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El ascenso

Domingo, 28 de Febrero de 2016
El camino sabe trasmitir valor y, en medio de las confidencias, entrega algunos secretos que a veces ni siquiera notamos.

La montaña enseña que el derecho de vivir se recorre en ascenso y que, a la vez que se espera obediente al destino, es necesario comprometerse en el esfuerzo diario de no desfallecer.

Y la misión no se esconde en obtener cosas, o forzar una felicidad efímera en el medio social tan vacío, no, se trata de luchar denodadamente por fortalecer el intelecto y con él las esperanzas de un ser humano íntegro.

El camino sabe trasmitir valor y, en medio de las confidencias, entrega algunos secretos que a veces ni siquiera notamos, por andar distraídos en menesteres que no son fundamentales. 

Los dice, los repite, cada vez que una nueva esperanza aparece detrás de cualquier dolor, o de una angustia de esas que nos oprimen a los humanos y que nosotros, de por sí, agrandamos; igual que detrás de la felicidad, porque de ella surgen también lecciones, así no sean tan claras como las otras: es un concepto de verdad contradictorio, porque se supone que, por lógica, debiéramos aprender más de la alegría.

Y ambos, la montaña y el camino, enseñan también el deber, que es un compromiso de los seres humanos, esa gratitud de alma que debe manifestarse en el amor por la existencia y el sentido sublime que impone tener que corresponder a la suprema condición de pensar con que se nos dotó, con una respuesta de dignidad y el justo precio de ganarse el derecho a ser feliz.

Los adornos del camino y la montaña son la luz, el agua, el remanso de un lago, una fuente, cualquier barca lejana, un cielo de estrellas, la aurora que se baña en la fuente de los pájaros o la mata que crece bonita junto al agua que tiembla en sus hojas. Así de fácil es todo, sin los perendengues que obstaculizan la verdad de la vida y su intención de ser el recinto feliz de la existencia.

Y si uno se adhiere a la esencia de su propio camino, de seguro hallará un aliado creciente en ilusiones y, sobretodo, podrá escuchar el canto de la naturaleza afianzando la consciencia y aportándole toda la belleza del mundo para que inspire los actos, en una halagadora canción de gesta de la propia libertad.