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Cuando África arranque

Sábado, 13 de Agosto de 2022
Cuando África arranque, América Latina desde México a Chile y desde Colombia a Brasil, quedará como la región fallida del mundo.

Las noticias diarias de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés) trae un reporte de CNN del 8 de agosto pasado, sobre proyectos de infraestructura en África, sosteniendo que “En todo el continente africano, se están desarrollando sistemas de transporte innovadores, operaciones de telecomunicaciones y ciudades inteligentes para impulsar las economías y aumentar las oportunidades comerciales”. 


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Entre los proyectos referencian el proyecto Google Aquiano de cable submarino que va desde Portugal a Suráfrica, con el potencial de aumentar cinco veces la velocidad de comunicación y reducir el costo de los datos. Altaeros, empresa de globos aerostáticos, se asoció con la empresa británica World Mobile para suministrar globos de Internet para entregar parte de su red en Zanzíbar; dos globos llenos de helio que funcionan con energía solar flotarán a 300 metros sobre la tierra y tendrán un alcance de transmisión de alrededor de 70 kilómetros cada uno, utilizando frecuencias 3G y 4G para transmitir su señal. Desde 2015, a 45 kilómetros al este de El Cairo, la capital de Egipto se está construyendo una nueva capital administrativa a un costo de 58 mil millones de dólares, incluyendo un monorriel de 100 kilómetros. Proyectos como Lekki Deep Sea Port en Lagos, puerto de aguas profundas, tienen como objetivo reposicionar las ciudades africanas como centros de negocios internacionalmente competitivos; está diseñado para manejar cuatro millones de toneladas métricas de productos secos al año. Hay proyectos férreos en desarrollo en Kenia, Nigeria y Egipto. Está el proyecto de ampliar el canal de Suez. En Kenia,  Konza Technological City (conocida como Konza Technopolis) está diseñada para convertirse en el hogar de la floreciente escena tecnológica de Kenia; a solo 37 millas de Nairobi, la ciudad de dos mil hectareas es el proyecto insignia de Kenya 2030 Vision, una iniciativa para impulsar el crecimiento económico en el sector de la tecnología y las comunicaciones. Ya está en operación el puente Kazungula sobre el río Zambezi conectando Botswana y Zambia. 

Cuando África arranque, América Latina desde México a Chile y desde Colombia a Brasil, quedará como la región fallida del mundo, encerrada en su trampa de pobreza de la mano del discurso populista de izquierda, de base jurásica castrista. Y el problema es que África aparece hoy como la región con mejor pronostico demográfico de países jóvenes, que si se encuentran con un modelo basado en el desarrollo y no en el discurso estéril de la lucha de clases, es la mezcla que lleva al desarrollo. América Latina empezó a envejecer y se quedó en el viejo discurso ideológico soviético, lo cual significa que América Latina si algún día logra sacudirse el discurso izquierdista, sus probabilidades de desarrollo estarán en contra. Cuba lleva setenta años en la década de los 50 del siglo XX y ese es el ejemplo, lo cual llama al pesimismo.

África también tuvo ese virus, pero se vacunó. Basta recordar al egipcio Gamal Abdel Nasser, izquierdista pro-URSS y quien amenazó con desaparecer a Israel, un centro “sionista y del imperialismo yanqui” y perdió, con el apoyo de URSS, todas las guerras con Israel. Suráfrica superó su pasado y solo piensa en el desarrollo, después de un proceso de paz sin impunidad ni historia “oficial”. 

Una edición de la revista Foreign Affairs en español se titulaba “América Latina, Crimen sin Castigo”. Como en una especie de maldición, América Latina no pudo superar el modelo colonial español de economía rentista y restricción política y ha navegado por dos siglos por un subdesarrollo crónico que los “intelectuales” buscaron cambiar por el populismo socialista, con eventuales milagros económicos como Argentina de finales del siglo XIX y principios de siglo XX, o la Chile post-Allende e incluso Venezuela. Pero estos ejemplos muestran que estamos como Sísifo en el mito griego, condenados a permanecer en el subdesarrollo, rasgo cultural que debe estudiarse desde una óptica no marxista, tipo de Roux, sino con método científico.

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