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El cerco por la inseguridad, drogas y prostitución

Martes, 14 de Enero de 2020
Lo de ahora son verdaderas empresas que ofrecen chicas muy agraciadas.

Muchos caballeros de hoy, entre  los  cincuenta y setenta años, que digan que no debutaron sexualmente en los hoteles del  sector del mercado, quizás son víctimas del  temible alzheimer o todavía hace actos de  contrición para que sean perdonados por sus pecados carnales. 

Lo de esa época, eran prostíbulos disimulados y las protagonistas, pobres campesinas que llegaron a la ciudad a trabajar en el servicio doméstico y que con la complicidad de papás y  mamás, los hijos las sedujeron  y embarazaron, para que después fueran lanzadas a la calle con sus barrigas; con sus niñitos en brazos no encontraron otra opción que ofrecer sus cuerpos en  hoteluchos, en el peor de los casos al lado  de las cunas de sus bebés.

Muy distinto a esos tiempos, lo de ahora son verdaderas empresas que ofrecen chicas muy agraciadas, la mayoría venezolanas, con licores finos y muy  buenas atenciones, y por supuesto con tarifas  muy elevadas que solo alcanzan a pagar los ‘traquetos’.

Los hoteles de mala  muerte persisten y lo frecuentan las mujeres marchitas por la  droga, que se ofrecen sin ningún  pudor y permiten el regateo hasta aceptar 20 mil pesos cuando  la demanda de clientes es muy escasa.

Muchos campesinos pierden el producto de sus cosechas porque las meretrices se alían con delincuentes, los que atracan o esperan que la burundanga hagan su efecto para arrebatarles hasta el último peso a los ilusos labriegos.

La primera vez que fui al mercado, después de asistir a la misa de cinco de la  mañana, en la catedral, con mi papá y los hermanos mayores, visitamos al  tío Toño,  hermano de mi mamá, que tenía una venta  de frutas. 

La compra de los productos que  requería la eterna tienda de nuestro padre se hizo de acuerdo con la escala cronológica de sus descendientes, cada uno iba cumpliendo su compromiso hasta cuando me tocó alternar con Carlos Julio, dos años mayor. Comprábamos, bultos de yuca, plátano, papá, latas de manteca y arrobas  de queso y fríjol. Recuerdo una tarde de noviembre cuando se armó el escándalo por el  asesinato del presidente de Estados  Unidos, John F. Kennedy.

Al año siguiente, me tocó solo seguir con el exigente compromiso, para  cerrar la tradición familiar porque el hermano menor estaba muy pequeño. Cuando  cursaba el primero de bachillerato en la  antigua  Normal Francisco Fernández  de  Contreras, regresé a  dicho  sector, precisamente al  Barrio  Santa Ana, a la  casa  de Álvaro Palacio, donde  estudiamos los  exámenes finales  junto  con Emilio Vergel,  el  actual rector de La  Salle. Volví  a  esa  casa al  iniciar el  cuarto bachillerato y conocí a  Luis Palacio que llegaba de  estudiar  en  Piedecuesta , Álvaro  después siguió bachillerato y  sus  hermano  y  yo nos decidimos por  la  pedagogía  hasta  graduarnos como  maestros.

De las  familias que  habitaron el  sector  del  mercado ,  o  de  los  barrios vecinos como  San  José,  Santa  Ana o Los Altillos, quedan muy  pocas. Las  casas fueron demolidas para  construir locales  comerciales y la poca presencia de compradores tienen  al borde  de  la  quiebra a  sus  propietarios.

Los  vendedores ambulantes  y  estacionarios, las personas  de la  calle, drogadictos y alcohólicos, las  prostitutas y los delincuentes,  ahuyentaron a las  amas  de casa,  que  prefieren acudir  a  los novedosos  centros  comerciales ,  que  aumentan de  manera  paulatina  en  la  ciudad, que  encarecen la  canasta  familiar  pero  que  ofrecen  seguridad.

Como si  no fuera  suficiente con  lo  anterior, la  movilidad en  céntrico lugar  es  pésima,  debido al parqueo de los  camiones  y  buses  que  arriban  desde  la  zona  del Catatumbo y  el  sur  de  Cesar. Si el  centro de  acopio creado  en  1992 por Corponor, PNR  el DRI y los  gobiernos departamental y  local lo  hubieran  dejado funcionar  los  comerciantes,  otra  sería  la  historia.

Los mandatarios municipales que siguieron  después han  amagado con resolver  los  enormes  problemas  que  mantienen encerrado el otrora próspero  y  tranquilo sector, sitiado  por  el  hampa, la drogadicción y la  prostitución,  pero  solo  han  sido tibios esfuerzos que no  han  resuelto  nada.

Representantes del gremio  de  comerciantes proponen la  realización de  una  mesa  intersectorial con  el  alcalde Samir Casadiego y el  director  ejecutivo de  la  Cámara de  Comercio, Rubén  Darío Álvarez, de  carácter urgente porque  el  caos y  la  quiebra los ronda.

Mientras  tanto, añoro la  época estudiantil, cuando gozaba sanamente de las  diversiones juveniles,  de  los  bailes, los  romances y las  parrandas, recorriendo libremente las  calles ,  en  las  noches  y  las  madrugadas.

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