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Eso es lo que hay

Sábado, 2 de Julio de 2022
España y América Latina comparten también el gusto por la izquierda antidemocrática.

Estuve recientemente en Madrid, España, y quedé con impresiones agridulces. Lo dulce es que la ciudad se ve muy recuperada de la pandemia, aunque el tema de la guerra en Ucrania y el consiguiente encarecimiento de la energía se volvieron centrales en los medios.

Lo agrio es que, como estuve el 1 de mayo, me tocó presenciar marchas y darme cuenta que nosotros manejamos el mismo discurso progresista español de la explotación económica del trabajo por el “capitalismo salvaje” representada en los “bajos” salarios y la queja al “poco intervencionismo” del gobierno para hacer control de precios. Subir salarios y “controlar” precios en medio de un alto desempleo es una formula muy latino-progresista que sabemos en qué queda. Por eso España camina al margen de los grandes países de la Unión Europea.

Esa concepción del trabajo como un método de explotación “capitalista” hace que la concepción del servicio al cliente se vuelva solo un tema académico. Saliendo del aeropuerto de Barajas comí en un local de comidas rápidas con una cola de 5 o 6 personas. La persona que tomaba el pedido, lo preparaba y lo servía. El primero en la cola cuando yo era el último era un muchacho que se demoró algo así como 20 minutos pues pedía para él, sus tres hermanos, su papá y su mamá y dos tíos, en resumen ocho órdenes. Supongo que la persona que hace todo ante el cliente, después limpia, paga impuestos y nómina. Es el concepto, amparado en la otra cara del trabajo como explotación, que es el ahorro de costos a nivel de afectación del servicio, lo cual no importa pues quien está comprando no es un cliente sino una orden que debe esperar a estar lista. Al hacer la queja, la señorita dijo: “Eso es lo que hay caballero”, lo que equivale a decir, no vamos a mejorar, si no le sirve váyase.

Regresamos por Miami y tomamos el vuelo por Avianca, hoy una aerolínea de alto costo y bajo servicio. Los aviones fueron reacondicionados para que quepan más pasajeros en sillas tipo “rimax” que no reclinan ni cuentan con pantalla para entretenimiento en vuelos internacionales. Pasaron como gran atención un “menú” que se pide se califique para cobrarlo en un futuro próximo. El menú fue un sándwich de jamón y queso tipo estación de gasolina (dos panes de molde cortados por la mitad con una lonja de jamón y otra de queso), una bolsita de galleticas y café con instacream y azúcar. ¿Qué se califica de esa comida de tienda? Al llegar, el avión parqueó muy lejos de la terminal y de ahí en buses, con la fortuna que no estaba lloviendo. No se sabe si eso se debe a “limitaciones” aeroportuarias o a “ahorros” de pago de uso del túnel por parte de la aerolínea, aunque me inclino por la segunda. Es raro en cualquier país del mundo que un vuelo internacional no llegue a la terminal, pero eso es “lo que hay” y como la estrategia de Avianca no está en el servicio al cliente sino en el control del mercado, su estrategia es “comprar” los competidores con la anuencia del gobierno colombiano. Así ha sido siempre y parece que así seguirá; por cosas como esas la gente quiere un cambio. El oligopolio y el monopolio son las patologías de mercado de “eso es lo que hay”.

En las ciudades cada vez son peores la seguridad y la movilidad, pero le piden al ciudadano que “tenga paciencia” porque eso es lo que hay: burocracia es lo que hay. El estado, en todos sus niveles, si que aplica “eso es lo que hay”.

España y América Latina comparten también el gusto por la izquierda antidemocrática. Pasaron las elecciones en Colombia y se votó por el “cambio” izquierdista, pero así son las democracias, votando se puede acabar con ellas. Que hacemos, eso es lo que hay caballero.

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