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Curso lento de idiomas (III)

Viernes, 12 de Noviembre de 2021
En la Locombia (como en toda Latinoamérica) el idioma español, a diferencia de otros seres vivos, sólo crece y se reproduce, sin tregua, pero también atesora vocablos que suponemos muy nuestros.

Navegando por ahí, aparecen documentos curiosos como el del señor Günter Haensch, lingüista, lexicógrafo y traductor alemán. Aparte de numerosos estudios y diccionarios de americanismos, dedicó, en no más de cuarenta páginas un texto llamado: “Anglicismos y galicismos en el español de Colombia”.

Como ya sabemos (a veces no tanto) el lenguaje migra, se entromete, se aclimata, irrumpe, usurpa, se acomoda, se mimetiza, se apropia. El lenguaje es riqueza, diversidad; es sostenible, resiliente y resistente, como todo ahora. Es contacto, mezcla, revoltillo, sumas y restas, apertura de coco, acervo, herencia, futuro, entendimiento y choque, respect, fraternité, ignorancia y saber.

En la Locombia (como en toda Latinoamérica) el idioma español, a diferencia de otros seres vivos, sólo crece y se reproduce, sin tregua, pero también atesora vocablos que suponemos muy nuestros, pero que en realidad son préstamos de otras lenguas, que las han traído a su vez, de otras y éstas de otra, así, hasta llegar a las lenguas madres y abuelas.

Presentamos aquí algunos ejemplos de la recopilación del citado y desaparecido estudioso teutón (“contaminado” por colombiana); todos, ilustrados con las mejores intenciones y como es costumbre, con sus bienintencionados aguijones. Carro. Vehículo de transporte, del inglés car, que en la península insisten en llamar coche, palabra de origen húngaro, al parecer. Si se le dice auto o automóvil deberíamos entender.

Clóset. Armario empotrado adonde acuden amantes furtivos y de donde otros salen. En el cono sur, prefieren el francés placar (placard). También salen y entran las mismas criaturas.

Gamín. “Niño de la calle”, importado de Francia (el término, no el niño) que solía (suele) deambular por las calles en búsqueda de comida, pilatuna o pillaje menor. Algunos se han instalado en órganos legislativos en búsqueda mayores ambiciones.

Briqué. Del franchute con te final. Adminículo que algunos llaman encendedor, yesquero, mechero, fosforera, que cuesta hacer funcionar cuando no fumamos y que cuesta pedir cuando queremos fumar. Algunos piden candela, fuego y listo.

Coche. Vehículo de transporte para bebés, que en la península insisten en llamar carrito.

Brasier. Sutián en algunos condados, sostén en otros, sujetador también; artilugio de postura elemental para sus usuarias y de incomprensible desmonte para algunos opuestos.

Vestier. También, probador, vestidor. Lugar pequeño donde caben tres chicas; teatrino donde se prueba ropa que se pretende comprar, otra que nunca llevaríamos y otra inalcanzable.

Coche (2). Carruaje, vehículo tirado por caballos, prohibido por algunos burgomaestres que, a su vez, se transportan -con suficientes caballos de fuerza (horse power), o caballos de vapor (cheval-vapeur)- en suntuosos cochazos y carrazos.

Bluyín. Prenda gruesa de algodón para meter las piernas (y la pata si cabe), generalmente de color blue y en forma de jean. En España, vaqueros, y a su vez éstos, cowboys.

Champaña. Bebida muy reputada si se pronuncia champán, mejor aún si se arriesga decir champagne. Si no hay capacidad de rie$go, vino espumoso. 

Chores. Pantalón corto que en Bermudas son traje oficial masculino y en las zonas tórridas del mundo se las pone todo el mundo. Al cortar un bluyín, se obtienen unos shorts o mochos.

Chofer. Así, palabra aguda, como algunos conductores y las choferesas. En España, le zamparon la tilde, chófer, como si viniera del inglés y condujeran por la derecha.

Ful. Que el cine está lleno. Que al carro no le cabe más gasolina. Que al clóset no le caben más infieles, que al vestier no le caben más infielas. Ful-chévere-bacano. Ciao pescao.

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