¡Dos candidatos, un solo camino!

Domingo, 17 de Junio de 2018
Gustavo Petro, con una política popular, e Iván Duque, quién ha demostrado contundencia y equilibrio en pro del desarrollo del país.

Colombia tiene una nueva oportunidad de reinventar su historia, los ciudadanos tienen dos alternativas; por un lado Gustavo Petro, con una política popular y pensada para llegar a los sentimientos de los ciudadanos más vulnerables y por otro Iván Duque, quién en poco tiempo ha demostrado contundencia y equilibrio a la hora de tomar decisiones en pro del desarrollo del país.

Supongamos que hoy es 18 de Junio de 2018 y Colombia tiene un nuevo dirigente, no pretendo ser un adivino del futuro, sólo quiero hablar desde mi experiencia sobre lo que pasaría si llegase a ganar Gustavo o Iván.

Miremos el primer escenario…

Recuerdo que alguna vez vi una entrevista del expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez, en donde vaticinaba el futuro que su país no vio venir.  Al igual que él, anhelo que lo que escribo a continuación no llegue nunca a mi amada Colombia.  

Si ganara Gustavo Petro la incertidumbre de los colombianos ante el resultado se reflejaría en el estancamiento de actividades económicas que dinamizan  la oferta y la demanda; por ejemplo, en ciudades en donde el  sector constructor es impulso para la tasa de empleo, potenciales negocios quedarían en el olvido. 

Sin duda, las compañías tomarían la infortunada decisión de abandonar el país y eso generaría una crisis mayor ante los niveles de desempleo que arrojan los censos. Lo mismo harían empresas nacionales y extranjeras. 

Ecopetrol representa algo más que la exploración de pozos petroleros, los 10 billones que produce anualmente y que son regalías para invertir en educación, salud, vías y viviendas, se esfumarían. 

Aterricemos el discurso del candidato; elevar los impuestos a franquicias internacionales  para generar condiciones de “igualdad” para sectores locales, sería lograr que éstas reduzcan su presupuesto de inversión y si se ven en riesgo de quiebra, los 25 mil empleos que pueda generar una de todas las multinacionales que operan en el país, serán un triste recuerdo. 

¿Se imaginan que todas se vayan?  Si no hay empresas, no hay empleo, aumenta la pobreza, se incrementa el hambre, al igual que la delincuencia y la violencia.  ¿Y el tejido social? Concluyan. 

La imagen del éxodo de personas que con maletas y enseres cruzaban caminando las fronteras colombo-venezolanas, huyendo del  modelo económico implementado en Venezuela, con la esperanza de tener de nuevo al menos qué comer, no sale de mi cabeza y sin temor puedo asegurar que nadie quiere pasar por una situación similar.  

Ahora veamos el segundo…

Iván Duque, presidente. 

Gracias a la objetividad  de su plan de gobierno, Duque le devolvería la esperanza de seguridad, paz y justicia a millones de colombianos. Está comprometido a trabajar intensamente por las mujeres víctimas del conflicto armado, quienes serían incluidas en la agenda nacional de legalidad, emprendimiento y equidad.

No haría trizas los acuerdos de paz, sino que modificaría aspectos que le devolverían la dignidad a los dolientes, quienes sufrieron los estragos de esta guerra absurda e indiscriminada. Junto a la sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) implementaría mejoras importantes para nuestros campesinos, lo digo porque en su campaña, la entidad calificó su programa para el sector como “el mejor” y el “más coherente”.

Duque convocaría los anhelos de buena parte de los empresarios de la construcción, recogería con mano certera los retos que afronta la infraestructura del país. Los programas de concesiones viales de cuarta generación impulsarían la dinámica económica desde diferentes enfoques: variables como el empleo aumentaría sus niveles significativamente, la exportación sería menos costosa y la seguridad en las carreteras sería un gancho para el fortalecimiento económico desde toda índole.   

La propiedad privada se respetaría y las condiciones para los menos favorecidos mejorarían proporcionalmente con políticas que nada tienen que ver con expropiaciones.  

El nuevo presidente tiene en sus manos el gran reto de reparar las grietas de una Colombia atormentada, herida y decepcionada.  

Que ésta no sea una lucha de egos, que todo sea por Colombia, por el futuro.