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Estamos confundidos

Miércoles, 3 de Agosto de 2022
La crisis que enfrenta la sociedad colombiana.

Amables lectores: cada vez que los humanos atravesamos una crisis, inicialmente experimentamos un estado de confusión, luego reflexionamos y analizamos cada uno de los factores que contribuyeron para provocar esta situación.

Iguales circunstancias, pero en mayor escala pueden presentarse en el seno de una familia, una sociedad o en el mundo entero.

La sociedad Colombiana está enferma de gravedad. Atraviesa una crisis institucional. Podríamos afirmar que todo está contaminado.

Muestra de lo anterior es la pérdida total de valores. Ya no existe la llamada sanción social. Dice un niño: “Mamá me invitaron a esta piñata”. Simultáneamente le entrega una tarjeta de invitación en bellísimo pergamino con la firma del diseñador de moda. La señora madre no se sorprende y simplemente dice: “Que bueno hijo, debes ir con tu ropa de marca y eso sí mucho cuidado cuando rompan la piñata no te vayan a descalabrar con algún DVD que caiga al suelo”. Es triste, el ser humano es valorado no por lo que es sino por lo que tiene. Los síntomas aparecieron en 1964 con los primeros grupos irregulares, que querían dominar un vasto territorio, desprotegido por el estado, hablando románticamente de crear una mejor nación.

Con el correr de los años los síntomas de la enfermedad se fueron agravando al aparecer en escena los cultivos ilícitos, los narcotraficantes, la extorsión, el secuestro, la corrupción política, la compraventa de votos, los paramilitares, los parapolíticos, el desgreño moral, religioso y cultural de una sociedad cada vez más libertina. Se imponen los antivalores, los antihéroes, lo vulgar y todos tan contentos. ¿Qué ha pasado? La respuesta está en el poder y el dinero.

Las fuerzas insurgentes argumentan que la culpa es del estado por su corrupción y opresión al pueblo y que solo piensa en sus amigos con quienes compartir los grandes beneficios. A su vez el estado señala a la guerrilla como responsable de todos los males del país por sus crímenes, la extorsión y el secuestro que es una sofisticada forma de homicidio lento. Los resultados están a la vista. Una sociedad que convulsiona con dolorosas contracciones, anémica y desnutrida por la poca inversión social y por la carencia de verdaderos programas en salud y educación. La corrupción ha saqueado estos recursos destinándolos a otros propósitos.

Hace muchos años cuando no existía el famoso POT, hoy más violado que la gallinita que aprendió a nadar con muchísimos patos, se respetaban los sectores comerciales, residenciales e industriales. Un padre de familia en esa época, preocupado por la formación de varios hijos pequeños, coloca una denuncia porque frente a su casa de habitación le ubicaron un grill y hasta altas horas de la noche personas de ambos sexos presentaban escándalos. El inspector pregunta al denunciante si a él constaba que el personal femenino era de vida licenciosa. El padre de familia fastidiado por la inútil pregunta respondió: “Todavía no se ha inventado putómetro”.

Aprendamos y denunciemos como en antaño la corrupción.

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