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El ascenso del hombre

Sábado, 28 de Noviembre de 2015
La sociedad ha venido eliminando modelos que han mostrado su fracaso en lograr un avance como sociedad.

Tomé el nombre de esta columna del título del importante libro del científico Jacob Bronowski, donde relata los avances científicos y tecnológicos como un continuo ascenso en la historia del ser humano, aunque no siempre ha sido lineal.

Desafortunadamente el ascenso de la ciencia y la tecnología no corren paralelo con el avance social, el cual se ha destacado casi siempre por condiciones de inequidad. Pero en el largo plazo, la sociedad humana ha logrado conquistas válidas para toda nuestra especie.

Están dando en cine el documental “Él Me Nombró Malala”, la historia de la niña Paquistaní, Pastún para más señas, que fue víctima de los Talibanes debido a su defensa del derecho a la educación de las niñas en el mundo islámico. Ella, ganadora del Nobel de la Paz, lucha por el derecho universal de los seres humanos a tener educación.

La sociedad humana ha venido eliminando modelos que han mostrado su fracaso en lograr un avance como sociedad. Entre ellos están los regímenes esclavistas, las sociedades con sacrificios humanos, los regímenes fascistas, los de economía centralizada y partido único, los regímenes de monarcas absolutistas y los de tipo colonial.

Como sucede con la tecnología, que habiendo grupos humanos disfrutando de la tecnología del siglo XXI mientras que otros sólo tienen acceso a tecnologías del siglo XIX, aún dentro de un mismo país, como Colombia, todavía subsisten sociedades con modelos arcaicos como las castas hindúes o el régimen tiránico de Norcorea.

La democracia liberal y su asociada economía de mercado son, sin lugar a dudas, la forma actual de sociedad más avanzada.

Sus basamentos, entre los cuales se encuentran el papel del Estado como servidor del ciudadano, la separación de lo político de lo religioso y la propiedad privada de los medios de producción con responsabilidad pública, han permitido el mayor avance social que de manera exponencial se viene dando desde el siglo XIX.

Por eso los hechos de Paris con el ataque de ISIS (siglas en inglés de Estado Islámico en Irak y Siria) nos plantea, como el presidente francés Hollande lo dijo, no un choque civilizacional sino un enfrentamiento entre la barbarie venida desde lo profundo de la historia y lo ganado en 12 siglos de avance social.

Es bueno aclarar que el fundamentalismo islámico no representa al mundo musulmán, como los fundamentalismos judío y cristiano no representan sus respectivas religiones.

O como los carteles del narcotráfico de México y Colombia no representan a sus países.

El terrorismo, venga de donde venga, no representa a una comunidad entera y solo justifica su ansia criminal en el nombre de Dios o del Pueblo, y abogando por esas “causas” se han cometido los mayores crímenes de la humanidad. Y Dios y el Pueblo son las primeras víctimas de sus prácticas.

Desde los anarquistas y los nihilistas hasta los fundamentalistas sionistas, desde los fundamentalistas islámicos hasta las bandas terroristas europeas, pasando por la guerrilla-narcotraficante, todos han tenido “justificación”, sin olvidar a los estados terroristas como los nazis, el régimen de Pol Pot y ahora ISIS.

El terrorismo no se corresponde con los grandes movimientos sociales que transforman regímenes; es más, el terrorismo es su enemigo.

Es deber de la actual generación enfrentar y derrotar la barbarie, sin justificar con herramientas conceptuales de la filosofía liberal a estas formas arcaicas de sociedad. Hacerlo es arriesgar lo ganado con tanto sacrificio en aras de una “paz” endeble que obliga a en el futuro volver a recorrer la senda perdida. Así como no se puede negociar un califato absolutista como ISIS, tampoco se puede negociar un modelo “corporativista” de producción centralizada con una guerrilla también salida de la historia.

Pero lo que el terrorismo actual hace, es mostrar fallas estructurales en el modelo de la democracia liberal, que permite que ciudadanos de ellas opten por el terrorismo. Temas como la inequidad, la concentración de la riqueza o el subdesarrollo, deben hacer revisar estructuralmente las relaciones de poder y el papel del Estado que ha sido incapaz de controlar el sistema financiero internacional y su capacidad especuladora, responsable de muchos de los problemas actuales. La juventud actual debe tener razones para abandonar la desesperanza y entrar en la lucha por una nueva sociedad liberal.  

Y el mundo liberal debe avanzar a un desarrollo no girado contra el ambiente, a buscar una nueva relación con los demás seres vivos y a contener el consumismo letal. Volver a la opción por el Hombre desde la racionalidad y la inteligencia; un segundo renacimiento. Necesitamos líderes de mente clara y conciencia histórica; en el mundo no hay muchos, en Colombia nada.