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Educación sexual para prevenir
Tampoco nos enseñan a reconocer qué son las violencias de género y las violencias sexuales, a renunciar a dichos comportamientos, identificar indicadores de abuso y conocer los canales de denuncia y atención.
Lunes, 7 de Marzo de 2022

Cada vez que hablamos de la urgencia de impartir educación sexual integral en los colegios muchas personas saltan horrorizadas: “¡van a corromper a nuestras infancias!” se escucha decir frecuentemente. Otras personas, que consideran que este bloque de conocimientos se puede resumir en un taller de una hora visto una única vez, reprochan “¡¿de qué tanto hay que hablar?!”. Muchas de estas respuestas son de esperarse dado que la educación sexual que recibimos la gran mayoría de nosotros ha sido deficiente; salimos de los colegios asumiendo que es una clase corta donde nos enseñan a colocar un condón, al tiempo que vemos videos de mujeres llorando arrepentidas de haber abortado. Nunca falta, además, los mensajes sobre la abstención y la importancia de proteger la virginidad hasta el matrimonio.

En estos espacios no nos enseñan sobre el consentimiento y el deseo, no nos enseñan la importancia de vivir la sexualidad con apoyo de información actualizada, científica y enfocada en el ejercicio de los derechos humanos, como sobre la centralidad del respeto por los y las otras. Tampoco nos enseñan a reconocer qué son las violencias de género y las violencias sexuales, a renunciar a dichos comportamientos, identificar indicadores de abuso y conocer los canales de denuncia y atención. La “educación sexual” que recibimos, si puede ser llamada por ese nombre, solo nos deja el mensaje de que este es un terreno peligroso al que debemos aproximarnos con temor, mucho mejor si nos abstenemos por completo. No obstante, las últimas noticias sobre abusos sexuales al interior de colegios, involucrando docentes que se aprovechaban de su posición de poder, nos envía señales de alerta sobre las acciones preventivas que las instituciones educativas habrían podido ejecutar para evitar o mitigar este tipo de delitos.

Sí, investigar exhaustivamente estos casos, desvincular a los agresores y abrir los debidos procesos penales es necesario. Sin embargo, esto ya es actuar reactivamente sobre lo ocurrido, sobre un delito que nunca debió ser. Si en algo soy enfática sobre las violencias de género es que el enfoque debe ser robustamente preventivo y, en estos casos, la educación sexual orientada hacia la vivencia plena, libre y sin violencias habría sido vital. De haber contado con un proceso formativo integral desde temprana edad, donde las jóvenes desde sus infancias hubieran aprendido sobre sus cuerpos, sobre los límites, sobre las señales de alerta ante violencias, sobre la importancia del consentimiento y el respeto, quizás la historia habría sido distinta. Quizás se habría identificado el abuso desde el primer intento de los docentes agresores, quizás los colegios habrían contado con rutas de denuncia ante la primera sospecha, quizás incluso habrían generado protocolos de contratación de personal idóneo sobre principios de la equidad de género y del respeto por la vida de las mujeres. 

Así pues, soy enfática en recalcar que cualquier violencia sexual que ocurra dentro de los colegios es responsabilidad no solamente del agresor, también de las instituciones que habrían podido prevenirlas generando entornos seguros para que las estudiantes no tengan que enfrentar este tipo de delitos. Esta también es una responsabilidad de los padres y las madres de familia que se oponen a que sus hijas e hijos cuenten con una educación sexual integral, sostenida y fundamentada en los derechos humanos durante su trayectoria académica.

Coda. La semana pasada fue un periodo de historia y revoluciones: mientras que muchas mujeres lucharon por la despenalización del aborto, haciendo historia con su incidencia, las jóvenes escolarizadas, con sus denuncias sobre los abusos sexuales de docentes, nos enseñaron que es el tiempo de revolucionar las aulas y colegios para que se transformen en entornos de garantía de una vida plena y libre de violencias.  

 

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