Escuchar este artículo

¿Impuesto a la tranquilidad?

Miércoles, 2 de Septiembre de 2015
El gobierno local y la policía, se hacen los de la vista gorda, o mejor, los del oído sordo, ante los constantes escándalos auditivos.

Al parecer,  la  única  manera de que en  la  ciudad haya tranquilidad, es a través de  una ley u  ordenanza, que sean aprobadas bien en el  Congreso de la República o  en la Asamblea  de Norte de Santander, para que los ocañeros paguemos un tributo especial, porque el gobierno local y la policía, se hacen los de  la vista gorda,  o  mejor,  los  del  oído sordo,  ante los constantes escándalos auditivos, especialmente  durante  los  fines de semana.

Dentro  de  la  anarquía,  o  la  ingobernabilidad reinantes, a cualquiera que  tenga  un  carro con  un  potente equipo  de  sonido  incorporado,  donde  quiera y  a  la  hora  que  sea, lo  activa  a decibeles  estruendosos,  sin  importar las  graves  lesiones al  sensible sentido.

Es inconcebible que los  vehículos  con  las  “minitecas” andantes,  y  a  “todo taco”, recorran las  vías  céntricas, sin   que  los  agentes  de  la  policía  se  den  por  aludidos,  o  que durante  las  noches  y  madrugadas,  de  los  viernes  y  sábados,  se  estacionen  alrededor  del  parque  de  San  Agustín o  de  Martinete, sin que las  llamadas  telefónicas  a  la  fuerza  pública,  permitan que los  habitantes de los  sectores  afectados,  tengan  derecho  al  descanso.

Lo que ocurrió en la  noche del sábado  pasado y el  amanecer del  día siguiente es ¡insólito,  o  increíble!,  como expresa  un  reconocido  humorista. 

En el cruce de las vías del  barrio La  Popa con Martinete, dos  carros fueron “parqueados”,  y uno de ellos, desde las dos de la madrugada,  hasta las 7 de la mañana, con el porta baúl destapado, para  que  el  sonido del equipo se  extendiera y  expandiera por los  barrios vecinos,  logró que  nadie pudiera  dormir y que soportaran un  agudo dolor de cabeza en  todo el día.

Una patrulla de la policía solo se hizo  presente a  esa  hora  y obligó al  ebrio conductor del  vehículo a que se alejara del lugar.¿ Por qué la  policía no lo hizo antes, cuando los teléfonos del  cuadrante  timbraban  sin  cesar? ¿Sería  que  los dueños  de  la  parranda callejera les  repitieron la  pregunta  del  destituido senador  Merlano,  y  los  agentes  se  asustaron?.¿Sería  que los  celebrantes pagaron  algún  impuesto  especial  para  que  los  dejaran gozar del lanzamiento del disco del heredero  de  Diomedes?.

Es muy  curioso,  o  mejor  coincidencial, que luego  de  un  acto social  celebrado  por  la  administración  municipal en el  marco  del  día  de  la  mujer,  aconteciera  algo similar y que  motivó a  los habitantes alrededor dela  plazuela de  Martinete a  reunirse y  expedir  un  comunicado  dirigido  a  la  secretaría  de  gobierno  municipal,  con  copias  al  comando  de  policía, la  personería  y  la  defensoría del  pueblo.

La  repetición  de  la estrepitosa serenata  ocurrió  después del  homenaje que le  ofreció  el  gobierno municipal  a  los  abuelos  del  municipio,  sin  que eso  implique ,  que las efusivas  mamás o  los alegres  viejitos,  tuvieran  algo  que  ver en  la  bochornosa  desvelada.

En  una  próxima  reunión de las  decenas  de  afectados,  seguramente  que  no  volverán  a redactar oficios para pedir  clemencia, ellos, propondrán que  les  cobren  un impuesto  especial  para poder  disfrutar del  silencio y  la  calma,  para  de  esa  manera gozar  del  derecho  constitucional  de la tranquilidad.

Para los  candidatos que  reciban el  respaldo  de  los  electores el  25  de  octubre, bien para  la  alcaldía o  el  concejo,  que  el  lucrativo negocio  de  las  cama bajas, no  se  limite a las  motocicletas, sino,  que  se  amplíe a  los  carros  que transiten  por  las  calles o  se  parqueen con  los equipos  de sonido activados, para motivar a  los  agentes  de  la  policía  a velar por  la  salud auditiva  de  los  ocañeros.