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El hijo de Bolívar

Lunes, 14 de Diciembre de 2015
El próximo jueves se cumplen 185 años del deceso del Libertador, en Santa Marta, y vale la pena un tema alusivo.

El próximo jueves se cumplen 185 años del deceso del Libertador, en Santa Marta, y vale la pena un tema alusivo.

Hace algún tiempo, cuando vivía en el Caribe colombiano, leí desprevenidamente un libro del doctor Antonio Cacua Prada titulado Los hijos secretos de Bolívar (Plaza & Janes-1992), donde lo único que me llamaba la atención era que se dijera que Bolívar tenía hijos –algo que esconden todos los libros de historia patria y el tema queda para inquietos investigadores-, y en su lectura no me llamó la atención nadie en especial.

Ahora que vivo en Cúcuta me deleité varias veces con un tema recurrente en tertulias y sesiones de la Academia de Historia, como es el de afirmar categóricamente o desconocer que el padre Secundino Jácome era hijo de Bolívar.

El doctor Antonio Cacua Prada, de la Academia Colombiana de Historia, dedica el capítulo IV de la citada obra a la, según él, presunta paternidad de Bolívar sobre Secundino Jácome, y para desvirtuarla tajantemente se apoya en un estudio del padre Alfonso María Pinilla Cote quien, según Cacua Prada, era poseedor de envidiables méritos intelectuales y tuvo acceso a los archivos públicos y privados del Vaticano y de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona.

Puede ser cierto pero no hay que olvidar que muchas veces el culto a la personalidad obnubila a las personas y, aunado al hecho que el historiador Pinilla Cote tenía la calidad de sacerdote, era fácilmente comprensible que no aceptara que un prócer de la Independencia, su amado y estudiado prócer, anduviera por el mundo “regando” hijos; inconveniente que no tuvo el sacerdote Eduardo Trujillo Gutiérrez, quien en 1962 ubicó en el atrio de la iglesia de Gramalote una estatua en bronce donde reconocía que Secundino Jácome era hijo de Bolívar.

Ahora bien, acaba de aparecer en algunas librerías bogotanas el libro del historiador  Jorge Meléndez Sánchez titulado El hijo de Bolívar, donde, con pruebas contundentes, afirma que Bolívar sí tuvo descendencia y que el padre Secundino Jácome es “un hijo con prueba documental, quizá el único caso entre los hijos que se atribuyen al Libertador en algunos lugares de Suramérica” y, además, tiene por fondo la historia regional de Ocaña y la grancolombiana.

Por falta de espacio es imposible citar ahora los argumentos de uno y otro autor, solamente me limito a incitar el paladar de los lectores para que lean, se deleiten y confronten estas obras sobre aventuras de alcoba del Libertador.

¿Tiene alguna importancia el tema? Son inquietudes académicas e históricas cuya aclaración confirma o altera la biografía del sacerdote Secundino Jácome que tantas ejecutorias dejó en Cúcuta, Pamplona, San Cayetano y, principalmente, en Gramalote -donde murió el 25 de agosto de 1895-, pueblo al que Jorge Meléndez Sánchez dedica este libro.