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Gramalote: guerras y amores

Miércoles, 20 de Enero de 2016
Ha pasado cinco años y los exiliados sueñan con volver.

“Cuando dimos definitivamente la espalda a Gramalote, nuestra caravana era triste, había en ella algo de fuga, de naufragio y de proscripción.” La frase fue de Gonzalo Canal Ramírez, rememorando su exilio de hace un  siglo, de aquella guerra religiosa local entre valencistas y suaristas.

La misma frase que habrían gritado los conservadores expulsados por el ejército liberal que se tomó a “Caldereros” fundado por Gregorio Motes en 1.853, antes de llevar el apellido del General Teodoro Galindo en 1.864, un general liberal,  que luego abatieron los vencidos en el Alto de los curos, de Terán a Salazar. ¡Ah! eran las guerras generada por la constitución federalista de 1.863 que anarquizó a Colombia. Que produjo la diáspora conservadora de losYáñez, los Peñaranda y los Ordóñez que originó la colonización de “La cuncia”, hoy Lourdes, hasta llegar con el cura a Las Mercedes en 1930.

La misma frase, que gritaron el día que dejaron a Galindo o Pueblo Viejo,  para asentarse más arriba en la ladera que llamaron Gramalote, cualquier día de 1888, repudiando el nombre del general liberal.

La misma frase oída en los días siguientes al 17 de diciembre de 2010 en la caravana , de la gente que abandonó despavorida las ruinas del poblado cuando el Cerro de la Cruz se deslizó y se le vino encima. Había sensación de fuga, de naufragio y proscripción.

Ha pasado cinco años (2010) y los exiliados por los puntos cardinales de Norte de Santander sueñan con volver, por su reasentamiento en las mismas breñas, con el mismo aroma y los mismos sueños. Es inverosímil, el deslizamiento y la ruina no cegaron vidas, en cambio el exilio y la nostalgia y las penas de amor y de abandono produjeron varias.

Tal parece que este año comienza a regresar el enjambre de gramaloteros con las primeras viviendas del reasentamiento. Si ello se da, se estará venciendo el desarraigo, que es un mal que desintegra y destruye el concepto de Nación, o aquel hilo intangible que une una comunidad, que la integra y torna indisoluble. Hoy, Colombia toda es un desarraigo provocado. De ahí que sea el país de las nostalgias. Sí, como las de Gonzalo Canal Ramírez en sus “Días de la infancia” en Gramalote.

Hace un año, en esta misma  columna comentábamos “La Oculta”, la novela de Héctor Abad que gira alrededor de una finca paisa. Ah, pues en los días de la infancia todo comienza en la finca del “Talquito”, con la memoria de su padre Gonzalo Canal Gonzales, notario de Gramalote, pastor de niños y de estrellas y del abuelo Luciano Ramírez “guerreante” del partido conservador y de la abuela Eulogia Peñaranda que enterró al viejo en el “talquito”, puesto que para los muertos de su mal no había cementerio.  Y del “talquito” y Gramalote partieron al exilio, llevando su madre María Liberia Ramírez a Josué su hermano de escasos días de nacido, después poeta y jurista de renombre, luego de salvarse de un atentado y refugiados en la casa de Don Ventura Ibarra, el dueño de las más grande guarapería del poblado. Si no había guerra de partidos, buena era la guerra entre los mismos conservadores.

Tanta historia regional se aprieta en Gramalote, que habría sido un sacrilegio no encontrar su reasentamiento, al fin y al cabo lo importante es la gente, sus tradiciones y nostalgias en sitio distinto, pero con el mismo entorno, con las mismas fuentes, con el mismo aroma, el mismo verde, la misma fe y la misma gente.

Adenda: Esperamos tanto del nuevo Concejo Municipal, que les sugerimos mucha serenidad, más discreción, más estudio y mucha concentración.