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Descarbonizar Colombia

Sábado, 5 de Marzo de 2022
Descarbonizar el país debe ser el eje central de la apuesta económica del próximo gobierno como recientemente hizo la nueva coalición alemana.

Es el esfuerzo de eliminar la producción de dióxido de carbono en la economía. Con las 237 millones de toneladas que emitimos al año, 0,47% de las emisiones globales de CO2, no somos grandes causantes del cambio climático, pero si seremos víctimas. La meta de reducción de 51% de emisiones al 2030 se logra en esencia a través de una gran siembra de árboles, 180 millones para el 2022. La estrategia verde actual se enfoca en sacarla barata, pocos cambios estructurales. Este sendero no solo nos dejará por fuera de los negocios del futuro, sino que nos restará autoridad moral para exigir más.

La parte difícil de electrificación limpia ya está hecha, nuestras hidroeléctricas le dan al país la cuarta matriz energética más limpia del mundo. Aún así, la CREG debe seguir reemplazando carbón y diesel por energías solares y eólicas. Son prioritarios los nuevos pilotos de baterías e impulsar producción de hidrógeno azul y verde. Pero estas iniciativas requieren un nuevo modelo, como las líneas de transmisión de la Guajira que habilitan miles de MW de energía renovable, pero llevan atadas años en consultas previas, condenando a Colombia al pasado de la contaminación ambiental.

La demanda también debe ser parte de la descarbonización. Tras tres décadas de mejores regulatorias, en California hoy los edificios consumen 80% menos energía, estas buenas practicas deben ser adoptadas. Mincomercio a través de sus reglamentos técnicos debe elevar estándares técnicos en bombillos, neveras, y aires acondicionados. Inclusive se podría organizar un crédito multilateral subsidiado para reemplazar electrodomésticos en hogares de bajos ingresos. La CREG debe introducir sostenibilidad en la generación permitiendo seleccionar electricidad 100% renovable, aunque el hogar pague más.

Cuando creamos el impuesto al carbono en 2016 fue un buen primer paso, pero ya es ahora de ponerle un límite a la emisión de CO2 creando un mercado de créditos de carbono. Al parecer, México será el primer país de América Latina en crearlo en el 2022; Colombia no debe esperar hasta el 2024 para empezar. La cooperación internacional es importante para evitar la deforestación, pero será el mercado de carbono el que generará los incentivos económicos para que al proteger los bosques primarios nos otorgue una vida más decente.

Mucho énfasis se hace en transformar el aparato productivo agropecuario, pero la financiación y experticia técnica sostenible hoy no están disponibles. También se requiere más, no menos minería, especialmente de minerales de transición como el cobre que facilitan la manufactura de la tecnología requerida para la transición energética. Pero toda minería debe ser C02 neutra y el carbón, como fuente de energía, debe ir cerrando su ciclo de uso. En nuestro esfuerzo para reformar el aparato productivo, las normas arancelarias deberán incorporar la contaminación de los países de origen.

Descarbonizar el país debe ser el eje central de la apuesta económica del próximo gobierno como recientemente hizo la nueva coalición alemana. El esfuerzo nos hará más eficientes y ahorrará recursos en el largo plazo. Depender solo de la siembra de árboles, aunque es más barato, no permite crear una nueva economía. No se nos olvide que lo barato sale caro.  

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