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Esclavitud electoral

Miércoles, 30 de Octubre de 2019
La Registraduría municipal no tiene  en cuenta las condiciones topográficas para asignar las mesas de votación de acuerdo con la edad de los votantes.

Siempre que  en  el  país  se  programe  un  evento electoral, los  trabajadores y empleados estatales  se  dedicarán a rezar y  mandar promesas para que no sean  seleccionados como jurados.

Cuando la suerte esté  echada y no haya como reversar el compromiso, el calvario comienza con las sesiones de  capacitación que, al parecer, no evitan las equivocaciones en el  conteo de votos  y la preparación de los informes finales.

La mayor preocupación,  sin embargo, es el lugar donde  esté ubicada la mesa de votación, si es en zona urbana, no hay problema, pero si le corresponde en una distante vereda de su  municipio, las oraciones anteriores se incrementarán de manera considerable para  que la seguridad personal no se ponga  en riesgo.

Como si no bastara con la asignación de localidades ubicadas en regiones  azotadas por el conflicto armado, se  deben buscar a verdaderos guías para que expliquen la manera de acceder a dicha vereda, donde  muchas veces deben pernoctar  por las enormes distancias o por  los fuertes aguaceros, pagando  de su propio bolsillo el transporte,  alojamiento, alimentación, y algunos imprevistos.

Si  la  suerte  ha sido más  benévola y le correspondió en  el área urbana, debe esperar que haya empatía y coordinación con los demás jurados,  porque de lo contrario, el tiempo se alargará,  muchas veces hasta las diez u once de la noche.

La  participación de votantes analfabetos representa inconvenientes y amenazas porque las orientaciones pueden interpretarse como presiones para que voten  por determinados candidatos y muchos de  los jurados son acusados por los testigos  electorales ante las autoridades.

No obstante el control de la policía en las entradas a los sitios de votación, se  presentan casos complicados de electores  ebrios que intentan sabotear el proceso  electoral,  sin descartar las actitudes violentas de algunos testigos a la hora del  conteo de votos y la  posible  eliminación  de  tarjetones.

La Registraduría municipal no tiene  en cuenta las condiciones topográficas para asignar las mesas de votación de acuerdo con la edad de los votantes, tal como ocurrió el domingo pasado cuando muchos  ancianos tuvieron serias dificultades para acudir a la antigua caseta monumental, cerca a la escuela Milanés, debido al fuerte  descenso que debieron emprender para  depositar sus  votos.

Desde las  siete  de  la  mañana hasta las  once  de  la  noche,  en  el  peor  de  los  casos, no  reciben  ni  un  vaso  de  agua y  para almorzar, cuentan  con  una  hora para trasladarse a sus  casas, a  veces  ubicadas en  barrios distantes, porque  intentar  alimentarse en los  restaurantes del  centro  de  la  ciudad, es  bien  complicado y es muy  difícil hallar  cupos.

Salvo  casos especiales  como enfermedades  o calamidad  familiar, los  trabajadores  o  empleados oficiales no  pueden  eludir  el  compromiso como jurados de  votación: destituciones  o  multas hasta de  ocho  millones  de  pesos se  anunciaron este  año   para quienes  desacataran  la  convocatoria del gobierno  nacional.

Como  en  este  país las  reformas políticas  nunca  prosperan, por  ahora  es  casi  imposible esperar que a  mediano  plazo se  aplique  el  voto electrónico o  que  a  los  jurados  electorales  se les pague el  día  laborado y  ojalá que  tuvieran  en  cuenta a los   jóvenes  profesionales desempleados  para  cumplir esta  misión.

Por lo anterior,  muchos  docentes,  empleados y  trabajadores estatales ,  siempre que se  programen  comicios  seguirán tratados como  “esclavos  electorales”.

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