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(I) La gratitud

Viernes, 30 de Julio de 2021
Bicentenario - Congreso de Villa del Rosario.

El 1° de agosto de 1806 llegaba el Generalísimo Francisco de Miranda a las costas de Coro, Venezuela, comandando una flotilla con la que atacó a las fuerzas realistas. En su buque flotaba el pabellón de amarillo, azul y rojo, de su inspiración. Vencido el fortín de La Vela, en lo más alto se izó por primera vez esta bandera.

Y fue el mismo Generalísimo Miranda el que soñó en una gran confederación americana que se llamaría Colombia. Este nombre lo acogería y lo consagraría poco tiempo después su compatriota Simón Bolívar. En resumen, nombre y bandera los debemos los colombianos a estos excelsos venezolanos. Sin omitir que, quien bautizó como Bogotá a nuestra capital, fue el propio Libertador.

El ideal de Miranda se replicó en Bolívar. Y a fe que se desveló por formar de Venezuela y la Nueva Granada una gran república. En el cumplimento de este designio columbró que su patria perdida para la libertad en un aciago momento necesitaba del auxilio de los neogranadinos. Entonces se comprometió en la lucha por la libertad de la Nueva Granada, como premisa para liberar a su pueblo. Con él vinieron otros bizarros soñadores, inflados de valor, convicción y generosidad de sacrificio hasta de sus propias vidas. Mencionemos nada más a Antonio José de Sucre, el más cercano émulo de Bolívar en grandeza y genio, a Carlos Soublette, José Antonio Anzoátegui, Rafael Urdaneta, Santiago Mariño, Juan José Rondón, Mariano Montilla, Bartolomé Salom, José Francisco Bermúdez, Juan José Flórez, José de Jesús Barreto, José Antonio Páez, transitoriamente, José Laurencio Silva, Pedro Briceño Méndez, José María Carrero y José de la Cruz Paredes, brillantes y valientes oficiales, leales todos al colosal caudillo. No puede olvidarse a Fernando Bolívar Tinoco, sobrino del Padre de la Patria, y a su fiel mayordomo José Palacios, quienes también desde sus posiciones sirvieron a la causa de nuestra independencia.

¡Qué vergüenza! El complejo, la envidia y la ingratitud no tardaron en mostrarse abiertamente, tan pronto falleció el Libertador. En efecto, siendo presidente el general José María Obando – de quien siempre se ha sospechado que participó como autor intelectual del asesinato de Sucre - dictó un decreto con fecha del 23 de enero de 1832 por el cual se borraba del escalafón militar a más de cuatrocientos oficiales venezolanos, entre ellos, por supuesto, los aguerridos capitanes nombrados arriba. Además, se les negó los sueldos, las pensiones, las condecoraciones y reconocimientos, y se ordenó su expulsión de la Nueva Granada. ¿El motivo? Ser coterráneos y adictos de Bolívar.

La reparación vino poco después. Y así se honró a muchos de estos héroes como lo merecían, comenzando por el Genio de América cuya estatua y nombre están regados por toda Colombia. Un departamento lleva el nombre de Sucre, otro lleva el de Bolívar, tenemos unidades militares llamadas Anzoátegui y Juan José Rondón, bustos y otras más evocaciones que pregonan que los colombianos somos un pueblo agradecido con nuestra hermana Venezuela.

orlandoclavijotorrado@yahoo.es