Diciembre con pandemia

Jueves, 26 de Noviembre de 2020
La gente sabe que las fiestas navideñas de este año van a ser diferentes.

Empezaron a sonar ya los villancicos y la música de rumbear en los diciembres. Hay luces en los almacenes y arbolitos de navidad. Las amas de casa adornan las paredes con venados y campanas y muñequitos porque llegó la magia de la navidad, que a todos alegra. 

Pero hay algo que no cuadra. La gente sabe que las fiestas navideñas de este año van a ser diferentes, con algo de alegría, pero con algo de tristeza. Sin mucha bebeta, sin mucho bailoteo, y sin mucho abrazo ni besito orejero. 

 Nadie se imaginó que el diciembre de 2020 iba a ser otra cosa, diferente a la de todos los diciembres. Claro, habrá hayacas y rezo de la novena y gozos y villancicos, pero con un poco de desánimo, con pocas ganas, con entrega de regalos sin la bulla a que estábamos acostumbrados.

Vi por redes una noticia muy cruel. Que este año, por la pandemia, por miedo a contagiarse, el viejito Noel no iba a salir a repartir regalos de navidad. Que les iba a dar el ancho a sus renos y él mismo se iba a dar sus vacaciones. Que el virus andaba como endemoniado picando aquí y allá, y que los de la quinta edad como él y otros que conozco, no debían exponerse.

En lo de cuidarse tiene toda la razón. Ese tal Covid (no le sé el apellido) no perdona a nadie. Al que le dé papaya,  se lo lleva. Segurito. De modo que Noel tiene razón. Y no por ser Nochebuena, el animalejo va a dejar de cumplir su oficio mortal.

Pero en lo de la entrega de regalos, que me perdone el anciano, pero está despistado, está atrasado, se quedó rezagado. Parece que Noel se quedó estancado en la época aquella de cuando hablaban las enjalmas.

¿Para qué hicieron los domiciliarios? No fue solamente para llevar pizzas y hamburguesas. También pueden traer regalos. De manera que con esa excusa se pifió el amigo Noel. Que contrate una cuadrilla de motorizados, pero advirtiéndoles que lleven tapabocas y que no se estochen corriendo por ganarles a los demás. Que respeten los semáforos, no viajen en contravía y no transiten por los andenes.

Haremos pesebres, cómo no, pero de acuerdo con la época que estamos viviendo. San José, la Virgen y Jesusito deben llevar tapabocas. Qué pena, pero órdenes son órdenes. Los pastores sólo pueden llegar hasta la entrada a la pesebrera y los regalos deben dejarlos ahí en  la puerta, y que vayan circulando rápido guardando la distancia social.  Los ángeles cantores tampoco pueden  entrar al portal. Ojalá que el Gloria In Excelsis Deo lo entonen desde sus casas al unísono, como cantan sus canciones los integrantes de Alma de Colombia. Los únicos que se salvan del tapabocas serán la burrita y el buey, porque ellos con su aliento le dan abrigo al recién  nacido.

En el resto del pesebre también hay que tener cuidado. Estamos en una invernada fuerte y los ríos se pueden crecer y causar estragos. Por lo tanto no hay que poner casitas  muy cerca de las orillas, ni hacer barrios o edificios sin las licencias del caso.
 
Como se ve, esta será una navidad distinta. Rezaremos la novena, pero en familia. Se acabaron las novenas bailables en el parque del barrio con bebeta hasta que sonara la pólvora de la misa. Se acabaron los juegos de los aguinaldos. Nada del tiento, nada de el mudo ni de la estatua, y mucho menos pajita en boca. La pandemia se tiró en todo.