Dudas, malditas dudas

Jueves, 14 de Enero de 2021
¿Y qué decir de la vacuna? ¿Será cierto que nos va a volver más apendejados de lo que somos?

Aplicar el beneficio de la duda a favor del presunto responsable de un hecho criminal, enseñan en las facultades de Derecho.  “En caso de duda, abstente”, le dicen al juez. Es lo que yo opino en relación con el murciélago, como presunto culpable de la pandemia que está azotando al mundo entero.

Cuentan los cuentos –no se sabe si son cuentos chinos- que en un restaurante chino, una noche de diciembre de 2019, regocijadamente departían seis alegres comensales, comiendo murciélago. Aún se encontraban en el lugar cuando empezaron las carreritas al baño y la diarrea y el vómito y la hospitalización, y el cuento se regó y se regó el contagio. ¡Claro! Culpable: el murciélago. Todas las evidencias estaban en su contra. 

Vino entonces la declaratoria mundial  de guerra al infeliz ratón volador chupasangre, y yo le di gracias a Dios porque en Las Mercedes de mi infancia, yo había ayudado a eliminar a escobazos, a cuanto murciélago encontrábamos tilingando en algún palo de la casa.

Pero alguien dijo que probablemente no era el murciélago el culpable de la mortandad que se estaba desatando en el mundo entero, sino un virus preparado en laboratorios, que por algún accidente se había escapado y fue a parar a China, la misma noche de aquella cena. Y nos entró la duda.

La cosa fue peor cuando un supuesto investigador echó a correr la bola de que el virus había escapado no por accidente, sino por obra y gracia de científicos que, obedeciendo consignas del imperialismo, habían echado a volar los tales animalejos, para que mataran moros y cristianos, porque el mundo estaba súperpoblado y no había cama pa´tanta gente. 

Y la duda nos atortoló cuando involucraron en el cuento de la exterminación masiva al magnate de las comunicaciones electrónicas, Bill Gates, uno de los hombres más ricos del mundo, según dicen. 

Uno no alcanza a entender, o las entendederas ya se nos oxidaron, que por propia voluntad humana se inicie un exterminio masivo de esa naturaleza. Yo no soy amigo de ese tal Gates, y por él ni lo meto ni lo saco, pero lo creo incapaz de ser un genocida de ese calibre. ¿Otro loco, como Hitler, como los soviéticos, como Maduro?  

Y es ahí cuando me entra el insomnio y mi mujer empieza a renegar que no la dejo dormir con mi volteadera pa un lado y pal otro, pero ella no sabe lo que estoy sufriendo por dentro.

Y es entonces cuando otras dudas empiezan a aparecer para llenar mis madrugadas de suposiciones. ¿Y si los fabricantes de tapabocas van pegados en algún negociado? Tengo una pariente que con su maquinita de coser, de las Singer de antes, ahora se defiende haciendo tapabocas y mandándolos a vender por las calles. Me he propuesto hacerle seguimiento a ver si logro descubrirle contactos internacionales con alguna mafia de las que distribuyen tapabocas, alcohol y gel.

Cuando salieron con el cuento de que las clínicas estaban cobrando treinta millones de pesos por cada paciente que se les moría de covid, yo me rasgué las vestiduras, puse el grito en el cielo y dije que eso no era posible. Pero ahora con tanto chisme que vuela, vuelve la duda a estropearme mis noches de descanso.

¿Y qué decir de la vacuna? ¿Será cierto que nos va a volver más apendejados de lo que somos? ¿Y que nos van a implantar un chip para hacernos seguimiento a ver en cuál ratonera nos metemos? ¿Tendrán las esposas algo que ver en eso? ¡Dudas, malditas dudas!

gusgomar@hotmail.com