo siempre pasa lo mismo. Los que ponen y los que se oponen. Los que mandan y los que hacen mandados.

En esta época de pandemia y de cuarentena, también en el mundo han aparecido dos grupos: los que se cuidan y los que se alzan de hombros porque les importa un culantro lo que están viendo. Los que prefieren quedarse encerrados en la casa y prefieren hacer las paces con la mujer, antes  que exponerse a que los entierren sin misa, sin flores y sin discursos de despedida. 

En estos tiempos hay quienes  se ríen de los que no se ríen. Los que piensan que el cuento del virus es puro cuento. Y están los otros, los obedientes, agachaditos, los que dicen con el refrán “que algo tendrá el agua cuando la bendicen”.

Es lo que está pasando ahora con las vacunas. Media humanidad jura y rejura y toca madera asegurando que la vacuna es mala, que no buscan prevenir la peste sino inocularnos un chip para que vivamos  sometidos a los dueños del mundo. Cuando el argumento se les  cansa, dicen que la vacuna lo que busca es exterminar gente porque la tierra está superpoblada y llegará el día en que no va a haber cama para tanta gente, y lo mejor es empezar desde ya las eliminatorias para que a la final lleguemos pocos, los mejores, los seleccionados.

Le escuché decir a un predicador de garaje que la Biblia lo dice en palabras de Jesús: “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”, lo que significa, palabras más, palabras menos, que a la montonera les aplican la vacuna para dejar sólo a los escogidos.

He visto también gente de delantal blanco, que se presentan como autoridades en el tema, recomendando no dejarse aplicar la vacuna porque les tuerce la cara, los deja calvos y sin dientes y empiezan a hablar todos en modo gangoso para que nadie los entienda.

La otra mitad del género humano está compuesta por los que defienden la vacuna a capa y espada, con tanta insistencia que parece sospechosa. Y les meten terronera a los que dudan de la efectividad del chuzón.

Primero muerto que con trenzas, me dijo un amigo, porque leyó un artículo donde dicen que la vacuna hace cambiar de sexo a los que se la aplican. Le digo que eso es pura m…mentira, que nada le va a pasar, y cierra el debate con aquel famoso dicho: Primero muerto que bombardeado.

Yo, en verdad, no sé a qué atenerme. La primera vez que me vacunaron, me dio fiebre, lloradera, moqueadera y dolor de nalgas. Estaba muy chico, y a los niños de la escuela nos llevaban en fila india, como ganado al matadero, hasta la casa cural, donde la comisión de vacunadores había instalado su carpa de campaña. Nos trató tan mal esa vacuna contra el sarampión y la viruela, que la maestra decidió darnos tres días de asueto, sin hacer tareas, sin ir a la escuela y sin ir a plaza a darle pata al balón.

Después de viejo, supe que la guerrilla estaba vacunando. El que quisiera vivir, debía pagarles un impuesto, que ellos llamaban vacuna.  En muchas partes hubo quienes se negaron a pagar la vacuna, y aparecieron muertos con un letrerito colgado al cuello: Por no dejarse vacunar.

Y en esas estamos ahora: ¿Cómo será mejor morir: con vacuna o sin vacuna?

gusgomar@hotmail.com