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Es hora de intervenir

Jueves, 6 de Agosto de 2015
Todos aquellos empresarios que se han endeudado en dólares, su deuda está creciendo.

El dólar ha sobrepasado la barrera de los $3.000 y esa situación, que significa la depreciación de nuestra moneda, o la menor capacidad adquisitiva de la misma, pone en aprietos la situación económica de muchos sectores productivos, que se reflejará en incapacidad para sostener una unidad de negocio o por lo menos en replantear sus esquemas de acción que se reflejarán en menos ventas, reducción de empleos e incapacidad para atender compromisos.

Todos aquellos empresarios que se han endeudado en dólares, bien sea por la compra de bienes y servicios o por la adquisición de recursos financieros en esa moneda, su deuda está creciendo por este efecto a niveles insospechados.

Igualmente, aquellos que dependen en su producción de insumos traídos del exterior o de compra de maquinaria o tecnología foránea, observan que los precios internacionales crecen por la menor capacidad adquisitiva del peso, lo cual significa que los productos finales tienen que ser reajustados en su valor, lo que acarreará una menor demanda y por lo tanto una baja en la producción y en la obtención de recursos.

El Banco de la República tiene dentro de sus atribuciones, crear las condiciones para la estabilidad monetaria y de por sí en otras épocas ha intervenido de manera oportuna y efectiva para evitar estos altibajos nocivos, a través de la colocación o compra de divisas en el mercado, generando de esta manera abundancia o escasez de las mismas, lo que lleva a mantener un precio dentro de las expectativas normales para el buen funcionamiento de la economía.

Ahora que las alarmas están prendidas desde hace ya un par de meses, no vemos que las medidas esperadas se adopten con éxito, y muy al contrario de lo que se pensaba, el dólar sigue creciendo, agudizando de esta manera el problema y generando situaciones ya insostenibles para muchos empresarios.

Sabemos que con un dólar alto hay sectores que se benefician de manera notoria, como todos aquellos que exportan o que tienen reservas en esa moneda, pero no es justo que la economía tenga que padecer esos desequilibrios para beneficiar a unos y condenar al fracaso a otros.

La eficiencia de las autoridades económicas está en poder garantizar los equilibrios y en no dejar que las cosas se vayan a extremos, porque lo efectos pueden generar situaciones perversas, con claros reflejos en la estabilidad social.