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Generaciones QEPD

Domingo, 17 de Abril de 2016
La rotunda presencia del tiempo, avanzando, lo hace parecer despiadado en la tristeza de los hijos o los nietos.

Ahora son cada vez más frecuentes las honras fúnebres de los amigos. Sucede que están finalizando una o dos generaciones, en un ciclo normal, como debe ser, pero, ¿quién no se conmueve?

Parece como si se dieran las circunstancias para reflexionar ante la incertidumbre de la muerte y, de suyo, quedar en suspenso para la próxima vez, cuando la parca de turno corte el hilo de la vida y cualquiera de nosotros se integre a la magia universal del destino, la de ser inmensidad y eternidad.

La rotunda presencia del tiempo, avanzando, lo hace parecer despiadado en la tristeza de los hijos o los nietos, de los amigos y familiares de quien muere; pero, no es así: sólo es una sombra nostálgica que pasa para luego despejar el camino.

Es como si los días resbalaran, con una misteriosa prueba de ese final que hace declinar el orgullo y aviva el recuerdo y le asegura a uno la convicción de que, si le quedan sueños, hay que acometerlos con mayor templanza y madurez, con una prisa distinta, mejor, aquilatada, superior a la humana costumbre de precipitarse: es una forma de despejar el paréntesis que oculta a la imaginación el verdadero tiempo de la muerte.

Lo que no ha sido útil se pierde en la materia, que es pobre y deleznable, se clausura en ese cierre de la vida que se convierte en rumor de cielo o ansia de infinito, que abre al mundo de colores que sigue, después de la peregrina y mortal misión que termina.

Entonces sólo queda lo bueno, el abono del amor que se haya dado, del esfuerzo aportado, de la fe y las virtudes cultivadas, que todos tenemos, en uno u otro grado, como en una alegoría que se cuenta en los entierros y, también, se desliza en cada lágrima.  

Y son vanos los intentos para descifrar el momento de intensa sensatez que se graba en el alma: parece que confluyeran en un instante Dios, el destino, la vida y la muerte, el amor y el odio, en fin, todos los contrarios, para resolverse las dudas y entrar en posesión de la verdad e irnos acostumbrando a una nueva esperanza.