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Honor de familia

Domingo, 14 de Agosto de 2016
Por ello duele, profundamente, lo que está ocurriendo en el modelo moderno de familia.

Lo que sucede en torno a la familia siempre es vital, inmenso en trascendencia, total en la certeza de ser ella la génesis de la esperanza. Por ello duele, profundamente, lo que está ocurriendo en el modelo moderno de familia, en el entorno educativo de los niños y en las exageraciones que la afectan hasta el punto actual de acelerar su extinción.

La familia era aquella institución sublime que proporcionaba fundamentos para creer en la dignidad del ser humano, en lo bonito de la vida en sociedad. Ahora se desintegra en el caos.

Y son tres sus dimensiones: Una, la natural, que corresponde a las raíces genéticas, al equilibrio de las condiciones biológicas y físicas, de género, al unir a personas en una forma lógica del entorno, masculino y femenino, en la cadena que asegura la continuidad de la vida. 

Otra, la social, indiscutiblemente derivada de la solidez familiar, cuya fortaleza depende en grado directo de la misión de padres que enseñan la labor de hijos, en un consistente relevo de tradiciones y preceptos de nobleza, aptos para preparar el camino a quienes los siguen.

Y la tercera, la espiritual –suprema-, la razón para que tanto lo natural, como lo social, sean los soportes de la integridad en el sentido de forjar las circunstancias, apropiadas, para que se dignifique la proyección de ese milagro bello que es propiciar valores para el engrandecimiento del don divino de existir.

Recurro a la protección de los niños, a la salvaguarda de sus duendes y sus amigos imaginarios, a la seguridad de dejarlos reír y correr en paz para que, independientemente de los absurdos conflictos de sexo y emparejamiento, anormales, se les asegure la felicidad del hogar. Deben correr, en las ruedas de sus propios sueños, hacia la alegría de vivir. Los niños tienen derecho a que los grandes no les enseñemos las miserias humanas antes de tiempo en los colegios y  a que se les permita crecer a la luz de su consciencia. ¿Por qué dañar su ingenuidad? ¿Para qué contagiarlos de la vergüenza tan pronto?