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Expropiación por invasión
Hay guerras de alta intensidad que transforman la geopolítica reinante y hay guerras de baja intensidad que mantienen el statu quo.
Viernes, 23 de Septiembre de 2022

El gobierno Petro inició los procesos de expropiación mediante el mecanismo de las invasiones. Para ello fue preciso neutralizar las fuerzas de policía, convirtiéndolas en fuerzas de “paz”, que en traducción libre significa no ejercer el monopolio de la fuerza para garantizar el cumplimiento de la ley y mantener el orden social, pues en la nueva jerga del cambio, cualquier actuación de fuerza legal del estado es un acto criminal contra el “pueblo”. 

Y miren donde vamos, en la paz total, una especie de ley de punto final sin culpables diferentes al estado. Todos, grupos guerrilleros renegados de un proceso anterior que dicen que ahora si van a cumplir, grupos guerrilleros que no han hecho la “paz”, grupos paramilitares, políticos corruptos, carteles del narcotráfico, como en un gran  sancocho delictivo nacional van a dejar de actuar violentamente, sometiéndose a una versión de estado que ellos quieren “ayudar” a delinear.

Cómo lograran eso es para mí un misterio que tal vez “resuelvan” así como cuando Santos entregó el poder político a los vencidos bélicamente. ¿Será que la legalización del comercio de narcóticos haría ese milagro, como lo plantea alegremente la “Comisión de la Verdad Santista”? ¿O más bien será que las líneas rojas morales de la convivencia social ya no están borrosas, sino que desaparecieron? Camino a lograrlo ya neutralizaron también las fuerzas militares eliminando la aspersión de glifosato y los bombardeos a grupos criminales.

Y que pasa cuando no hay líneas morales, no hay bien ni mal, ni víctimas ni victimarios, ni legalidad ni ilegalidad; la paz total llevaría más temprano que tarde a la desaparición del tejido social y de cualquier modelo organizado de estado con algo de democracia. Cada ciudadano debe defenderse por su cuenta o de manera organizada con unas fuerzas militares y de policía “agentes de seguridad” del régimen eliminando el disenso como en Cuba o con estas fuerzas, si tienen conciencia democrática, derribando el régimen que destruyó lo poco que quedaba de tejido nacional. Anarquía, dictadura de izquierda o golpe de estado; paradójicamente la paz total podría llevar a la guerra total en un país “acostumbrado” a soluciones violentas. Ya se ve en el Cauca.

Hay guerras de alta intensidad que transforman la geopolítica reinante y hay guerras de baja intensidad que mantienen el statu quo. En los conflictos internos (producto siempre de debilidad del estado) es donde más se observan las guerras de baja intensidad, que tienen categorías que van desde grupos escondidos actuando desde zonas geográficas de difícil topografía con acciones de guerrilla, a pequeños ejércitos que controlan ciertas regiones del país, alimentadas todas por recursos financieros de crimen organizado o países extranjeros.

Usualmente cuando sucede esto último, la guerra escala a una guerra de gran intensidad con dos bandos claramente enfrentados buscando capturar todo el país. Algunas guerras de baja intensidad duran mucho tiempo desgastando y contaminando la vida política, pero sin cambiar el statu quo que solo se “ajusta” pero no “cancela” las causas que dieron origen a ese conflicto. Colombia es el ejemplo.

Las guerras de alta intensidad son guerras destructivas, tienen las características de ser de corta duración y de cambiarlo todo, pues el bando ganador obliga al perdedor a aceptar su modelo. El caso más extremo en la guerra de alta intensidad es la guerra total, donde se busca la eliminación física del enemigo. No se acepta la negociación, solo la rendición total e incondicional del perdedor; son guerras quimio. 

Esperamos que la administración Petro sea la de la paz verdadera aunque para hacerlo debe mantener el orden social y el orden legal o nos arriesgamos a vivir una guerra total que además se puede volver una guerra externa. Si Petro así lo hiciere, el país lo considerara un estadista, si no, es posible que sea víctima principal de la guerra total. La evidencia, sin embargo, es desalentadora. La lucha por la tierra en Colombia seguirá produciendo guerras.
 

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