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El descrédito de la OEA

Viernes, 4 de Septiembre de 2015
Que los payasos vayan a los circos y que la gente pensante rescate su papel para la grandeza de los suyos. 

La Organización de Estados Americanos, entidad creada para velar por la suerte del Continente y asistir a todos los países miembros en sus alternativas de desarrollo, en su estabilidad democrática, en la vigencia de los derechos humanos, en la preservación de la paz y en la dinámica para el avance social, vemos que cada día se aleja más de su papel y se acerca más al esquema de una entidad burocratizada, paralizada en el tiempo, carente de liderazgo e impotente para asumir las posturas a que está llamada. 

Ha llegado al punto en que ni siquiera resulta eficaz para convocar una reunión, cuando las urgencias de los países miembros lo demandan, y pasa de agache frente a los momentos cruciales que se presentan y que ven deteriorar los panoramas de estabilidad en muchos de sus Estados asociados. 

Lo que pasó con la pretendida reunión para analizar la situación de los deportados en la frontera colombo-venezolana no es más que otra muestra de su incapacidad, de su ineficiencia y de su ineptitud. 

La OEA no avanza, no se convierte en el oráculo que debe ser para el Continente, en el referente de la unidad y de la preservación de sus intereses esenciales. Sus directivos son burócratas arropados en las mieles de la diplomacia, que no se atreven a tocar ningún asunto por miedo a producir molestias, o simplemente por defender intereses personalísimos que terminan siendo los que los sostienen en la burocracia perniciosa y e impotente. 

Fuera de eso, la mayoría de los países miembros, pareciera que han escogido ese organismo como instrumento para premiar favores políticos, y envían allí a personajes oscuros, incompetentes, indiferentes y hasta siniestros, que llegan a tapar todo y a olvidar su papel fundamental dentro de la órbita continental. 

Si en el seno de la OEA no surgen miembros que replanteen el actual estado de cosas, y piensen en rescatar el organismos para que cumpla con el papel para el cual fue creado, es mejor que se acabe y que no siga siendo un actor de tercera clase, mientras la región se resquebraja y sus habitantes pierden las posibilidades para avanzar hacia el futuro anhelante. 

Que los payasos vayan a los circos y que la gente pensante rescate su papel para la grandeza de los suyos.