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Diferentes tipos de corrupción

Sábado, 27 de Agosto de 2022
¿Qué ha pasado con la corrupción en Cúcuta?

Hace un par de años en Cúcuta se hacían con mucha más frecuencia que ahora, rituales con Yagé para tener visiones esclarecedoras del pasado o de una guía hacia el futuro. A veces, cuando divago, empiezo a pensar que quizás debí haber asistido a uno de ellos para ver si me sucedía algo como lo que vivió Homero en la película de Los Simpson (ver: https://youtu.be/dHCJ93GhclA). Sin embargo, sin necesidad de bebidas mágicas, mientras entraba a un baño viví una epifanía a través de un anuncio publicitario de cómo cuidan el Río Bogotá.

El cartel pegado en la puerta del baño mencionaba que gracias a la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) que hay en el Aeropuerto El Dorado se protege la pista de agua que lo rodea. La epifanía viene de sorprenderse (negativamente) ante el hecho de que un aeropuerto tenga una infraestructura que permita ese compromiso ambiental, mientras que una ciudad capital como Cúcuta no haya una PTAR que evite que sigamos echándole heces al río del cual tomamos el agua.

Nuevamente queda comprobado que la corrupción ha sido la causa de nuestro atraso como ciudad. No digo que en otras regiones no haya corrupción, porque para la muestra está la red clientelar y de enriquecimiento de los Char en Barranquilla y la Costa Atlántica.

La corrupción de los Char ha sido diferente a la autóctona, ya que al menos a ellos les ha preocupado mostrar que dejan cosas para la ciudad y así garantizar su supervivencia política. Acá el nivel de depredación ha sido completamente absurdo. Barranquilla, por poner sólo un ejemplo, sí tiene PTAR, y desde la Gobernación del Atlántico ya se han puesto en funcionamiento otras plantas para municipios pequeños, así como se han iniciado las obras para la construcción de otras más.

No se confundan, no estoy justificando el “roban, pero hacen”, sino mostrando que hasta los corruptos más criticados del país han tenido la inteligencia suficiente para darse cuenta de que no puede haber continuismo sin avances reales para la población.

No es el pan y circo que le dieron a Cúcuta las bellezas que han gobernado acá y que insisten en poner títeres (más jóvenes y sonrientes) para lavarse la cara y seguir haciendo las porquerías a las que venían acostumbrados. En Barranquilla hicieron obras y cambios reales que convirtieron a una ciudad de arcas vacías a un modelo en recaudo e inversión.

No eran proyectos como los aclamados del ramirismo, en donde la ‘propuesta’ de generación de empleo fue contratar a 130 mujeres para ‘regular’ el tránsito vestidas de amarillo, o regalar tortas y vestidos de quinceaños, sino cosas serias como la atención en salud y educación, o el mejoramiento de la navegabilidad en el canal que garantiza el ingreso de los barcos a los muelles de la ciudad.

Me niego a seguir viviendo con la sombra de esa epifanía y por eso no me canso de mencionar la peligrosidad del error que significaron ese señor y su ‘movimiento’ para el desarrollo de la ciudad y la calidad de vida de los cucuteños.

Es cierto, todo el mundo se equivoca alguna vez, hacemos cosas que luego lamentamos. La diferencia es que continuamos adelante. Sin embargo, este tipo no deja que la ciudad lo haga. No nos engañemos pensando que su llegada a Cúcuta es una simple casualidad y un devenir en el proceso penal. Ya se alistan para pelear las elecciones pensando en el presupuesto y no en el atraso que tenemos por superar.

En dos años y medio, Cúcuta ha avanzado en la estructuración de grandes proyectos que le permitirán dar el salto cuántico que necesita para dejar atrás la mala herencia del ramirismo: Legalización de asentamientos humanos, acueductos rurales, infraestructura para la atención en salud, sistema de transporte integrado y -mi favorito- un Sistema de Tratamiento de Aguas Residuales. Cosas que jamás se hubiesen ni llegado a pensar en una alcaldía ramirista que ya demostró ser incapaz de hacer lo que se necesitaba.

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