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El patrimonio sumergido

Jueves, 10 de Diciembre de 2015
Creo que hace muy mal España en salir a reclamar su propiedad sobre estos bienes culturales.

Mucho se ha hablado en torno a este tema, debido a la gran cantidad de embarcaciones que en los tiempos remotos han naufragado en los océanos, teniendo dentro valiosas pertenencias, casi todas ellas provenientes de la usurpación que hicieron los países colonialistas sobre los territorios conquistados.

En el caso de las colonias americanas en poder de la corona española, se ha hablado de tesoros incalculables representados en oro, plata y piedras preciosas, pero también en un patrimonio artístico, derivado de los desarrollos en tal materia que ostentaron las culturas de estos pueblos.

El patrimonio sumergido ha tratado de reglamentarse a través de tratados internacionales y de disposiciones de la Unesco, entidad adscrita a Naciones Unidas, pero la verdad es que no se ha avanzado mayor cosa, pues lo dispuesto no satisface los anhelos de los territorios implicados y más bien representa un esquema para confirmar los fines de saqueo que se pretendió desde épocas remotas.

Pensar en que los tesoros deben pertenecer a los países cuya bandera ondeaban las embarcaciones, no es otra cosa que legalizar esa expropiación indebida a las culturas que fueron maltratadas para que se obtuvieran esas riquezas, muchas veces sacrificando vidas y golpeando cruelmente su patrimonio cultural y económico.

Afortunadamente Colombia no ha sido signataria de esas disposiciones y creo que hace muy mal España en salir a reclamar su propiedad sobre estos bienes culturales y altamente representativos de valor económico, pues además de que incurrió en una práctica indebida por más de tres siglos, no puede seguir invocando unos derechos que no tiene, desconociendo sí, todos aquellos que están en cabeza de quienes los crearon y los poseyeron.

Recuerdo muy bien las palabras del gran maestro Germán Arciniegas, cuando con motivo de la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento, dijo con toda claridad que lo que se debía recordar en esa fecha eran cinco siglos de saqueo. Así de claro. 

Eso le significó que España protestara y que el maestro Arciniegas fuera removido de la Presidencia de los actos conmemorativos.

Si a estas alturas España quiere hacer un verdadero acto de justicia y reparación, es reconocer el derecho de Colombia y de los países que pudieran tener algo de patrimonio allí ubicado, para renunciar a cualquier pretensión. O por lo menos quedarse callada, para no persistir en un exabrupto como el de continuar estimulando ese saqueo, desde todo punto de vista oprobioso con los pueblos que conquistó y explotó sin contemplación alguna.