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Cuando los gobernantes apuestan

¿Cómo han sido los gobiernos en Latinoamérica?

Sucede frecuentemente que el futuro de un país depende de la personalidad, caprichos y en ocasiones veleidades de sus gobernantes. No es sino recordar lo que sucedió en el año 64 d.c. en el imperio Romano cuando fue incendiada, y mientras la ciudad eterna ardía por el fuego que provocó su emperador Nerón que le sirvió de excusa para culpar a los cristianos y ordenar su primera persecución, en palacio, Nerón disfrutaba ver a su ciudad ardiendo y por ello celebraba y cantaba y tocaba la lira.

Las veleidades y caprichos de los gobernantes en ocasiones llegan a ser infinitas, sorprendentes y peligrosas. Dos mil años después, hoy el mundo enfrenta un gobernante arrogante y soberbio, en la que algunos aseguran que sus ideas delirantes surgieron porque durante la pandemia se encerró en su biblioteca a leer historia rusa, y después de muchos días de lecturas, llegó a concluir que su imperio debía recuperar su poderío y grandeza. Es la historia que hoy en día tiene en vilo al mundo con Vladimir Putin.

Es probable que los gobernantes cuando ya estén ejercicio del cargo jueguen con el poder, algo así como lo describe Dostoievsky en su novela “El jugador”, en la que el azar decide por los hombres, en donde un gran manipulador- ¿Dios? ¿El diablo? ¿El zar? ¿La policía? -, como en un golpe de dados, decide la suerte de los países.

Putin jugó a que con facilidad invadía Ucranía, y apenas le eran suficientes un par de días para derrotarla, y después de tres meses se encuentra que ese país pequeño y en apariencia débil, reaccionó, contraatacó, y ahora ese gobernante que leyó en exceso durante la pandemia, y en algo perdió la coherencia y secuencia y objetividad de los hechos y de la historia como lo asegura una revista francesa, ahora, ya vencido y herido en su orgullo, así como Nerón cuando incendió Roma, Putin trata de incendiar el mundo anunciando hasta la utilización de armas nucleares. El mundo en riesgo por una idea delirante de su gobernante, pero preocupa su gran poder nuclear.

Por aquí en América Latina existen otros gobernantes que también juegan al azar, como en un golpe de dados, con el futuro de sus países. Bolsonaro durante la pandemia hizo una apuesta demencial: desafiar el coronavirus. Promovió una política pública para que la gente no se vacunara porque según su percepción, ese virus no existía.

Al final su país fue uno de los que tuvo que soportar una de las mayores tragedias en el mundo por la cantidad de muertos. Esa apuesta demencial del presidente de Brasil, quien seguramente desde el palacio presidencial, al igual que Nerón, es probable que al menos miraba con desprecio las imágenes de su país en las que brasileros pobres y sin ningún futuro, eran enterrados en fosas comunes; ahora ese presidente muy probablemente pierda las elecciones por jugar y desafiar el coronavirus. Ahora está asustado porque puede perder las elecciones.

Hace algo más de un año en Perú, un maestro rural de una escuela, apostó a lo que no sabía: a ser presidente. El asunto es que en ese juego ganó y ahora es el presidente de su país, pero el problema es que de gobernar no tiene ni idea. En esa apuesta también puede perder, la fiscalía de su país lo ha acusado de corrupción y podría terminar preso.

Hace algunos años sucedió que en otro país latinoamericano, Venezuela jugó a ser socialista, y de esa ideología no existe nada. Hoy siguen saliendo venezolanos desesperados y con hambre de su país a pesar de que produce más barriles de petróleo. Y en la Colombia de hoy, sin duda todos queremos la paz total. Tan solo esperamos que en un par de años esta propuesta no termine en una crónica parecida a las anteriores, y lamentablemente lleguemos a pensar que fue otro juego de dados, como lo decía Dostoievsky.

Domingo, 25 de Septiembre de 2022

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