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De Gramalote a Salgar

Viernes, 29 de Mayo de 2015
Me aventuro a decir que en menos de dos años Salgar estará reconstruida y nosotros seguiremos esperando que el gobierno nacional reconstruya Gramalote.

La avalancha en el pueblo de Salgar, Antioquia, es una más de esas catástrofes no previstas que se suceden de manera crónica en Colombia. Sobra decir que nos unimos al pesar de todo el pueblo colombiano, y en particular del antioqueño por esta tragedia.
Tenemos un organismo de orden nacional de prevención y atención de desastres, pero los desastres con perfiles similares siguen sucediéndose en todo el país.  Recordamos Armero, el sismo y avalanchas en el río Páez, Gramalote, entre otras, a las cuales ahora hay que sumar Salgar.

El Gobierno Nacional, cada vez más grande, o mejor más gordo, cuenta con el Servicio Geológico Colombiano, el Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el Departamento Nacional de Planeación hoy dedicado a ”repartir” regalías, y otros entes que deberían de manera conjunta o individual evaluar los riesgos geológicos de cada cabecera urbana del país, además de obtener los mapas de microzonificación sísmica de todo el país, y actuar en consecuencia, pero nada de eso es posible por razones jurídico-políticas.

Dos de ellas explican que todavía éste país esté sometido al embate de la naturaleza: la primera es que los organismos de carácter nacional asesoran, dirigen, reglan, acompañan procesos, pero no ejecutan nada, y la segunda es que todo se descarga sobre la administración local, incapaz por falta de interés, ineptitud y recursos. Esperamos la próxima avalancha, para saber dónde caerá esa lotería de muerte. Y hasta ahí va el parecido.

Lo diferentes es que Gramalote queda en Norte de Santander y Salgar en Antioquia. En Norte de Santander nos sentamos a esperar que el gobierno nacional nos reconstruyera Gramalote, y ahí vamos lento y sin afán; en Antioquia la sociedad civil y el empresariado se volcó sobre Salgar exigiendo al gobierno nacional soluciones y aportando ellos a la misma. No se sientan a esperar a papa gobierno, se paran a trabajar y exigen a papa gobierno.

Me aventuro a decir que en menos de dos años Salgar estará reconstruida y nosotros seguiremos esperando que el gobierno nacional reconstruya Gramalote. Y nos alegraremos si otro nortesantandereano llega al Gobierno nacional, para que, ahora sí, nos hagan lo que nunca nos han hecho.

Existe una especie de daño cerebral regional, que tiene como variante del mito fundacional, uno que podríamos llamar mito subsistencial, el papel semidivino del estado, solicitándole a este, hasta la mendicidad, que cubra todas nuestras necesidades. No ha servido para derrotar ese mito, décadas de promesas incumplidas, administraciones nacionales, regionales y locales incapaces y con agenda propia, muchos nortesantandereanos en cargos nacionales y ni siquiera observar lo que pasa en Venezuela, donde el estado socialista iba a proveer de todo a sus ciudadanos.

No hemos entendido que el desarrollo debe venir de una sociedad organizada con un sector privado fuerte, aún a pesar del estado, y que para lograr eso se requiere una catarsis para dejar atrás el pensamiento individualista, minimalista, mendigante y mediocre. ¿Qué será más fácil, mejorar el estado o hacer la catarsis que nos permita unirnos en un propósito regional?. Difícil, porque ambos son ya entrados en muchos años.

Lo más triste es que nuestra región entre finales del siglo XIX y los años 40 del siglo XX basó su desarrollo en lo privado, de la mano de alemanes e italianos, con vigilancia sobre lo público. Nuestros años dorados. Es famosa la historia del año que Cúcuta estuvo sin alcalde, por la mala imagen del cargo. Nuestra diferencia con los paisas es del tamaño de nuestros desarrollos relativos y nuestras mentalidades.