Desatino monumental

Martes, 12 de Enero de 2021
Que el articulista no conozca textos de Echandía no significa que no existan.

Recientemente leí en un portal periodístico del Eje Cafetero un artículo sobre el doctor Darío Echandía, donde el articulista combina la adulación con la denigración del personaje, que dice haber visitado en 1965 en su apartamento capitalino, junto con otros estudiantes.

Quienes estudiamos Derecho en la década de los ochenta, del siglo pasado, conocimos la historia constitucional de la República y descubrimos en todo su vigor intelectual y honradez política la persona de Darío Echandía, y con mayor razón cuando le hicimos seguimiento retrospectivo a su etapa de formación, consultando textos de sus compañeros de clase, como Juan Lozano y Lozano, quien, en “Mis contemporáneos”, describe perfectamente a Echandía como estudiante del Colegio Mayor del Rosario y su voracidad como lector de textos jurídicos, literarios y filosóficos. 

En la etapa prerrevolucionaria y los primeros años de la llamada Independencia -20 de julio de 1810- fue don Camilo Torres Tenorio llamado la “Conciencia jurídica del régimen”, por su sapiencia legal. Este título lo heredó merecidamente el expresidente Darío Echandía Olaya, cuando, en los años setenta, del siglo XX, desde su Noticiero Telediario, el periodista e historiador Arturo Abella Rodríguez lo llamó “Conciencia jurídica de la Nación”. Otros lo denominaron “conciencia moral y jurídica del liberalismo y del país”. Y con esos títulos quedó bautizado. Era un apasionado de la filosofía, la lectura de los clásicos, el derecho romano y, de joven, según Plinio Mendoza Neira, quería ser juez y magistrado de la Corte Suprema de Justicia, hasta que el entonces presidente Alfonso López Pumarejo truncó sus aspiraciones nombrándolo ministro de Gobierno. Más tarde, en su momento, fue presidente de las tres ramas del poder público. 

Entonces, personalmente me parece un desatino histórico que el articulista manifieste con desparpajo, y endilgándole la frase a otro porque no es capaz de sostenerla, que “Alguien decía que lo consideraban el genio jurídico, sin haber escrito un renglón al respecto”. Que el articulista no conozca textos de Echandía no significa que no existan, lo único cierto es que él no se preocupó por publicar, pero otros sí lo hicieron por él: el Estado y la empresa privada. En 1969 es publicado “Humanismo y técnica” con textos suyos; en 1980, “Darío Echandía. Su vida, su pensamiento” con textos suyos; en 1982, el Banco de la República publicó en cuatro volúmenes las “Obras Selectas de Darío Echandía”, textos que el propio Echandía revisó antes de su publicación, lo cual le da autenticidad. Son títulos consagrados a Echandía en todas sus facetas: filósofo, jurista, magistrado, parlamentario, docente e ideólogo socialdemócrata. En 2017, la Universidad Libre y la Academia Colombiana de Jurisprudencia publican “Darío Echandía Olaya. Colombiano ejemplar”, donde el autor analiza los tomos auténticos del Banco de la República. 

Además, como documentos históricos, hoy es fácil consultar las diecisiete sentencias de casación civil y una sentencia de constitucionalidad proferidas por el magistrado Darío Echandía entre 1954 y 1955. Todo este acervo intelectual original fue el que ignoró el articulista de marras, a quien conozco muy bien -de trato, vista y comunicación- por sus antiguas veleidades izquierdosas.